jueves 18 de septiembre de 2014

Res Pública

Algunas luces en el Banco de España

Manuel Muela (22-07-2012)
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Después de la lapidación y el descrédito a que ha sido sometido como referí en otro comentario- La lapidación del Banco de España- , creo que hay motivos para pensar que el Banco de España puede ser una de las instituciones que recupere cierto pulso y salga del marasmo institucional que aqueja a España. Y ello será así porque su estructura profesional, de gran calidad, permanece intacta. Sólo necesita el impulso del buen gobierno que parece deducirse de la exposición de su nuevo gobernador en el Congreso de los Diputados. A mi juicio, lo más destacable de su discurso no es la crítica templada a las decisiones de su antecesor, sino la visión sosegada y prudente de los problemas a que se enfrenta el sistema financiero que no son muy distintos a los del resto del país: el gobernador pone su mirada en los asuntos que le conciernen, ¡bastante tiene con ellos!, con la esperanza de hacer un uso positivo del rescate, sin extenderse demasiado en los lamentos sobre cómo se ha llegado hasta aquí. Es deseable que cuente para ello con la autonomía que tiene atribuida formalmente y que los términos conocidos del rescate refuerzan, aunque la hacen compartir con el Banco Central Europeo. Nadie mejor que el Banco de España, una institución española, para hacer saber a los eurócratas dónde estamos y qué es posible hacer sin crear males mayores, como ha sucedido en otros casos recientes de rescates.

 

Restaurar el sistema crediticio

 

Es sabido que el Banco de España es una pieza capital del motor de las finanzas del país, pero por sí solo no ha podido sustraerse al ambiente de exhuberancia incontrolada de dos décadas para olvidar. Ninguno de sus gobernadores salió al paso de ello para tratar de evitar un desastre que, conviene recordar, casi nadie anunciaba. En esto, se comportaron como el resto de los gobernantes, encantados con una riqueza prestada que les servía para flotar en la ola de complacencia que llegó hasta el tuétano de una sociedad bastante influenciada por los mensajes sucesivos que le llegaban desde lo más alto. No era fácil resistirse, grandes gobernadores como Mariano Rubio, que pilotó la crisis bancaria de los 80 y modernizó el sistema, no abundan. La locomotora española, con carbón prestado, alcanzó unas velocidades inimaginables e injustificadas, que nadie quiso frenar; lo más que se hizo, cuando se desencadenó el diluvio, fue templar gaitas y hablar de todo, menos de lo que correspondía.

 

He venido sosteniendo que España tiene entre sus tareas ineludibles la de restaurar el Estado; en éstos días aciagos de julio comprobamos su grado de decrepitud y de indefensión. Dentro de ese Estado está el sistema crediticio, profundamente desvertebrado, cuya mitad o más se ha quedado sin los valores que lo sostenían, me refiero a las cajas de ahorros, a cambio de sucedáneos sin sentido. Esa sí ha sido una responsabilidad concreta de dirigentes anteriores, pero compartida por mucha más gente que se pirraba por las políticas de relumbrón, concentraciones frías o calientes, sin atacar el núcleo de los problemas y sin estudiar los modelos de negocio que valía la pena preservar con otras pautas, la narrow banking, y otro sistema de gobierno corporativo. Las instituciones de ahorro popular han sido deglutidas en aras de una falsa modernización. Puede que el Estado, que va a ser dueño de la mayoría de ellas, tenga que reflexionar y, aparte de gestionarlas para servir a España, plantearse los términos de su continuidad al servicio de las familias y pequeñas empresas del país, evitando los males ciertos de la exclusión financiera.

 

El nuevo gobernador, ajeno a las políticas erráticas, podrá ayudar al Gobierno en esa tarea de restauración, huyendo de las voces, a mi juicio, insensatas y procedentes de los mismos que aplaudieron los proyectos fallidos, que pretenden convertir el rescate de la banca española en un gran procedimiento concursal. Sería un coste inasumible y la guinda lastimosa y fácil para coronar nuestras desgracias. Frente a eso, hay que extraer lo mejor de un sector capital, el del ahorro, para encauzarlo por la senda que no debió abandonar en la que tantos servicios prestó al país. Por lo menos en esto aprendamos de Alemania, que cuida y mantiene a sus pequeñas instituciones de ahorro, más de 400.

 

La responsabilidad de la nacionalización

 

La nacionalización es una ocasión de oro para engendrar un proyecto que se acomode a una economía, la española, vacunada, así lo espero, contra la enfermedad de la especulación financiera. Nuestro sistema crediticio minorista es el activo más importante con el que contamos para protegernos de los buitres que aletean en lo que suponen despojos irreversibles de entidades sin dueño.  Ahora si lo hay, el Estado, que no debe hacer un uso vergonzante de su propiedad y que tiene la obligación de recuperar para todos los recursos invertidos, lo que solo se conseguirá con gestión y con tiempo, al menos una década.

 

Si la crisis española y la de la eurozona no lo impiden, que puede ocurrir tal como están las cosas cuando escribo, el período veraniego, propicio para el análisis y la reflexión, puede permitir a los nuevos responsables del Banco de España diagnosticar, con mayor certeza, los problemas para, en concurso con sus colegas del BCE, establecer las bases de actuación de un sistema financiero prudente y modesto, cuyo dueño principal va ser el Estado español, al menos durante los largos años de travesía del desierto de la postración española. Como decía el Gobernador, recordando a Josep Pla, el Banco de España no puede fallar. Es lo que deseamos para no llegar al apaga y vámonos.

Autor

Manuel Muela

Desde mis primeras colaboraciones periodísticas en El Correo de Andalucía de Sevilla, allá por 1970, escribir siempre ha sido el acompañamiento necesario a mis actividades profesionales, ya financieras ya docentes. Y escribir donde he podido sobre todo aquello, economía, política o sociedad, que nos preocupa a quienes pensamos que España merece todas las aportaciones y esfuerzos para conseguir ser un ejemplo de civilidad y de buen gobierno.

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  • #1 cuader

    Es necesario distinguir de una vez las instituciones de las personas que, en...

  • #4 CAFE

    El banco de España ya tiene menos oro que una joyeria en las barranquillas.

  • #5 PEPA

    El Banco de España tiene que ponerse ya a darle a la maquinita de hacer dinero...