jueves 24 de abril de 2014

Desde la heterodoxia

Lo siento amigos: la solución no está en el BCE

Juan Laborda (16-06-2012)
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Escuchando las opiniones de distintos analistas económicos, y leyendo las editoriales recientes de alguno de nuestros periódicos insignia, controlados en última instancia por una banca insolvente, se confirma hasta que punto no han entendido nada sobre la actual crisis sistémica.

Diversas voces del establishment económico, político y mediático, reclaman que el BCE compre masivamente deuda pública y garantice liquidez perpetua a un sistema bancario zombi. En realidad es lo que ha estado haciendo el BCE desde agosto de 2011, cuando desembarcó Mario Draghi, y no ha valido para nada. Aunque pensándolo bien sí que ha tenido su utilidad. Se han mantenido los privilegios de una élite financiera quebrada, y protegido a unos acreedores que asumieron unos riesgos excesivos. Y todo a costa de los ciudadanos, que hemos sufrido sus “reformas estructurales”, es decir, ¡recortes salariales, aumentos impositivos, empeoramiento de nuestras condiciones de trabajo…! En definitiva, miseria.

La banca europea es un sumidero de dinero público. Entre garantías, ayudas, recapitalizaciones, y préstamos del BCE al 1%, ha succionado recursos que representan más de cuatro veces el PIB de nuestro país. Se trata de un dinero tirado a la basura.

La política monetaria ya ha fracasado, no vale para nada. La única solución para remontar el vuelo pasa, como condición necesaria aunque no suficiente, por una reestructuración coordinada de la deuda privada de occidente, que no se va a poder pagar.

Las propuestas de la ortodoxia ya han fracasado

En su momento avisamos que lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasaba por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario mundial, que además conllevara una disminución de la deuda privada existente, donde los acreedores sufrieran la correspondiente quita.

Sin embargo, y tristemente, aún no se ha hecho nada en este sentido. La misma “ortodoxia económica” dominante que fue incapaz de prever la actual crisis económica y financiera, básicamente porque invalidaría los principios esenciales bajo los cuales se educaron, forzó su receta para salir de la crisis. Para ello propuso una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (expansión cuantitativa de la FED y del BCE), y deflación de salarios. Y de nuevo se equivocaron.

Desde el lado de la política monetaria, la expansión cuantitativa generó un aumento de la propensión al riesgo, inflando los mercados financieros, sin que ello se tradujera en un aumento de la renta del país. En el actual contexto de sobreendeudamiento, la política monetaria es mucho menos eficaz a la hora de afectar a la actividad económica de lo que los inversores piensan. Así, por ejemplo, el principal efecto de un cambio en la base monetaria, como consecuencia de la expansión cuantitativa de la FED o el BCE, es cambiar la velocidad monetaria y los tipos de interés a corto plazo. Sin embargo, una vez que los tipos de interés a corto plazo caen a cero, las expansiones adicionales en la base monetaria simplemente inducen un colapso proporcional en la velocidad de circulación del dinero, y la economía entra en la trampa de la liquidez.

Si la riqueza vuelve a caer con fuerza, como está pasando, y estamos en la trampa de liquidez, la combinación de políticas de deflación de precios y salarios junto con políticas de restricción fiscal, acaban provocando una fuerte contracción económica global. Mi previsión es que en la segunda mitad de 2012 la economía global entrará de nuevo en recesión, lo que conllevará la desaparición de un porcentaje elevado de la banca occidental.

La política monetaria al servicio de la élite

Como consecuencia de las distintas expansiones cuantitativas, que tanto reclaman ahora nuestras élites financieras, económicas, y mediáticas, el balance de la Reserva Federal de los Estados Unidos se encuentra apalancado 52 a 1, con activos que tienen una duración media de más de 5 años, lo que sugiere que si éstos se ajustaran a precios de mercado, un aumento de los tipos de interés de menos de un 0,50%, acabaría con la base de capital de la Reserva Federal. Con un rendimiento o TIR del T-bond a 10 años del 1,7%, intereses sobre las reservas de un 0,25%, y una base monetaria ahora alrededor de 18 centavos por cada dólar del PIB nominal, más compras de valores a largo plazo del Tesoro por la Reserva Federal podrían producir pérdidas netas para el banco central en cualquier escenario donde los tipos de interés se elevaran más de un 0,20% al año. Ello equivaldría ya a una expansión fiscal y no monetaria. Además los beneficios y efectividad de las intervenciones de los bancos centrales se están volviendo cada vez más pequeños y de corta duración.

A pesar de ello, la FED y el BCE, alentados por Wall Street, la City, y la élite política y financiera, no dejan de embarcarse en nuevas intervenciones. Ello simplemente pone de manifiesto hasta qué punto la Fed o el BCE, absolutamente cegados, ya han entrado en un punto de no retorno.

Reestructuración de la deuda: Club de Pekín

Hoy más que nunca es necesario un “Club de Pekín”, similar al Club de Paris instaurado en 1956 para llegar a acuerdos de quita y demora en la deuda que los entonces países subdesarrollados tenían con los otrora desarrollados. El nombre de “Club de Pekín” se asocia al hecho de que China es el principal acreedor del mundo.

La enorme deuda privada, en gran medida del propio sistema financiero, en la mayor parte de los países desarrollados es lo que lastra su capacidad de recuperación económica, de generación de empleo y de garantía de su estado del bienestar.

Por eso la solución menos costosa en términos sociales para los países desarrollados altamente endeudados, y con el fin de evitar que el conflicto social dinamite sus perspectivas de recuperación futura, es la constitución de dicho “Club de Pekín”. Éste debería acordar una reducción global de la deuda, que es fundamentalmente privada, ya que es impagable a escala global, y consecuentemente una reducción del sector financiero privado mundial. Además, debería promover el desarrollo de eficaces instituciones financieras públicas y democráticas de ámbito global y una nueva política monetaria con una nueva moneda reserva diferente al dólar.

Sin embargo, la élite política y las instituciones económicas internacionales a lo suyo. Siguen proponiendo recetas que ya nos han llevado a la ruina. Sus verdades indiscutibles no dejan de ser un panfleto de la peor ideología: la miseria, la desigualdad, y el subsiguiente caos.

Autor

Juan Laborda

La actual crisis económica ausculta algo trascendental que no se debate en los medios. Se trata del vacío intelectual y del escaso soporte empírico de muchas teorías macro y micro que se imparten en las universidades y se engullen como dogmas de fe. Tras ser economista y estratega jefe de varias entidades financieras, alguien ha tenido la ocurrencia de ponerme un blog; con él aspiro a irrumpir en los cafés, las facultades y las porfías entre enemigos reconciliables para evidenciar las carencias de las teorías dominantes.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #2 algoritmo

    me aburres, laborda.

  • #1 DesDeBCN

    No se como se van a tomar lo chinos que la enorme bolsa de reserva de divisas...

  • #3 valentin

    Totalmente de acuerdo D. Juan Laborda, la única solución son quitas porque...