viernes 29 de agosto de 2014

Economista ciudadano

El que no trabaja es porque no quiere

Alejandro Inurrieta (31-07-2012)
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Entre la España cañí y pícara esta frase está presente en todos los mentideros, quitándose así la mala conciencia que debería asolar entre los conciudadanos, al ver el drama que muchas familias están viviendo.

En estos momentos el desempleo es, sin duda, el mayor problema social que vive nuestro país, y que al margen de situaciones de fraude, que las hay, la gran mayoría de población activa que no encuentra empleo está al borde del colapso. Las cifras de la EPA del 2trimestre de 2012 son claras. En el último año, más de 880.000 trabajadores han perdido su empleo, y solo en el último trimestre, el desempleo aumentó en 176.000, en términos desestacionalizados. Con ello, la tasa de paro se acerca al 25% de la población activa, que ya de por sí es muy baja. Con una tasa de empleo del 51,5%, y una tasa de actividad inferior al 70%, siendo la tasa femenina del 53%, estamos ante una economía insostenible, cuya solución solo pasa por la emigración o la solidaridad intergeneracional. Si a esto añadimos el número de hogares sin ingresos, cifra algo más discutible, la ecuación muestra un país con niveles de pobreza relativa, pero también absoluta, que no se veían en muchos años.

Los  niveles de empleo  y desempleo ya muestran una economía cercana a los umbrales de  pobreza

Si bajamos de lo macro a lo micro, encontramos datos todavía más preocupantes, con provincias enteras con tasas de actividad inferiores al 50%, especialmente en las dos Castillas y Galicia, lo que significa que prácticamente apenas hay empleo disponible, lo que augura dispersión de población, abandono del medio rural  y despoblación. Esta emigración interior, que se dio en los 60, parecía extinguida, pero se ha demostrado que la construcción y los servicios no son suficientes para fijar población y así la población desocupada se va concentrando en los dos segmentos extremos. Por un lado, la población joven y en la del segmento 50-65 años, cuya probabilidad de encontrar empleo es cercana a cero. Con esta pirámide de población, los cuidados paliativos solo pueden venir de dos vías. Por un lado, la red familiar, y por otro el subsidio público, tras finalizar la prestación por desempleo.

¿Qué pasará si se acaba la prestación por desempleo y se agota la red familiar?

La pregunta clave es como sociedad, qué camino queremos tomar. El modelo anglosajón, o el modelo europeo contemporáneo, con todas las reformas y controles que debamos implementar. En España, se había construido un esquema de protección al desempleo que permitía a los afectados hacer el tránsito de forma organizada, pus la prestación era decreciente con el tiempo, pero su duración era cercana a lo que los resultados empíricos de los modelos de job searching mostraban, una media de 16 a 20 meses. Este esquema, financiado en gran parte por cuotas y por presupuestos, garantizaba una transición realista, lejos de los preceptos neoclásicos que basan su análisis en desequilibrios transitorios instantáneos, cuya variable de ajuste siempre es el salario, nada más lejos de la realidad. 

El nuevo modelo implantado, que se terminará de implementar este verano, parte de la premisa de que el parado sin exclusión es un ser vago, cuya única ambición es cobrar una prestación, para la que ha contribuido, y luego encadenarlo con subsidios, de apenas 400€, y así sobrevivir en el umbral de la pobreza. Esta ha sido la justificación para reducir la cuantía de la prestación del 60% al 50% de la base reguladora, algo que se complementará con la reducción de la duración, bajo la hipótesis de que a menor duración mayor esfuerzo de búsqueda y por tanto, en el límite, la transición será automática siempre que bajemos el salario anterior en un porcentaje creciente.

El modelo a implantar es claro: sin prestación por desempleo y con reducción de salarios sin límite, se acabaría con el paro

En suma, el mercado de trabajo actual en España está así, fundamentalmente por dos razones. La primera tiene que ver con el salario, es decir, si estamos en paro es porque no ofrecemos el salario adecuado a la demanda de empleo. El problema aquí es similar al de la vivienda. Cuando apenas hay transacciones, el precio de equilibrio no existe. El segundo problema es que la prestación por desempleo es generosa y larga. Si ésta no existiese, la búsqueda sería más intensa y por supuesto, el resultado sería otro muy distinto. Resumiendo, el empleo y desempleo no dependen de factores de demanda, sino exclusivamente de oferta, según quienes nos gobiernan ahora; es decir del salario y la oferta de trabajo. Las necesidades vitales o el concepto de salario digno ya no será una variable objetiva, sino que lo decidirá el mercado en función de las necesidades en cada momento. Y si perdemos el empleo, lo mejor es que no exista prestación por desempleo, como en EE.UU. Bienvenidos al mundo neoclásico.      

Autor

Alejandro Inurrieta

Mi paso por la Universidad, donde me desencanté de la docencia, por la empresa financiera, donde vi las carencias del sistema y finalmente el paso por la política nacional, Ministerio de Economía como asesor, y la local, concejal en Madrid, me han hecho abrazar y admirar el concepto de economista ciudadano.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #1 DesDeBCN

    Plas , Plas, Plas !!! "con reducción de salarios sin límite, se acabaría...

  • #7 fulanitol

    Este artículo es una porquería porque no dedica una frase al coste...

  • #5 PEPA

    Que la gente no trabaja porque no quiere es mentira ¿Dónde está el trabajo?...