Economista ciudadano - 14.08.2012

El hambre os hará libres

El tema del verano, al margen de las Olimpiadas y el recurrente de cuándo nos rescatarán, ha sido, sin duda, el hambre. Esta se ha manifestado en forma de golpe grotesco y delictivo por parte de un grupo de jornaleros, acompañados de un diputado andaluz, pero también por el empecinamiento del Gobierno en cortar el único contacto con la realidad social que supone el subsidio de 426€ para unos 200.000 ciudadanos.

Estos episodios, junto al desempleo y la creciente pobreza, están devolviendo a España a épocas pretéritas, por más que una parte de la clase política, y también los medios de comunicación afines traten de ocultarlo y se ceben en los desafortunados actores. La conjunción de una crisis económica pronunciada y la llegada al poder de un Gobierno sin ninguna sensibilidad social,  están llevando a un conjunto de la sociedad a una situación que no se recordaba desde finales de los años 40.

Cada vez más pobres

La tormenta perfecta se está gestando y tiene una serie de ingredientes que ya anticipó Marx en el Kapital. Por un lado, el ejército de reserva en forma de mano de obra parada ya alcanza un nivel de más de 5 millones de personas. De este ejército, más de 1,7 millones no recibe ningún ingreso, y su probabilidad de reingreso en el mercado laboral es cada vez más pequeña. Los dos colectivos más afectados, en términos relativos, son los jóvenes (más del 50% en desempleo) y los mayores de 50 años, lo que sin duda fractura la sociedad y la hace cada vez más vulnerable. Si a esto añadimos el colectivo inmigrante, tanto regular, como irregular, la situación aún empeora más puesto que éstos carecen de la red familiar que ahora, ante la retirada del Estado, podría ser su sustento.

En segundo lugar, el paro como excusa es el argumento preferido por el nuevo Gobierno para desmantelar los estabilizadores automáticos que recurrentemente contenían el dique tras el estallido de una crisis. Estos estabilizadores, fundamentalmente las prestaciones por desempleo, subsidios, ayudas o la cobertura sanitaria y educativa, están siendo progresivamente desmantelados, bajo la falacia que pregona que estas ayudas inhiben la búsqueda activa de empleo o convierten al ciudadano en un vago que exprime al Estado en todas sus facetas. Los testimonios de estos días tanto de inmigrantes irregulares que pierden su cobertura sanitaria, o dependientes severos que pierden a sus cuidadoras o parados de larga duración que dejarán de poder percibir un subsidio, son escalofriantes y muestran la insensibilidad política, pero también social y mediática.

La tercera consecuencia es la reducción de rentas para el conjunto de ciudadanos en el escalafón medio y bajo de la distribución. Solo en el último año, se han evaporado cerca de 40.000mille€ para este colectivo, entre retiradas de ayudas, o nuevas formas de copago en servicios esenciales. Las perspectivas son de que esta sangría se mantenga sine die, no solo por los efectos de la recesión y el consiguiente ahorro público, sino porque forma parte de un ideario que iguala prestaciones públicas con laxitud ciudadana y vaguería crónica.

Proxima estación: pasar hambre

La última consecuencia de este proceso es la llegada del hambre o su forma más presentable: la malnutrición. Esta contingencia, que históricamente se ha visto como el culmen del fracaso de una sociedad, está empezando a despuntar por los arrabales de las grandes ciudades, que se deja notar en las noches alrededor de los grandes supermercados, y que llena los comedores sociales. Lo que creíamos erradicado vuelve a amenazar la convivencia, por más que pensemos que eso solo es posible en países lejanos. En estos días, además, confluyen elementos que acrecientan el riesgo de hambrunas futuras. Grandes sequías y especulación en los mercados de futuros, han llevado a los precios de los alimentos a un crecimiento sin parangón desde la última hambruna del 2009, algo que ha hecho reaccionar a la FAO.

En suma, asistimos a fenómenos que creíamos olvidados, del paro hemos pasado a la pobreza relativa, luego a la pobreza severa y finalmente al hambre. Podremos criminalizar y castigar las acciones delictivas llevadas a cabo este verano, pero no podremos esconder por más tiempo que en España ya se pasa hambre. La excusa para esconderlo y no atajarlo es que son pobres, hambrientos y parados de Zapatero. ¿Hasta cuándo aguantará este discurso?

Autor

Alejandro Inurrieta

Mi paso por la Universidad, donde me desencanté de la docencia, por la empresa financiera, donde vi las carencias del sistema y finalmente el paso por la política nacional, Ministerio de Economía como asesor, y la local, concejal en Madrid, me han hecho abrazar y admirar el concepto de economista ciudadano.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #1 takolo3

    Lamentablemente posible que esto ocurra. Triste. Muy triste.

  • #2 Tony

    Es preciso reflexionar y no contentarse con la mansedumbre, cada vez más...

  • #3 PEPA

    Por eso mismo, en estos momentos, nos revelamos mucho más que antes porque ya...