jueves 17 de abril de 2014

El Blog de J. de Mendizábal

Un minuto de silencio

J. de Mendizábal (10-07-2012)
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1. The Westbury Hotel. Londres.

No puedo olvidar la habitación en la que estaba al oír la noticia en la BBC: han asesinado a Miguel Angel Blanco en algún lugar cercano a San Sebastián. Se me saltaron las lágrimas. Supongo que cuando estás fuera de España todo lo que concierne a tu patria te afecta más pero, esta vez, sin duda, era diferente. Aquello fue diferente. El máximo grado de crueldad al que puede llegar el ser humano. La muerte con cuenta atrás. Tic, tac, tic, tac. Todo un país pendiente de los asesinos. Imaginemos esas horas últimas de Miguel Angel... Mi mujer se emociona. Silencio. No podemos decir una palabra haciendo las maletas.

2. Forres Sandle Manor.
Un colegio cercano a Bournemouth. El día anterior al asesinato de Miguel Angel, dejamos a nuestro hijo en el colegio. 13 años. Hincha del Athletic, como yo, como su abuelo, como su bisabuelo, presidente que fue del Athletic Club, Manuel Castellanos. Recuerdo su última pregunta: ¿no lo matarán, no? No creo, hijo, es demasiado salvaje, sería su final, nadie podría ya justificar nada de nada en nombre de nada de nada. Nada puede justificar algo semejante. No te preocupes, hijo, no lo harán. No me lo creía ni yo, pero...

3. The Westbury.
Dioooooos, hijos de puta, lo han hecho. Mi mujer daba vueltas por la habitación. Hay que irse a Heathrow. Perdemos el vuelo. Qué horror. Qué sensación de vacío. Y encima estamos fuera. Haciendo el check - out nadie nos dijo una palabra, algo así como ¡qué horror!, ¡lo que están pasando ustedes!, ¡ánimo!... nada. Parecía que no se habían enterado de la tragedia. Pensando en la novia, los padres, la hermana, qué angustia, qué pena, qué tristeza tan terrible. ¿De verdad yo soy vasco, pertenezco a esa misma raza de salvajes capaces de hacer algo así?.

4. Heathrow.
Vuelo de Iberia. Silencio. Medio vuelo de españoles. Silencio. Algún comentario suelto. Alguna mueca de complicidad en la tristeza. Pero sobre todo, silencio en la sala de espera.

5. El vuelo.
Después de una hora de vuelo, creo que estamos pasando por el País Vasco, entrando en España. Le doy una nota a la azafata pidiendo que se la pase al comandante: "Señor: estamos entrando en España y, en mi opinión, España está de luto; supongo que las normas internacionales de aviación le impedirán pedir un minuto de silencio por Miguel Angel Blanco, asesinado vilmente hace unas horas; creo que es lo mínimo que podíamos hacer, pero...".
Sorpresa. A los 2 minutos, el comandante lo dice: may I have your attention, please. No son turbulencias. Pide un minuto de silencio por lo que acaba de ocurrir en España. El asesinato de un hombre inocente. Extraña sensación de haber conseguido algo, aunque sólo fuese que no era un vuelo normal, que nos estaban asesinando un poco a todos. No recuerdo el nombre del comandante, pero tiene mi gratitud y respeto.
Los ingleses de alrededor no entendían nada, pero siempre son respetuosos con la muerte. Ellos han sufrido también. Sonido sólo de los motores. A algunos españoles se les mueve una lágrima por los ojos.
 
6. Aterrizaje en Barajas.
Una azafata nos dice que si podemos esperar, que el comandante quiere saludarnos. Ok. Nos dice que, si hubiera sido por él, no hubiera volado en señal de protesta por el asesinato, que tenía que notarse que ya estaba bien. Un español de bien. Le agradecimos que hubiese hecho una cosa tan inusual. Nos dimos la mano y casi nos abrazamos. Supongo que eso se llama solidaridad ahora.

7. San Mamés.
Mi abuelo fue Presidente del Athletic. Partido del domingo siguiente al asesinato. Hay alguna tímida voz que dice que habría que guardar un minuto de silencio por "lo" de Miguel Angel Blanco. Hay que resaltar lo del "lo". Comunicado de la directiva de entonces: el Athletic no puede tomar partido, esto es un deporte, y no puede pedir un minuto de silencio porque sería mezclarse en un tema ¡político! No hay otra palabra: asco. No pude, no fui capaz de explicárselo a mi hijo que seguía en Bournemouth. Imposible. Y hasta hoy. ¿Quién podría explicar semejante actitud?

8. Cese definitivo de la violencia.
Mi hijo, tantos años después, me pregunta si me creo esto del cese. Le contesto que sí. Pero que no sé el coste. En acercamientos, amnistías encubiertas, relajación de penas, etc, etc. Y que no comprendo cómo los socialistas vascos, con tantas víctimas en su lado, pueden siquiera mirarle a la cara a Eguiguren. Y que me acuerdo de las víctimas y que me es imposible pensar que puedan tener algún tipo de compensación unos monstruos como los que asesinaron a Blanco o a un matrimonio de sevillanos o a cientos de guardias civiles y policías, militares, políticos socialistas y populares....no me lo puedo creer. No me lo quiero creer. Sería tan incomprensible como cuando mataron a un empresario nacionalista y llegó el diputado general, PNV claro, y dijo aquélla frase inolvidable: "imposible, ¡si era uno de los nuestros!" 
Pues bien, al menos, no olvidemos a los nuestros. Un minuto más de silencio por nuestros caídos. Y otro y otro. No olvidemos nunca.
Y que ganen las elecciones, que Guipúzcoa pida la independencia, lo que sea, será, pero que los asesinos paguen su culpa en las cárceles. Sin perdón.

Sígame en Twitter @MendiMendi1

Autor

J. de Mendizábal

Me eduqué con los Jesuitas de Madrid, de quienes guardo buen recuerdo, y me licencié en Derecho en el CEU, con profesores como Iglesias, Cavero, Sagardoy, Suárez, Gil-Robles y por ahí. Viví la transición en la universidad. Consecuencia de tal preocupación por el Derecho y la política... ¡hice el MBA del Instituto de Empresa! Fruto de esa coherencia entré en TAPSA, agencia de publicidad de gran éxito en los ochenta y los noventa. Me sorprendía que el 70% de mis colegas fuesen socialistas, teniendo en cuenta que nos dedicábamos a vender de todo, desde Gior a Seats, desde seguros a alcohol… Debía vender tan bien que me nombraron CEO de Equipo Tres, agencia filial de Tapsa. En unos años hice un management buy out, es decir, compré la empresa y 7 años después la vendí a una multinacional americana. Buen negocio. Al frente de mi propia consultora estratégica, en mi camino se cruzó Acciona (2004), cuyo presidente me nombró director general Corporativo. Mediante la que quizá sea la mejor campaña de comunicación que he hecho nunca, logramos un cambio radical de la imagen del grupo. Tras culminar la OPA de Endesa con éxito (2007), volví a mi consultora... Y a los medios.

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