miércoles 23 de julio de 2014

De cara

La cueva de Alí Babá

José Miguélez (03-08-2012)
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Los cuentos de hadas no existen. No desde luego los que en forma de jeques llegaron y llegan con promesas de oro, incienso y mirra al fútbol español. Hasta el que parecía que sí, el Abdullah Al-Tahani que llenó de ilusión y jugadores millonarios al inocente Málaga, tenía finalmente truco o fondo de mentira. Meses después de sentir el cielo cerca, de tocar con el corazón la felicidad de la clasificación para la Liga de Campeones por primera vez en su historia, de sentirse por una vez importantes y poderosos, el club se deshace en mil pedazos, el equipo se bate en desbandada y la afición llora por no cortarse las venas. No dieron aún las doce de la noche y la carroza se ha convertido en calabaza.

Las deudas se amontonan, las denuncias crecen y el grifo se ha cerrado. Detrás del brillo impostado no hubo esta vez un disfraz encima de un camarero brasileño ni el timo de la estampita de un indio con historial reincidente a sus espaldas. El dinero sí existe de verdad a la orilla de unos cuantos pozos de petróleo, pero la cosa termina más o menos igual de mal. No hay una explicación ordenada y científica de los ocurrido, pero el Málaga se ha ido de la noche a la mañana al garete. Cazorla está en Londres a punto de vestirse la camiseta del Arsenal, Pellegrini ya sabe que tiene que irse porque la caja fuerte está en los huesos para asumir su ficha y la plantilla en masa tiene colgado del cuello un cartel de rebajas por liquidación. Toda la institución está en venta y el futuro en Europa ciertamente en peligro. La perplejidad, la impotencia, el desencanto y la indignación se han instalado en el ánimo de los seguidores.

La reputación de los dirigentes españoles no sube del suelo por este nuevo episodio de fracaso del que llega de fuera con ínfulas de comerse el mundo, pero sí condena a la desconfianza y el recelo a cualquier intentona foránea que se acerque a nuestra Liga. Y la cuestión vuelve a ser la misma, cómo unos y otros campan tan fácilmente a sus anchas por el fútbol español, que no sabe vigilarse ni protegerse. O sencillamente no quiere. Sólo le preocupa soñar.

Aquí los caprichos, los despilfarros y las gestiones ruinosas no están penalizadas, siguen vigentes el descontrol y el todo vale. La culpa, aparte de la indecencia, descaro o temeridad de cada cual, la tiene necesariamente el modelo. En la Premier o en la Bundesliga nunca pasan estas cosas. En el fútbol español abundan. Toca revisarlo con determinación, urgencia y responsabilidad. Es la cueva de Alí Babá.

Autor

José Miguélez

Voy en dirección contraria por el periodismo deportivo desde finales de los ochenta. O antes, porque ya en el colegio miraba, sentía, preguntaba, discutía, provocaba y sospechaba. Y así seguí allá donde estuve: EFE, Ya, Onda Madrid, El País, Cope, Marca, Público, ABC Punto Radio, Sportyou… Huyo a la carrera de las posiciones de conveniencia y soy muy dado a pensar mal. Analizo comportamientos no la bandera de quien los tiene. Me quejo mucho y desconfío, sí, pero siempre (o eso intento) con honestidad, coherencia y de cara. Tengo un gusto concreto y mi propia subjetividad.

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