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A contratiempo - 27.07.2012

España, agostada: demasiado tarde para las lágrimas

Lo malo es que ya es tarde para casi todo, incluso para las lágrimas. Se acumulan las malas noticias a un ritmo tan frenético que resulta difícil de deslindar lo cataclísmico de lo hecatómico. Todos los caminos conducen al cartel de "No hay salida" y los encargados de buscarla balbucean entrecortadas razones que mueven más a la conmiseración que a la ira. Una sociedad angustiada titubea a la hora de hacer las maletas rumbo a un descanso que se antoja imposible. Las entidades financieras nos amenazan con un agosto de sobresaltos y los dos principales partidos, perdidos en sus laberintos, dan instrucciones a sus huestes parlamentarias de no abandonar el país. Un veraneo de cercanías.

Una España agotada afronta el agosto más ardiente. Madrid palpita entre certezas y rumores. Intervención, rescate, a plazos, ligth, suave...como se quiera. La paciencia de Merkel está colmada, el BCE no es una oficina de caridad y los mercados hacen su juego: hunden sus afilados colmillos en la pieza herida, que se desangra entre aspavientos. El nacionalismo catalán se declara en quiebra y la portada del Frankfurter anuncia a toda Europa las fichas del dominó autonómico que se desploman. En el mapa ibérico, el arco mediterráneo aparece pintado de rojo. Zona catastrófica. La primera empresa del país suspende dividendos. El expresidente del Banco de España se ríe del Congreso de los Diputados. La exvicepresidenta del Gobierno se ríe de España entera. Tan campantes. Unas palabritas de esperanza del taimado Draghi calman a un Ibex agonizante, a una prima de riesgo alucinada y a unos bonos estratosféricos. Aliento pasajero. Nadie nos fía. Nadie se fía. El pago de nóminas pendiente de un milagro, la patota sindical bramando incoherencias onanistas en forma de huelga general y la lucecita de la Moncloa apenas brilla, intermitente y mortecina.

Gallardón como Mariano

Madrid palpita entre la Corte y la corrala. Tanto Monti, Monti tanto, Gallardón como Mariano. Los cenáculos madrileños son muy dados a las conspiraciones y las quinielas. Alguien vio a Aznar cenando con Piqué en el restaurante "Ten con ten". Alguien adivina en una toma de postura de Gallardón su vieja querencia a sacar los pies del tiesto. Alguien asegura que Arenas tiene dispuesto el tren de aterrizaje para tomar tierra en Moncloa. Por no hablar de lo de Pablo Isla. Fábulas encadenadas. Analítica de baratillo. Chismorreo de patio de vecinos. Cosas de la crisis. A falta de información fidedigna, sea una ración de bulos. Así es Madrid.

Algunos ministros deambulan perdidos, como turco en la neblina. En Exteriores, aunque Margallo hila muy fino, algún segunda fila pierde la aguja de marear. Otros pierden el iPad. Los más, se ocultan, huidizos, acariciando absurdamente la idea de que seguirán allí cuando pase el tsunami. Voces inconexas, mensajes contradictorios, argumentos fallidos. No hay libreto. Nadie les ha escrito el relato de esta pesadilla. O mejor, de lo que se está haciendo para salir de ella.

Las fatigas de De Guindos

¿Qué he hecho yo para merecer ésto?, se preguntan los hombres del Presidente en tono calimero. Somos gente seria y formada, hemos ganado oposiciones y exhibimos frondosas titulaciones universitarias, tenemos una mayoría absoluta, hemos puesto en orden las cuentas, hemos ejecutado tantos ajustes, recortes e impuestazos como se nos han pedido desde fuera. Hemos sído buenos y dóciles. Estamos en línea con la ideología de quien maneja los hilos y, sin embargo, nada vale. Nada funciona. Y menos aún, la queja. De Guindos fatiga los despachos de media Europa en busca de un resquicio que se antoja inaccesible. Adivina una señal promisoria en la bancarización del EFSC, el Fondo de Estabilidad que podría concedernos lo que el BCE nos niega. Y se relame ante las palabras de Super Mario que han apaciguado los mercados. Al menos unos días de tregua.

Al borde del rescate total, parcial o mediopensionista, no hay espacio siquiera para el reproche. Sí, se ha llegado tarde a tantas cosas. A la reforma de la Administración, al embridamiento del gasto autonómico, a la reorganización de la Justicia, al castigo del fraude, al encarcelamiento de la corrupción, al acoso al despilfarro. En suma, a todo lo que se prometió y no fue. "Es muy complicado y lleva tiempo". Pues eso.

Pero intentemos pensar que no todo está perdido. Que Mariano Rajoy, un tipo honesto y cabal, tiene la cabeza en su sitio. Que en verdad siente España, que no es un inepto como Zapatero, que sabe asumir los errores y que esté trabajando para enmendarlos. Que se deshará de algunos mangantes que le rodean y de algunos babosos que le aturden. Que España debe rescatarse a ella misma, suprimiendo ya ayudas y subvenciones (Fomento e Industria, a moverse, leches!), cerrar ya, pero ya, oficinas siniestras, diputaciones, reinos de taifas y de jaujas... dinamitar el gasto público (y político) right now. Pensemos, sí, que todo eso es posible y que Rajoy movilizará un desesperado y último esfuerzo para evitar el precipicio y para que podamos pensar, en este agosto hirviente, que ya es demasiado tarde, incluso, para las lágrimas.

Autor

Alejandro Vara

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Top 3 Comentarios más votados

  • #4 doclusifer

    Las mamandurrias de Aguirre Se queja Esperanza Aguirre del gasto público...

  • #7 marham

    doclusifer#5 Si lee bien mi comentario verá que yo no le calico y ni falta que...

  • #1 DesDeBCN

    ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Se preguntan los castuzo INCONPETENTES o...