viernes 18 de abril de 2014

El rincón austriaco

La desesperanza

Juan Ramón Rallo (18-09-2012)
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La dimisión de Esperanza Aguirre es, sin duda alguna, una mala noticia para la libertad en España. No porque Aguirre fuera el perfecto paradigma de político liberal, algo que pese al discurso dominante tampoco lo fueron Thatcher o Reagan (sólo una absoluta minoría, como Ron Paul o Martin Van Buren, han logrado acercarse seriamente a esa milagrosa cuadratura del círculo que es combinar sin tacha ni inconsistencias política y liberalismo) y algo que, aun cuando lo hubiese deseado, no habría podido conseguir en este nuestro socialistoide y partitocrático país. Tampoco es una mala noticia (o no sólo lo es) por el hecho de que abandone el barco la gestora más austera que ha tenido la Comunidad de Madrid hasta la fecha; ni porque los madrileños nos vayamos a quedar sin alguna inesperada liberalización revolucionaria que mejore apreciablemente nuestra autonomía individual y nuestra prosperidad futura.

No: la dimisión de Esperanza Aguirre es una mala noticia porque ella constituía la única cabeza notable que, con todos los peros que se quieran añadir, mantenía sin complejos un discurso pretendidamente liberal dentro de un partido cada vez más abiertamente liberticida, anticapitalista y populista. Era la única persona que dentro del PP seguía enarbolando las banderas de la libertad económica y del equilibrio presupuestario por la vía de reducir el gasto público y los impuestos.

El cansancio de la última liberal

A buen seguro podrá objetársele que no desplegara tales principios con toda la radicalidad que a tantos nos habría gustado y que, en cualquier caso, nuestra socialdemócrata Constitución tampoco le habría permitido desplegar. Pero al menos sí se le habrá de reconocer, primero, que no atentara abiertamente contra esos principios (nunca subió ningún impuesto, por ejemplo); y, segundo, que jamás se resignara a evitar que su partido se alejara de los mismos, transformándose en una mala copia del stablishment socialista.

Jamás, acaso, hasta este pasado 17 de septiembre. Difícil, desde luego, considerar que la única causa que haya pesado en su dimisión haya sido su decepción con un mediocre Mariano Rajoy cuyas nulas cualidades como gestor, y todavía más como gestor con querencias liberales, ya debía conocer desde hace décadas; tan difícil, por otro lado, como asumir que no habrá pesado en absoluto esa creciente decepción derivada del continuado goteo de infamias y mofas del gallego contra la libertad y la prosperidad de los españoles.

Los habrá que tal vez le recriminen a Esperanza Aguirre que deje de dar la batalla en unos momentos tan críticos, y tan faltos de los principios que siempre ha pregonado, como los actuales. No seré yo quien lo haga: jamás he pensado, y sigo sin hacerlo ahora, que una persona cargue con la obligación, siquiera moral, de sacrificar su vida por alguna causa que presuntamente beneficie a la comunidad; máxime cuando se trate, muy probablemente, de una causa perdida y cuando, además, su propia salud pueda llegar a estar en juego. Lo único que le es exigible a cada individuo es que conviva pacíficamente con sus conciudadanos, no que coloque sus energías vitales al servicio de la comunidad.

Vía libre para el peronismo popular

Pero, aun reconociendo todo lo anterior, el panorama que nos lega la despedida de Aguirre no deja de ser desolador. No ya porque considere que la figura de la ex presidenta madrileña resulte imprescindible para enderezar la actual situación económica y social de España –en realidad, ninguna persona es imprescindible mientras se apliquen las políticas correctas–, sino por lo sintomática que resulta su renuncia: el PP de Rajoy está arrastrando al país hacia su acelerada descomposición y la única personalidad en activo con ideas, peso y ascendencia interna no para transformar a España en Hong Kong, pero sí desde luego para evitar que se convierta en Argentina, opta por abandonar la política después de cuatro décadas en activo. Insisto: no es mi intención reprocharle a Esperanza Aguirre que no siga manteniendo un pulso contra la estructura de un partido deseoso de abrazar el peronismo; sí es mi intención, en cambio, constatar que, tras su más que comprensible abandono, el PP pierde la única voz interna que se seguía oponiendo y que continuaba actuando de contrapeso a la conversión definitiva del partido justo en aquello en lo que el Gobierno de Rajoy y prácticamente todos los ejecutivos autonómicos del PP lo han estado transformando desde el momento en el que alcanzaron el poder: una fría maquinaria para institucionalizar la rapiña contra todos los españoles.

Probablemente, la continuidad de Esperanza Aguirre no hubiese modificado un ápice esta inexorable degeneración del PP de Rajoy, salvo por el hecho de contener los destrozos en la capital de España y sus aledaños. A estas alturas de la catástrofe rajoyana, ni siquiera se trataba de eso, sino tan sólo de mantener viva una cierta esperanza en que, en algún momento, el PP podría dejar de suicidar a España en privativo provecho de sus caciquiles mandatarios. Pero esa esperanza se ha marchado para dejar tras de sí un sinsabor de desesperanza: ahora –y a falta de que se articule una oposición interna con unos principios distintos a los de colonizar el carguito público a cualquier precio– la banda kakistocrática de los muchísimos Rajoys que pueblan el PP disfruta de un sendero absolutamente despejado y libre de obstáculos no ya para dinamitar su partido, sino, lo que es realmente preocupante y desazonador, el futuro de los españoles. Ahora sí: a falta de lo que diga la Troika, la única alternativa a Rajoy es Rubalcaba y la única alternativa a Rubalcaba, los cacerolazos bonaerenses

Autor

Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y licenciado en Derecho. Actualmente ejerce de director del Instituto Juan de Mariana y de profesor en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y en los centros de estudios OMMA e Isead. Asimismo, es analista económico de esRadio y autor de diversos libros.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #41 DesDeBCN

    @lucernario #32 Tiene perfectamente uidentificados a los FALSOS liberales del...

  • #31 lucernario

    @DukeAtreides #23 Vaya sarta de chorradas mal traídas. Todos los "luchadores"...

  • #32 lucernario

    @DesDeBCN #29 Y lo peor de todo: ¿Quién ha sido o quién es ese González?...