viernes 29 de agosto de 2014

A mi bola

Qué bonito sería el ciclismo si aún se pudiera creer en él

Enrique Marín (26-08-2012)
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Está pasando. Lo estamos comprobando estos días en la Vuelta a España, sin duda una carrera que ha resucitado y con mucho más interés para los espectadores que el último Tour de Francia. Con etapas espectaculares, cuatro corredores -Purito, Froome, Contador y Valverde- en 50 segundos y finales tan disputados como el de este sábado en el Alto de la Collada de la Gallina o anteriormente en Arrate o Valdezcaray. En definitiva, tardes de ciclismo que están deleitando a los aficionados, que son muchos, pero podrían ser más si no hubieran sufrido tantos y tantos desengaños.

Y es que está pasando, pero al mismo tiempo estamos dudando. Con la noticia de la sanción a perpetuidad a Lance Armstrong en boca de todos y una descalificación que, a falta de lo que dicte la UCI, podría dejarle sin sus siete Tours, la sombra del dopaje mantiene al ciclismo permanentemente bajo sospecha. Obliga a contener la emoción, aunque no siempre resulte fácil. Vemos corredores subirse a unos podios de los que más tarde muchos son bajados al ser acusados y sancionados por haberse dopado. Normal que haya aficionados que ha perdido el interés por el ciclismo. Lógico que muchos no se lo crean y por tanto ni lo sigan. El pelotón ha dado demasiados motivos para desconfiar. 

Y es una pena, pues pocos deportes son tan espectaculares y apasionantes como el ciclismo. Sobre todo con finales de etapa como los que están habiendo en esta Vuelta a España, con hasta cuatro corredores, tres de ellos españoles, luchando por vestir el maillot rojo. La provisionalidad de los triunfos es mortal para este deporte, pues obliga a poner en cuarentena cualquier exhibición por sufrida que parezca y sea. En lugar de la presunción de inocencia, los ciclistas llevan colgado un sambenito del que no tiene nada fácil librarse. Todos son sospechosos, de ahí que pogamos la emoción en cuarentena. Qué bonito sería el ciclismo si aún se pudiera creer en él. 

Autor

Enrique Marín

Sólo presumo de ser donostiarra y lo que ello conlleva, incluido un Realismo que no escondo. Periodista deportivo por vocación, la nobleza me vino de serie. Adiestrado en la Universidad de Navarra, debuté en El Diario Vasco, crecí en Marca, maduré en As y me desengañé en Público. Ahora recupero la ilusión uniéndome al proyecto de VozPópuli: el valor de ser libres y fiables, los pilares del Periodismo en el que creo. Acostumbro a ir a mi bola y a veces puedo parecer beligerante, aunque siempre procuro diferenciar el quién del qué. Al contrario de lo que dijo mi admirado Groucho Marx, estos son mis principios; si no les gustan, no tengo otros.

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  • #3 sparky

    Sí gran Torino, ya sé que existe todo eso y mucho más. Te hablo desde la...