lunes 21 de abril de 2014

De cara

Del Bosque no necesita palmeros

José Miguélez (17-06-2012)
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A Del Bosque no le gusta que le digan que es buena persona. No porque reniegue de dicha condición, sino porque considera que en el elogio al ser humano se rebajan o desprecian las virtudes del entrenador. Posiblemente esa sensación la esté recuperando ahora, al comprobar, pese a su eficaz mano izquierda y su dominio de la situación, cómo para mucha gente (además la que presume de serle más afín) lo que su figura inspira principalmente es compasión.

Son esos que lejos de aplaudir o razonar las decisiones de Del Bosque se tiran al cuello de quienes (a veces con la ventaja de hablar a posteriori) las discuten. Unos cuantos representantes de los medios de comunicación, incluso pesos pesados, también algunos de sus jugadores (“el linchamiento a Del Bosque es excesivo”, llegó a decir Negredo), han establecido que criticar al seleccionador campeón del mundo, discrepar de sus elecciones o planteamientos, es una abuso hacia quien consideran débil. Como empujar a un señor mayor al subir a un autobús. Así lo ven ellos. Concluyen que meterse con lo que hace Del Bosque, más que una osadía, es un delito.

Lo paradójico del caso es que es el propio Del Bosque el que demuestra con su personalidad y talante, con su seguridad en el oficio que desempeña desde hace años, que las críticas no le hacen rasguños. Van en el cargo. Incluso las escucha o lee y a veces hasta las atiende. Sabe y airea que cuestionar su trabajo no es faltarle al respeto ni robar a una vieja. Del Bosque no necesita ayuda. Unta de normalidad y tolerancia los debates y, como le corresponde decidir, actúa luego como cree más conveniente. No necesariamente al gusto de todos.

Pero sin que lo haya solicitado, posiblemente por esa bonanza propia que tanto le incomoda le recuerden, hay un sector numeroso del fútbol que salta a la mínima que alguien lo tose. Está prohibido criticar a Del Bosque, es la consigna innegociable. Ni sus listas, ni sus alineaciones, ni sus planteamientos. Obligatoriamente le tiene que gustar a todos. Es así. Un estatus del que no gozó ninguno de sus antecesores, ni Luis, ni Sáez, ni Camacho ni por supuesto Clemente. Pero a Del Bosque, con lo buena persona que es, cómo alguien va a decirle nada. Es el entrenador español mejor visto y tratado de la historia. Y aún así, ese ejército de aduladores que le ha salido, le considera todavía una víctima. El pobre Del Bosque.

Pero el seleccionador campeón del mundo no sólo no necesita a sus palmeros (porque además sabe defenderse solo y encajar con naturalidad otros puntos de vista) sino que le sobran. Del Bosque se merece la crítica y el análisis (en contra o a favor) no la compasión. Lo primero recuerda que es un entrenador, de éxito además. Lo segundo apela exclusivamente a su condición de buena persona. El piropo que le tiene hasta al gorro.        

Autor

José Miguélez

Voy en dirección contraria por el periodismo deportivo desde finales de los ochenta. O antes, porque ya en el colegio miraba, sentía, preguntaba, discutía, provocaba y sospechaba. Y así seguí allá donde estuve: EFE, Ya, Onda Madrid, El País, Cope, Marca, Público, ABC Punto Radio, Sportyou… Huyo a la carrera de las posiciones de conveniencia y soy muy dado a pensar mal. Analizo comportamientos no la bandera de quien los tiene. Me quejo mucho y desconfío, sí, pero siempre (o eso intento) con honestidad, coherencia y de cara. Tengo un gusto concreto y mi propia subjetividad.

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