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De cara - 23.07.2012

Modric, otro que no es de fiar

Modric es el siguiente desesperado. No sólo quiere marcharse del Tottenham, quiere que además le odien. Ya no cuentan las libras que pasaron de las arcas del club londinense a su propia cuenta corriente, las escenas de compañerismo, el aliento del público, las camisetas que visten (vistieron) con su nombre a la espalda unos cuantos niños. Qué más da que a partir de ahora lloren o le detesten. No le importan ya los alrededores ni su propia reputación, sólo el destino prometido, el siempre cegador Real Madrid. Y por eso se niega a jugar y hasta a entrenar, se declara en rebeldía, cualquier cosa con tal de que le dejen irse.

La película no es nueva. Todo lo contrario, es la canción de todos los veranos que ha pasado Florentino Pérez en la presidencia del Real Madrid. No es un arrebato, es una política. Un comportamiento que el club blanco exige a todos los aspirantes a vestir su camiseta y que éstos, año a año, cumplen a rajatabla sacrificando su propia dignidad. Les da lo mismo arrastrarse y retratarse, quedar mal con quienes tanto le querían, traicionarlos, hasta desatender su compromiso y su profesionalidad, cargar con una millonaria multa.  Si el Madrid lo pide, adelante.

Ya lo hizo Beckham y también Cristiano. Ya lo hizo el Kun el curso pasado, pegándole un tiro a su palabra y al corazón de la hinchada que lo idolatraba, aunque gracias a Gil Marín (por una vez gestionando el Atlético a favor del escudo) le salió finalmente el tiro por la culata. El Madrid se cruza de brazos y silba. No quiere combates con los clubes, dice. Así que obliga al futbolista a hacer el trabajo sucio, a pelearse con sus jefes para facilitar su salida, para volverla irreversible. Y es entonces, cuando el conflicto es terminal, cuando el Madrid aparece en escena para aportar una solución. Para resolver un problema de cuyo origen se desmarca con un cinismo irritante.

El Madrid luego se sorprende por el desprecio que se gana a su alrededor, pero ya tiene un nuevo enemigo en la cartera. Pero seguramente también tendrá al último futbolista que le apetecía. Siempre los consigue (salvo a Agüero, la gran gesta de Gil Marín). Desde un punto de vista pragmático, sus jugadas, sucias o no, la mayoría de las veces le salen. Y por eso repite maniobra. Su tesorería además lo agradece. Y aunque es el que con más insistencia recurre a la sonrojante fórmula, tampoco es el único.

Menos comprensible resulta abrazarse a quien es capaz de someterse a su chantaje, de comportarse tan mal y tan deslealmente. Si Modric se lo hace al Tottenham es que también se lo puede hacer al Madrid, por muy intocable que se sienta (de hecho, ya le ha ocurrido en otros casos). Y si el croata no es la excepción sino la regla, si hoy se llama Modric lo que antes se llamó Cristiano, Beckham o Agüero, el que sale definitivamente malparado es el futbolista como tal. No, no es un gremio de fiar.  

Autor

José Miguélez

Voy en dirección contraria por el periodismo deportivo desde finales de los ochenta. O antes, porque ya en el colegio miraba, sentía, preguntaba, discutía, provocaba y sospechaba. Y así seguí allá donde estuve: EFE, Ya, Onda Madrid, El País, Cope, Marca, Público, ABC Punto Radio, Sportyou… Huyo a la carrera de las posiciones de conveniencia y soy muy dado a pensar mal. Analizo comportamientos no la bandera de quien los tiene. Me quejo mucho y desconfío, sí, pero siempre (o eso intento) con honestidad, coherencia y de cara. Tengo un gusto concreto y mi propia subjetividad.

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