viernes 19 de septiembre de 2014

En el límite

La perversa lógica del sistema político

Juan M. Blanco (03-09-2012)
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Finalizada la temporada estival, con los ciudadanos reincorporándose a su puesto de trabajo, o reanudando la búsqueda de un empleo, no se observa gran enmienda en una clase política que, esgrimiendo los consabidos discursos, mantiene la misma actitud ante las reformas: modificar la apariencia sin cambiar el fondo o la sustancia. Aceptar a regañadientes el recorte de algunos gastos, pero resistirse con tesón a desmontar completamente organismos, servicios o empresas públicas innecesarias y, todavía con mayor firmeza, a reducir esas redes clientelares y caciquiles que constituyen la piedra angular de nuestro lamentable sistema político.

Algún ejemplo puede ilustrar con nitidez la resistencia de nuestros dirigentes a prescindir de  determinados tipos de gastos, aparentemente superfluos. El pasado mes de agosto, la Tesorería General de la Seguridad Social resolvía una licitación, convocada en un BOE del pasado junio, con el fin de contratar los servicios de una empresa para impresión, manipulado y envío de documentos. Por un módico valor estimado de cuatro millones setecientos mil euros, todos los usuarios recibirán en su domicilio los documentos relativos a su vida laboral y base de cotización ¡con independencia de que necesiten o no el documento! 

Gastar en servicios innecesarios

Cualquier observador imparcial consideraría más razonable, y económico, enviar los documentos tan sólo a las personas que lo soliciten, sin coste adicional para la Seguridad Social pues este organismo mantiene y paga funcionarios para acometer tal tarea. Al fin y al cabo, estos certificados no aportarán utilidad alguna a la mayoría de los receptores. Tampoco pueden ser reservados para el futuro ya que los datos contenidos quedan obsoletos en poco tiempo. En definitiva, el Estado podría ahorrarse casi cinco millones de euros sin menoscabo en la calidad del servicio. 

Algunos, desde ciertas posturas ideológicas, critican la externalización y privatización de ciertos servicios públicos como raíz de todos los males. Pero lo alarmante no estriba en la gestión privada, algo justificable si una empresa puede prestar el servicio de forma menos gravosa para el contribuyente. Lo que resulta profundamente censurable es gastar respetables sumas de dinero en actividades innecesarias para el ciudadano, especialmente en unos momentos en que los dirigentes difunden con firmeza un justificado mensaje de austeridad.

No obstante, resultaría ingenuo creer que todos los gastos superfluos son simplemente absurdos, caprichosos o carentes de finalidad alguna. Gran parte de ellos responde a la lógica del sistema: beneficiar a los partidos políticos, a sus dirigentes y a los grupos de presión que se encuentran a su alrededor. Y esos "servicios públicos" que se prestan, no tanto a favor de los ciudadanos como en beneficio de la clase política son precisamente los que tienen menor probabilidad de sufrir recortes.

El caso anterior no tendría mayor importancia si constituyese una excepción en el marco de una política sincera y consciente de austeridad. Desgraciadamente, se trata de uno entre miles de ejemplos, que afectan a todos los partidos y a todas las administraciones y que podrían estar señalando, en su gran mayoría, la falta de voluntad para recortan aquellas partidas de gasto que forman parte sustancial de las redes caciquiles, clientelares o de intercambio de favores.

En general, parecen existir muchos contratos públicos, tanto en la administración central, como en la autonómica o en la municipal, con precios notoriamente inflados, cuyo principal objetivo consiste en proporcionar una financiación adicional a los partidos políticos y, en ocasiones, en proveer empleos a correligionarios, afiliados y amigos. 

Descubra la "lógica del sistema"

Observe su Comunidad Autónoma o Ayuntamiento. ¿Existe alguna contrata de bienes o servicios manifiestamente superflua de la que no se prescinde aún en momentos de gran apretura económica? ¿Considera que el precio pagado por el erario público es muy superior al de mercado? ¿Detecta alguna relación entre los propietarios de la empresa adjudicataria y los políticos locales? Bingo, puede haber descubierto uno de los miles de eslabones que forman la lógica del sistema político español.

Poco sorprende que nuestros socios del Norte se encuentren un tanto hastiados. Traduciendo sus exigencias de reformas al lenguaje no diplomático, el argumento sonaría así: "Deshagan todas esas estructuras de clientelismo y corrupción y eliminen las trabas a la actividad económica, que sólo tienen como objetivo el mantenimiento de ciertos privilegios. No disfrutarán de una economía sana y de unas finanzas sostenibles mientras no establezcan un régimen de libre entrada, que imponga el mérito y el esfuerzo y no la cercanía al poder político y el favoritismo como los principios fundamentales para el éxito y la remuneración".

Esta es la discusión de fondo y también el punto de resistencia de gobiernos como el griego y el español, que prefieren arriesgar el hundimiento del barco antes de desprenderse de tan pesada pero valiosa carga. Al fin y al cabo, existen demasiados grupos poderosos, en la órbita de todos los partidos, y en el ámbito de comunidades autónomas y ayuntamientos, cuyos privilegios y vida fácil depende del mantenimiento de la nefasta lógica de un sistema, estrangulador de la iniciativa, por el que se deslizaron con soltura y desparpajo, luciendo imagen de intermediarios, todos los urdangarines que en España ha habido.

Por suerte, la crisis económica, social y política ha ido reduciendo considerablemente ese absurdo alineamiento visceral, cuasi futbolístico, con uno u otro partido político, que llevaba a un importante sector de los ciudadanos a cerrar los ojos y permanecer acríticos cuando los desmanes eran perpetrados por aquellos erróneamente considerados "los suyos". Es necesario aprender la lección: nada más patológico que considerar "los nuestros" a aquellos que impulsan, mantienen y sacan tajada de un régimen de caciquismo, clientelismo y corrupción.

Autor

Juan M. Blanco

Estudié en la London School of Economics, donde obtuve un título de Master en Economía, que todavía conservo. Llevo muchos años en la Universidad intentando aprender y enseñar los principios de la economía a las pocas personas interesadas en conocerlos. Gracias a muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, he llegado al convencimiento de que no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos “en el límite”: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #30 BlancoJuanM

    @petrapacheco #26 Muchas gracias por sus palabras. Entiendo su escepticismo al...

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    @CardCisneros #3 Muchas gracias por sus comentarios. De acuerdo con usted:...

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