Con los leones - 13.06.2012

Gobierno: puede ocurrir de todo

Hace ya semanas que entre los ministros se escuchan comentarios alarmistas sobre el futuro inmediato que le espera a España en caso de que los mercados sigan cerrados y las elecciones del domingo aboquen a Grecia a un abandono del euro para el que todavía, a estas alturas de la tragedia, no existe guión. Ayer escuché a un alto dirigente político decir en el Congreso que vivimos una situación límite en la que no puede descartarse absolutamente nada, ni siquiera una intervención del país para la que, según cálculos de Luis de Guindos, se necesitarían 500.000 millones de euros procedentes del socorro europeo. Al final, puede que el consejero de Estado José Luis Rodríguez Zapatero no anduviera tan descaminado cuando vaticinó que España tocaría la desgracia a mediados de junio.

Si realmente la situación es tan desesperada como pinta, el mutismo de Mariano Rajoy, más allá de los ejercicios epistolares, carecería de justificación alguna. Después de la sesión de control celebrada ayer en el Congreso, tendrá una nueva oportunidad de explayarse a comienzos de julio para explicar las conclusiones de la cumbre europea prevista los días 28 y 29. Para entonces, muy posiblemente las cartas estarán boca arriba y sabremos para qué tipo de padecimientos tenemos que prepararnos.

Salvo que haya existido un alto grado de improvisación producto de una urgencia desesperada, nadie entiende que la inyección de 100.000 millones en nuestros bancos siga desprovista de condiciones públicas. La opacidad reinante incentiva las pesadillas, mientras es fácil imaginar algo que hace solo seis meses se antojaba impensable: que la Troika, aunque no venga vestida de negro, sea la que cocine el nuevo mapa bancario y la que endurezca el acceso a las pensiones y al seguro de desempleo, es decir la que enderece de una vez por todas el gasto estructural. Si estas reformas son ineludibles y el Gobierno lo sabe, serían mejor recibidas de una mayoría absoluta legitimada en las urnas que de un Monti a la española vestido de Cortefiel. Se nos agota el tiempo y para lo único que no hay espacio es para la parálisis y la resignación. 

Autor

Federico Castaño

Les ofrezco un menú humilde en el que voy a poner todo mi empeño en sortear la mercancía averiada y las interpretaciones erróneas de la actualidad política y económica que se cuece en el Parlamento y sus aledaños. Me avalan bastantes años de oficio periodístico y, sobre todo, la ilusión de honrar esta bonita profesión.

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