miércoles 23 de julio de 2014

Res Pública

Los españoles en la arena del coliseo

Manuel Muela (08-07-2012)
  • aumentar tamaño del texto
  • reducir tamaño del texto

Excepto las minorías pudientes, los españoles nos encontramos como el gladiador vencido en el Coliseo de Roma que espera la decisión del emperador: una jauría variopinta, compuesta por acreedores, inversores, medios de comunicación, agencias de calificación y “socios” europeos, exige a nuestro jefe de gobierno que incline el pulgar y nos condene a mayor empobrecimiento. Porque no otra cosa hay detrás de las políticas impuestas para superar la crisis financiera, mejor dicho, para seguir pagando puntualmente las deudas acumuladas sin importar a qué precio. Ante eso, el jefe del gobierno, que ahora no contempla otros caminos, se resiste porque no ignora adonde conduce esa locura y pide de nuevo a sus socios, que son todo menos eso, un poco de templanza y de solidaridad. Me temo que no obtendrá respuesta, teniendo en cuenta que se ha entregado con armas y bagajes a sus designios. Los que mandan en la UE ya asumen que cobrarán lo que puedan y que no les interesan esfuerzos adicionales para rehabilitar la Península Ibérica.  Quizá el desengaño, cuando compruebe que le han vendido la burra enferma, obligue al jefe del gobierno a explorar otros caminos en los que, además de los cambios políticos y económicos interiores, haya que poner sobre la mesa la renegociación de la deuda contraída tanto pública como privada.

Renegociar la deuda

Es un hecho reconocido que la deuda total de nuestro país, acumulada de forma irresponsable durante los años del euro, no se puede pagar en tiempo y forma, aquejados como estamos de una grave depresión económica y ayunos de un tejido productivo consistente, porque  uno de sus pilares fundamentales, la construcción, ha desaparecido. La economía española no genera ingresos fiscales ni no fiscales suficientes para pagar deudas, aun llegando al sacrificio extremo de la población. Esa es, de forma sucinta, la realidad del Estado y del sistema financiero español, los dos grandes deudores con el exterior. Si no se parte de un diagnóstico como el expresado, ¡ya me gustaría que pudiera ser rebatido!, resulta muy complicado ordenar las cosas y poner en pie un proyecto de restauración política y económica, que nos permita obtener la comprensión y la acogida que se nos niega. No podemos, es decir no debemos, seguir apareciendo como un país con una estructura constitucional que lo hace ingobernable, con un gobierno atenazado por sus compromisos con instituciones caducas que, encima, le restan capacidad para ejecutar las políticas de interés general.

Cuando una empresa tiene problemas, lo primero que corresponde es determinar cuáles son y a continuación otorgar a sus administradores el poder suficiente para resolverlos. Más o menos, es lo que hicieron los españoles hace unos meses cuando se les preguntó, porque pensaban que quienes preguntaban y solicitaban su confianza cambiarían las cosas. De momento, no lo parece: se sigue gobernando por decreto-ley, un poco a salto de mata, y nadie sabe hacia dónde nos dirigimos. Que hay que disminuir el déficit nadie lo duda, lo que sí es dudoso e inquietante es que eso se pretenda hacer únicamente sobre las costillas de los españoles indefensos y pronto esquilmados en la arena de éste nuevo coliseo, sin que los que están en las gradas pongan algo de su parte. Ese es el camino a la perdición y creo que el jefe del gobierno, que no es ningún tecnócrata iluminado, lo sabe, o al menos lo intuye, y se resiste; pero, a mi juicio, debe hacer algo más que resistir, debería ordenar el cambio de rumbo para salir del atolladero en que se encuentra él y todos nosotros detrás.

Las sucesivas cumbres europeas, la experiencia de lo sucedido con otros países dañados por la crisis, los rescatados Grecia y Portugal, y las dificultades de todo orden para actuar con presteza en el ámbito de los mercados financieros, son elementos sobrados para pensar que no estamos en buenos pasos. En mi opinión, carece de sentido seguir confiando en terceros que nos desdeñan y nos sitúan en el foco de los problemas que afectan a toda la Unión Monetaria. Por desgracia,  España se ha convertido en una pieza de caza mayor en la gran cacería del euro y está pagando culpas propias, que son muchas, y ajenas, las de un proyecto monetario en el corredor de la muerte, recibiendo a cambio solo algunas palmadas afectuosas o promesas sin concretar a las que se superponen exigencias imposibles. En suma, el mismo vademécum aplicado a otros con las consecuencias que ya conocemos. Nos están toreando.

Sobresalto en la crisis bancaria

Por eso, la situación que vivimos provoca que, cualquier acontecimiento, aumente la incertidumbre y la inseguridad. Sin ir más lejos, ésta última semana, la crisis bancaria española ha provocado otro sobresalto y ha enfervorizado a los temidos mercados: un pequeño partido político, UPyD, considerado poco menos que un parvenu por todo el sistema, ha visto aceptada la querella que presentó en la Audiencia Nacional sobre el caso Bankia, el banco del régimen, al que se ha referido ampliamente Jesús Cacho. Rasgado de vestiduras y descarrilamiento del guión, si es que existe alguno, con acusaciones de imprudencia al querellante que, por cierto, advirtió de su acción en el Congreso de los Diputados cuando se negó la investigación sobre el asunto. Ese partido fue ninguneado y nadie hizo caso de su advertencia. Gracias a la valentía de UPyD, tenemos la crisis bancaria adentrándose en los mares procelosos de la justicia como, en su día, lo hizo la Tangentópolis en Italia.  Ahora llegan los lamentos y aumentan el descrédito y la incertidumbre. ¿Hasta cuándo se pretende seguir en éste plan?

Cuando esto se escribe, se anuncian grandes recortes en la línea de siempre y no aparece nada relacionado con la revisión de las políticas de deuda y su discusión en el seno de la UE. Tampoco se dice nada sobre cambios constitucionales interiores para corregir el desbarajuste de las administraciones públicas españolas. Todo es hablar por no callar para seguir atemorizando a la población. Ojalá el jefe del gobierno suelte los lastres que le abducen e intente recuperar la autonomía política y monetaria de la nación. Porque si desde mayo de 2010, en que empezó el estado de excepción, no hemos extraído ninguna lección y se continúan aumentando las atmosferas de la caldera social, que Dios nos pille confesados.

Autor

Manuel Muela

Desde mis primeras colaboraciones periodísticas en El Correo de Andalucía de Sevilla, allá por 1970, escribir siempre ha sido el acompañamiento necesario a mis actividades profesionales, ya financieras ya docentes. Y escribir donde he podido sobre todo aquello, economía, política o sociedad, que nos preocupa a quienes pensamos que España merece todas las aportaciones y esfuerzos para conseguir ser un ejemplo de civilidad y de buen gobierno.

Suscripción RSS

Top 3 Comentarios más votados

  • #1 CardCisneros

    Pues hay peligro de que no se hayan extraido las lecciones por miedo. Ese miedo...