martes 2 de septiembre de 2014

Punto de equilibrio

Merkel merece aquel apodo de Fidel Castro

Manuel L. Torrents (22-06-2012)
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Hace tiempo que escucho a algunos decir que la actual crisis es la Tercera Guerra Mundial pero como en los años recientes se supone que algo hemos avanzado, en lugar de tanques, Alemania usa la prima de riesgo para someter naciones. También EE UU y Reino Unido emplean sus resortes económicos con el claro objetivo de mantener al Euro en una especie de agonía asistida. A las tres naciones les conviene esta situación, por diferentes motivos. En la Segunda Guerra Mundial hubo campos de batallas y millones de muertos. Ahora, millones de parados.

Recuerdo que en 2003, Fidel Castro llamó a Aznar ‘el führercito’, en un alarde de mala milk que ni su hermano Raúl, tan viperino como divertido, ha superado en sus contadas apariciones públicas. Aquello se dijo no porque el ex presidente español tuviera afanes invasores ni mucho menos genocidas; por Dios, sino por su talante seco, autoritario, cada vez más aislado de la realidad e implacable. Y porque la UE, muy liderada por una España parapetada en su amistad con el inefable Bush, estableció sanciones para Cuba. Ahora, en la Eurozona, sufrimos a ‘la führercita’. (Ojo, führer significa líder).

Esta mujer nos está asfixiando y no cede lo más mínimo. Se merece ese apodo, por su insensibilidad y su incapacidad para haber puesto freno al actual desastre. Al contrario. Todo lo relacionado con ella hunde los mercados en nuestra contra. Con Angela Merkel, uno no sabe si suponer que es un caos de estadista o si su modo de actuar está calculado al milímetro. Esta semana, que en teoría iba a ser de vino y rosas gracias a las elecciones griegas, hemos sufrido de lo lindo.

Todo lo que procede de Merkel es gasolina al fuego que nos abrasa. Mientras, Alemania continúa financiándose gratis en los mercados. Lo siguiente a descontar sobre España será la intervención total. Inevitable. 

La lideresa ha obligado a España a presentar por escrito la petición de rescate antes de que se conozcan las condiciones. Primero a firmar, luego ya se negociará. Un cheque en blanco de antemano, para apretar lo que haga falta a estos países del sur de los que hay que desconfiar siempre. A veces, uno cae en la tentación de pensar que ciertos  alemanes no van a superar jamás el Tratado de Versalles. No quiero ni imaginar los sapos que se habrá tenido que tragar Luis de Guindos y en menor medida Mariano Rajoy. Cada vez que hablan, quedan peor. Cada vuelta de tuerca desde Berlín les hace parecer aun más torpes. 

Y, de verdad, tan tontos no son, que Rajoy fue número uno de su promoción y Guindos es un brillante técnico comercial y si de algo sabe es de mercados. Pero cada paso adelante pactado con las altas instituciones internacionales enfurece a doña Angela, que hace retroceder tres de golpe. 

Más allá de las amenazas, lo malo es que con sus intervenciones, Merkel ha conseguido colocarnos la deuda al 7,15% temporalmente. Cada vez que ha desmentido la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) pudiera echar una mano en el secundario para relajar un poco el diferencial, o que el rescate fuera a venir de tal o cual mecanismo, ha echado leña a la caldera. Todo lo que procede de Merkel es gasolina al fuego que nos abrasa. Mientras, Alemania continúa financiándose gratis en los mercados. No es algo muy solidario, ¿no? ¿Le conviene a la principal economía de la moneda única mantener esta situación de continua tensión y poderío supremo? ¿Quién le va a comprar los BMW en el futuro?

Pues resulta que al anunciar EE UU su 'operación twist', España logró cierto respiro. Un simple anuncio de política monetaria al otro lado del Atlántico facilitó el oxígeno que sistemáticamente nos niega la germana. Las noticias de sesgo anti-Merkel tienen un efecto positivo. Seguramente no otorgan soluciones de fondo, pero sí el alivio para que el Gobierno pueda trabajar sin la guadaña de la intervención total, que parece que es el siguiente capítulo que van a comenzar a introducir en breve en los mercados. Gracias a eso, y a la posibilidad de que el Eurogrupo facilite un poco más las cosas, acabamos la semana en el 6,38%. Veremos cuánto tarda en darnos otro varapalo. 

No estamos pidiendo que el BCE se líe la manta a la cabeza y compre todo lo que le echen, pero tiene mil herramientas para contener un poco los ataques soberanos a la deuda. El mercado está seco y lo están moviendo unos cuantos especuladores a los que tampoco sería tan complicado controlar.

Porque lo malo de la presión política que se ejerce con la prima de riesgo es que tiene un efecto colateral devastador con la ciudadanía. Sólo con los 50 puntos básicos corregidos el jueves, el Tesoro puede ahorrarse miles de millones de euros en pago de intereses. Ayer mismo, este diario publicaba que Interior se ha visto forzada a rebajar la velocidad máximas en carreteras secundarias por no poder hacer frente al mantenimiento adecuado de las vías. Podemos seguir con las pensiones, la sanidad, los funcionarios…

La prima de riesgo ha sido siempre una cosa de entendidos que sólo afectaba a los inversores millonarios, pero recientemente se ha podido comprobar con mucha crudeza la implicación que tiene en la vida real.

Cierto: España es un desastre

Por supuesto, no hay que culpar a Merkel de todos los males de España. Muchos son ganados a pulso. Las instituciones están destrozadas (esta semana ha dimitido Dívar, hace poco más hubo que echar a escobazos a MAFO del Banco de España; por no hablar de la Casa Real, de la corrupción capilarizada en las autonomías, en los partidos políticos…), lo de la banca ha sido un expolio...

Y la ciudadanía tampoco se puede ir de rositas. La sociedad ha calibrado fatal sus riesgos. Ha asumido los créditos que no debía, ha consumido lo que no podía y mantiene aun la idea de que lo público se lo tiene que dar todo. El dinero público no es de nadie. Se gasta y se pide más cuando se acaba. ¿Cuánta gente conocemos en nuestro entorno que está en el paro, cobrando el subsidio y haciendo otras cosas por las que también cobra, porque quiere agotar totalmente la prestación? Es sólo un ejemplo.

No hay que ser benévolo con España y hace falta una catarsis, sin duda. Pero Alemania también debe aclararse. No vale con mantener en el filo de la navaja una Eurozona que sigue siendo el principal mercado para el segundo país más exportador del mundo. A los germanos les interesa la moneda única, pero la dura presión que aplica a los demás países miembros no es buena para ellos.

Parece como si Merkel disfrutara llevando hasta la agonía a unas naciones que, pese a sus exigencias, no han levantado cabeza. Lo de Grecia es una espiral sin salida; Portugal tiene la deuda al 10%, Irlanda al 8%, mientras España e Italia son los siguientes en la lista de candidatos a caer. Merkel nos quiere hacer pasar por el aro por el que pasaron los otros países. Todo esto, después de casi 5 años de crisis global. ¿No tocaría otra receta? ¿Tanto cuesta exigir reformas con todo el rigor del mundo pero a su vez permitir que el BCE insufle algo de oxígeno? Sólo con que los mercados sintieran el ojo vigilante de Draghi, habría 150 puntos básicos menos de deuda y eso es sangre en vena para un país.

Esta semana, medio en broma, John Mauldin decía en su newsletter que a ver si la solución para la Eurozona va a ser el default de Grecia, Irlanda, España… Italia y Francia, dejando sola a Alemania en su euro. Los demás, a devaluar, a poner en orden sus economías y, quizá, a solicitar el reingreso a medio plazo, pero libres de las ataduras de los alemanes que, como nos contaba un miembro del Gobierno a Vozpópuli recientemente, “son los mejores, pero cada equis años les da el venazo y les da por arrasar Europa”. 

Autor

Manuel L. Torrents

Periodista especializado en mercados y economía, algo que me parecía impensable en la Universidad. He trabajado en El Economista, FondosWeb, Mi Cartera, El Confidencial; he sido fundador y acabé dirigiendo Negocio & Estilo de Vida, y colaboré en distintos medios durante mi vida profesional. Estoy desde la gestación de Vozpópuli, donde desarrollo funciones de subdirector. Creo que la prensa es un supervisor democrático insustituible, por lo que me gustaría ver editores limpios, que se preocupen por la profesión y la defiendan.

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  • #6 dedalo

    a la señora merkel en vez de criticarla,habria que aplaudirla ,por cierto esta...

  • #5 Menmo

    Esto es una guerra, pero de gran calado, más de lo que muchos piensan. Los...

  • #14

    Sr. Torrents. Su artículo ni es objetivo, ni parece conocer como funcionan las...