miércoles 23 de julio de 2014

Desconfíen siempre del Gobierno

Nuestro mejor recorte

Rubén Manso (23-07-2012)
  • aumentar tamaño del texto
  • reducir tamaño del texto

Ahora que la deuda pública y sus intereses nos lo ponen todo tan cuesta arriba. Ahora que cada subasta de títulos públicos se ha convertido no sólo en noticia cuando se resuelve, sino en aviso en la agenda informativa al comienzo del día en que se va a producir, tal vez convendría reflexionar sobre la rebelión de algunos contra eso que se llaman los mercados. Estos rebeldes de los mercados, algunos de los cuales ocupan las más altas magistraturas de la nación, se quejan de que esto de que un Estado no pueda emitir toda la deuda que quiera no es razonable y que habrá que planteárselo, porque la política no puede estar sometida a la economía. Animan estos rebeldes de salón, sin saberlo, a los rebeldes de pancarta que comprenden aún menos y exigen, por ejemplo, que no se pague la deuda ni sus intereses como principio de solución a nuestros problemas y como modo de plantarle cara a eso que llaman mercados.

Tal vez convendría aclararles a los rebeldes de salón que la política no es más que una actividad, de las muchas que emprende el hombre y, como todas las actividades humanas, está sometida a la escasez. La política no está sometida a la economía como ellos, aún adolescentes a pesar de sus altas responsabilidades, lo enuncian, sino que todas las actividades del hombre están sometidas a los recursos que hay y los recursos hoy día son tan escasos, o nuestras necesidades tan elevadas, que es difícil que lleguen para todo lo que pretendemos, nos guste o no.

Levantémonos el yugo de los mercados (si podemos)

Levantarnos el yugo de los mercados no haciendo frente a los intereses de la deuda, por ejemplo, nos habría ahorrado hasta mayo de este año casi 12.000 millones de euros. Si de este modo hubiera el Estado cuadrado sus pagos, es decir: si no pagando los intereses por el endeudamiento recibido, se pudiera pagar todo lo demás, la solución no es mala. Eso sí, como ya nadie nos iba a volver a prestar un duro en la vida, deberíamos hacer el firme propósito de enmienda de no volver a incurrir en déficit o, lo que es lo mismo, de que nuestro Estado se asegurase que sus ingresos igualasen siempre a sus gastos. Pero resulta que esta opción de no pagar los intereses no va a ser la solución, porque, y seguimos con datos de la ejecución presupuestaria hasta mayo para la Administración Central, aún faltarían 8.ooo millones de euros. Dicho de otro modo y a lo grueso: a nuestra Administración Central le han faltado hasta mayo 4.000 millones de euros todos los meses para llegar, como dice la gente corriente, a fin de mes. De esos 4.000 millones, 2.400 millones son para intereses y 1.600 millones para atender el resto de sus obligaciones. Es decir, ni dejando de pagar los intereses llega la Administración Central, insisto, a fin de mes.

Llegados aquí, resulta que para poder hacer frente a sus obligaciones, la Administración Central no puede dejar de pagar los intereses de la deuda porque, entonces, nadie le va a prestar para que pague la parte del resto de sus gastos que no cubre con sus ingresos. Complicada situación y así de sencilla a la vez. Es la trampa del que se ha endeudado más allá de lo razonable. Pero volvamos a nuestra idea central: no podemos dejar de pagar los intereses, nuestro mejor recorte aparentemente, con el consiguiente ahorro que eso supone, porque ni así podemos satisfacer el resto de nuestras necesidades públicas, lo que nos pone precisamente a merced de nuestros acreedores a los que no podemos ofender no pagándoles los intereses. La pescadilla que se muerde la cola. La alternativa no es la suspensión de pagos frente a los acreedores de la deuda, simplemente porque no es suficiente, sino además frente a los proveedores de bienes y servicios al Estado, los empleados públicos y los beneficiarios de las ayudas, más o menos justificadas, públicas. Y eso creo que no lo queremos nadie. Las suspensiones de pagos no se sabe muy bien como empiezan, pero lo que seguro que no se sabe es cómo acaban.

@rubenmansolivar

Autor

Rubén Manso

Para la mayoría de los españoles mi itinerario profesional sólo demuestra que he perdido la cordura. Comencé mi actividad en la Administración  Pública (Banco de España), continué como empleado por cuenta ajena (dedicado a la banca y la gestión de activos) y he terminado dirigiendo mi propio despacho profesional (básicamente sobre regulación financiera) y siempre al fondo, como una dedicación menor en horas y mayor en pasión: la Universidad. No sé si es que no me gustan los jefes o es que creo que yo soy el mejor jefe del mundo. En cualquier caso, me he elegido para dirigir mi vida profesional mientras la otra la dirige mi mujer. Pero es que ella, sin lugar a dudas, es la mejor jefa del mundo.

Suscripción RSS

Top 3 Comentarios más votados

  • #1 Caspu

    "La política no es más que una actividad, sometida a la escasez"?? Discrepo...

  • #2 Tony

    La política en España es el arte de robar todo lo posible,que hay barra...