jueves 21 de agosto de 2014

Res Pública

Somos mayoría y Reconversión: Corrientes profundas

Manuel Muela (02-07-2012)
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En el páramo de la política española, huera e indolente, empiezan a surgir voces de grupos y personas que expresan, cada uno a su manera, la insatisfacción y el hartazgo, también el temor, con la situación de España. Probablemente, a medida que aumente la degradación, que lo hace de forma exponencial, surgirán más voces e iniciativas, pero hoy me refiero a dos, que dan título al comentario, surgidas en la izquierda y en la derecha y cuyos adalides son personas que han tenido o tienen importantes compromisos con el régimen de la Transición, el señor Anguita y el señor Vidal Cuadras. Sin renegar todavía abiertamente del mismo, expresan la necesidad de cambios políticos profundos ausentes del guión de la política oficial. Desde mi punto de vista, son unos primeros pasos, que requerirán atención, ya que por la propia naturaleza de las cosas deberían desembocar en el apoyo a un proceso constituyente que devuelva a nuestro país dos cosas perdidas por el sumidero de la impostura: el Estado y la democracia que, para algunos o para muchos, sería la República.

Los manifiestos

No trato en éste comentario de entrar en el detalle de ambos manifiestos o proclamas, el lector interesado podrá acceder a ellos en la red, pero sí me interesa subrayar que la primera, Somos Mayoría de Anguita, muy extensa y con pretensiones pedagógicas, hace un retrato de nuestra postración como país y del desamparo de amplias capas sociales, incluidas las clases medias, al que poco se puede objetar. Es un buen punto de partida para elaborar propuestas, las del propio documento u otras, con el fin de encarar los problemas de manera objetiva y, con frialdad académica y pasión política, proponer las vías para su solución. Éstas, en mi opinión, pasan por el cambio del sistema político español al que me refería en anterior comentario como el cadáver que llevamos a nuestras espaldas. Por eso, se echa en falta en el documento una apelación expresa a la República que representa la imagen más clara y contundente del cambio. Puede que me equivoque, pero estoy firmemente convencido de que sin cambiar el régimen político no resolveremos los problemas económicos y sociales que nos aplastan.

La carta al jefe del gobierno, titulada Reconversión, cuyo primer firmante es el eurodiputado Vidal Cuadras es más breve e institucional, aunque solo sea por el destinatario al que se dirige. En ella se reconocen la crisis institucional y la debilidad del Estado, no hay alusiones a los problemas sociales y económicos, lo que no significa que no estén en la conciencia de los firmantes; es posiblemente una omisión en aras de la brevedad y de poner el foco en el motivo principal del manifiesto, que es la reconversión del Estado. Pienso, y así lo he expresado en repetidas ocasiones, que España, aquejada de graves déficits educativos y sociales además de económico-financieros, necesita más que otros países un Estado sólido, no el remedo que padecemos ahora, que cumpla sus funciones y que sea instrumento para garantizar los equilibrios sociales y la libertad. No lo dicen en su carta, pero, a mi juicio, tal reconversión no lo será, sin recuperar la dignidad de la primera magistratura de la nación con un jefe del Estado elegido por los españoles para ejercer sus funciones con autoridad. En éste sentido, la derecha democrática, también la izquierda, no deberían seguir  presas de los viejos estereotipos históricos que a pocos importan en la segunda década del siglo XXI.

Lo políticamente correcto

La magnitud de los problemas nacionales y la percepción de que los gobernantes parecen incapaces de ordenar la resolución de los mismos, ha extendido un sentimiento de desánimo y de fatalismo en la sociedad española, alentado también por muchos medios de opinión, que se ha ahondado al comprobar el desconcierto y la imprevisión del gobierno en el que una mayoría de españoles había puesto su confianza. El compromiso del gobierno con el sistema político, cuya reforma niega, y la sumisión ostentosa, con tintes humillantes, a las políticas procedentes de la Unión Monetaria, han devenido en un corsé que le impide proponer los cambios que España necesita para empezar siquiera a respirar. Se dirá que los corsés se rompen, pero no parece que el gobierno y la mayoría de los partidos y medios de comunicación estén por la labor. Los grandes partidos del régimen acaban de repartirse las canonjías de las llamadas instituciones constitucionales, hundidas en el descrédito, haciendo honor a la vieja expresión de vengan días y caigan ollas. En paralelo, el discurso de los cambios políticos imposibles y los recortes sociales inevitables se sigue proclamando a los cuatro vientos. Aquellos que no lo comparten son despachados con las etiquetas de antisistema o de poco versados en las técnicas del capitalismo financiero. Cosas de la dictadura de lo correcto, puro franquismo actualizado.

La ruptura del muro  

Por eso, me parecen dignos de reconocimiento y estudio los dos manifiestos, suscritos por personas relevantes del sistema a los que falta cruzar el Rubicón para proponer una democracia republicana en la mejor y más ilustre de sus acepciones. No creo que tarden sus propuestas para acortar la agonía de la monarquía parlamentaria. Tampoco creo que pretendan emular al Príncipe de Salina, que todo cambie para que todo siga igual. Al fin y al cabo, nunca se ha producido en España el cambio de un régimen político sin la ayuda y la cooperación de organizaciones y personas del sistema que hay que abrogar. La convergencia de la derecha y la izquierda democráticas puede hacerlo posible. Y mejor que sea así, con visión integradora y nacional, por el interés de todos.

 

MANUEL MUELA

Autor

Manuel Muela

Desde mis primeras colaboraciones periodísticas en El Correo de Andalucía de Sevilla, allá por 1970, escribir siempre ha sido el acompañamiento necesario a mis actividades profesionales, ya financieras ya docentes. Y escribir donde he podido sobre todo aquello, economía, política o sociedad, que nos preocupa a quienes pensamos que España merece todas las aportaciones y esfuerzos para conseguir ser un ejemplo de civilidad y de buen gobierno.

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