martes 29 de julio de 2014

Res Pública

Débil con la Unión Europea y arrogante con los españoles

Manuel Muela (29-07-2012)
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Esa es la imagen del gobierno y de la penosa situación a la que hemos llegado que, para nuestra desgracia, no parece un punto y final. La democracia española, tan singular y tan pobre, ciega las salidas y, salvo que un arranque de patriotismo del establishment obre un milagro, a los españoles nos aguardan largos tiempos de dificultad, de discursos vacíos y de vergüenza. Casi todo está dicho o escrito sobre la cuestión española, no quedan palabras ni tinta para hablar o escribir sobre ella, pero lo que sí queda es el asombro: nunca, en tan poco tiempo, habíamos tenido ocasión de asombrarnos tanto con un Consejo de Ministros que para muchos españoles llegó como el deseado y que ya parece un cadáver insepulto a ojos de propios y extraños. Nos quedará padecer su putrefacción y puede que el oprobio de la entrega de nuestra soberanía. Habrá que evitarlo con exigencia cívica y democrática.

Incertidumbre y desfallecimiento

Cuando se formó el nuevo gobierno, que sustituía al frívolo anterior, todo eran parabienes sobre la preparación académica de sus componentes, muchos de ellos de altos cuerpos de la Administración, abogados del Estado, técnicos comerciales del Estado etc., y casi nadie reparó en la escasa o nula experiencia gestora de la mayoría. Esto último no es condición sine qua non, puede ser suplido con decisión y buen sentido, pero no ha sido así. Las hazañas de éstos meses demuestran que lo mismo que las llamadas ciudades libres de la Liga Hanseática no hacían hombres libres, el ser Abogado o Técnico Comercial del Estado, o Registrador, no es garantía de buen gobernante. Si a ello se le añade un poco de idolatría con la Unión Europea y un mucho de fe en el sistema político, que figura como uno de los causantes de los problemas, el resultado para los españoles es demoledor.

El ambiente de incertidumbre y de desfallecimiento que se ha adueñado de todos, incluido el propio presidente del Consejo de Ministros cuando proclama que no puede hacer nada más, induce a conclusiones fatalistas sobre el porvenir de una nación de 45 millones de habitantes que parece abandonada a su suerte. No comparto tales conclusiones, y menos todavía la dejación de los gobernantes, porque existen opciones, por supuesto difíciles de ejecutar ¿cuáles no lo son ahora?, que, desde mi punto de vista, ofrecerían un horizonte de salida del infierno al que se nos pretende condenar. Esas opciones pasarían por el abandono ordenado de los raíles políticos y económico-monetarios que nos tienen anclados en la vía muerta de la desesperanza. Hay que dar para ello un giro copernicano, que probablemente corresponderá a otro gobierno, para encarar la ardua tarea de la reconstrucción nacional, también dramática y llena de peligros, pero esperanzada.

Los rescates son tratados internacionales

Los árboles del día a día, deuda pública, rescate bancario, rescates regionales…, impiden ver el bosque, el inmenso bosque, de los problemas españoles: políticos, que provienen de un sistema incapaz de cambiarse y de responder a las exigencias del país, y económico-financieros, con un debilitado tejido productivo sin resortes para generar recursos y aplastado por un volumen de deuda imposible de pagar en los plazos y con el coste que la misma tiene. Lo que estamos sufriendo y las penalidades que se nos ofrecen provienen de esos dos problemas y, se diga lo que se quiera, solo podemos tratar de resolverlos nosotros mismos; puede que con ayuda externa, si las condiciones nos convienen, pero, en ningún caso, poniendo la gestión en manos extrañas, suscribiendo tratados internacionales de tapadillo por medio de videoconferencia. El que tenga dudas sobre esto que se tome la molestia de comprobar lo que sucede cuando te conviertes en un pueblo colonizado. Por eso, me asombra la ligereza y la opacidad con la que algunos, con el aplauso de muchos, se esfuerzan en poner nuestra soberanía en otras manos a cambio de promesas y pocos dineros. Nunca un colonizador lo tuvo tan fácil.

Informar y consultar a los españoles

En mi opinión, los rescates, tan jaleados de forma vanidosa, no son meros préstamos o cuentas de crédito para circulante, son verdaderos tratados internacionales, regulados en el capítulo tercero de la Constitución, ya que sus contenidos afectan gravemente a la independencia de España. Aparte de las Cortes, algo deberán decir sobre eso el Consejo de Estado y los Tribunales españoles y también habrá que preguntarse qué intereses defiende quien los está negociando. Lo que sí parece claro es que el Consejo de Ministros y las Cortes actuales carecen de legitimidad para suscribirlos; no fueron elegidos para eso. Desde luego, que los acuerde el Ministro de Economía, erigido en procónsul de Bruselas, sería, como mínimo, un despropósito. En consecuencia, los españoles tendremos que ser consultados; hay quienes propugnan un referéndum, yo no confío en ese expediente, me parece más serio y más acorde con la democracia que un nuevo Gobierno de gestión estudie los diferentes proyectos y alternativas, informando de los mismos a la nación para, a continuación, convocar elecciones a Cortes. Todo, antes que aprovechar el miedo de los españoles para hipotecar definitivamente nuestro futuro.

Vivimos como los enfermos terminales que depositan su confianza en cualquier curandero que les prometa alivio. Una declaración, una promesa o un balbuceo de portavoces europeos, provocan espasmos positivos o negativos en los mercados financieros y/o de deuda, fuegos fatuos y no más. Las realidades las conocemos y su ocultación es cada vez más complicada, los últimos meses y sus decepciones son prueba palpable. Solo faltaría que para encubrir errores e incompetencia se entregue nuestra soberanía con el señuelo grotesco de más Europa. Quienes tal cosa decidan saben, o deben saber, que rompen el consenso democrático y constitucional, incluso de una democracia tan limitada y tan débil como la española. Es fácil deducir cuáles serían las consecuencias de ello. Caveant consules…

Autor

Manuel Muela

Desde mis primeras colaboraciones periodísticas en El Correo de Andalucía de Sevilla, allá por 1970, escribir siempre ha sido el acompañamiento necesario a mis actividades profesionales, ya financieras ya docentes. Y escribir donde he podido sobre todo aquello, economía, política o sociedad, que nos preocupa a quienes pensamos que España merece todas las aportaciones y esfuerzos para conseguir ser un ejemplo de civilidad y de buen gobierno.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #8 luislancer

    cobardes

  • #5 Tony

    Hay que empezar por desandar el camino,hay que volver hacia atrás y recuperar...

  • #6 perhaps

    Ya empezaron modificando la Constitución al margen del pueblo ¿soberano?...