Res Pública - 30.09.2012

Escenarios de independencia: Cataluña y País Vasco (I)

Nadie está en condiciones de aventurar en positivo la evolución de la política y de la economía españolas, dado el desconcierto y la falta de dirección y de proyectos que se han enseñoreado del país. Parece una fatalidad asumida por el cuerpo social y por parte de quienes estarían obligados a sugerir y proponer salidas claras y democráticas al desatino. No obstante, es obligado insistir y llamar la atención acerca de hechos y circunstancias que pueden contribuir a ahondar los males de la nación; no solo como un relato de aquellos, sino con el propósito cívico de atenuar los daños que se vislumbran en el horizonte. Y, entre tales hechos, me interesa destacar lo acontecido en el Parlamento catalán con la aprobación de una resolución que pone formalmente en marcha el proceso de independencia de Cataluña. Con el añadido del País Vasco, más avanzado en esa materia, España se enfrentará a tales procesos con carácter inmediato, por lo que parece conveniente reflexionar sobre sus antecedentes, desenvolvimiento e hipotética resolución.

Independentismo alimentado por la Constitución

Lo primero que hay que afirmar es que dichas iniciativas no han surgido ni por generación espontánea ni por la crisis económica, aunque ésta haya influido sobre todo en el caso catalán. Ambas son hijas aventajadas de la Constitución de 1978 y de la lenidad de los sucesivos gobiernos constitucionales en beneficio de todo aquello, nacionalismos incluidos, que ha despojado al Estado de sus facultades y atributos, esenciales para velar por la solidaridad, la justicia y la libertad de los españoles. Durante los 33 años de vigencia de la Constitución se ha producido un fortalecimiento social y político de las minorías nacionalistas que gobiernan en Cataluña y en el País Vasco, en paralelo con un desapego de los valores del Estado, como factor de unidad nacional e igualdad social, no solo en esas dos regiones, sino, lo que es más grave, en el resto de las comunidades autónomas, que han dedicado grandes esfuerzos presupuestarios para cultivar y desarrollar originalidades autóctonas con el fin de afirmarse a sí mismas. Casi sin excepción, han olvidado que, jurídicamente, son órganos del Estado al que menoscaban y rehuyen en un ejercicio de miopía política que se está demostrando claramente lesivo para los intereses generales.

Por su parte, los gobiernos nacionales, tanto del PSOE como del PP, con responsabilidades de poder en la mayoría de las Comunidades Autónomas, han sido complacientes con el fenómeno y, en bastantes casos, han hecho dejación de sus competencias, especialmente en materia educativa. Como consecuencia de ello, el Poder Central se encuentra inerme para ejecutar la mayoría de las políticas que interesan a los ciudadanos: la educación, la sanidad, las obras públicas, la fiscalidad, algunos aspectos importantes del sistema financiero… Son las diferentes Comunidades Autónomas las que ostentan el verdadero poder, que suelen ejercer sin visión del conjunto del Estado al que pertenecen y deben su propio origen. La terrible crisis que padecemos y la incapacidad gubernamental son prueba irrefutable de lo anterior.

La tela de araña del clientelismo político y la parálisis de PP y PSOE

El desarrollo y ejecución del modelo constitucional ha producido una gigantesca tela de araña de intereses, fundamentalmente políticos y económicos, en los que se incluye una clase política profesionalizada, renuente a cualquier cambio. La Constitución, perfectamente blindada, y las leyes electorales han venido garantizando el disfrute, en alternancia ordenada, del poder público para los protagonistas y guardianes de la Transición. Los ciudadanos somos testigos y sufridores en algunos casos de una construcción jurídico-política que deja como único espacio de decisión el de las convocatorias electorales periódicas, bastante ahormadas por los partidos dominantes. La partidocracia.

Ahora una parte de esos privilegiados del poder, los nacionalistas vascos y catalanes, quieren más y consideran llegado el momento de la independencia cuando el Estado está secuestrado por los acreedores y exhausto. La Constitución de 1978, convertida en un juguete roto por los que se dicen sus defensores, ha sido puesta en entredicho y ahora toca ver cómo se ordena la crisis constitucional por parte de unos partidos nacionales, PSOE y PP, que, se quiera reconocer o no, son tributarios de quienes la alientan, por causa de un sistema electoral desequilibrado y unas prácticas políticas alienadas.

La política del avestruz que parece inspirar la mayoría de las declaraciones gubernamentales no creo que merezca demasiado análisis, salvo el de constatar el grado de duda y de desazón que les plantea un proyecto de independencia que no estaba en su guión, aunque, como he tratado de resumir, no ha sobrevenido como una repentina tormenta de otoño, sino que es resultado y consecuencia de décadas de preparación. La Historia nos enseña que, con los Decretos de Nueva Planta, Felipe V, primer rey de la Casa de Borbón, puso en marcha el intento de centralización del Estado español; puede que a su descendiente, Juan Carlos I, le toque presidir la disgregación del mismo. Lo que vaya a suceder es un arcano, pero vale la pena explorar con realismo las diferentes hipótesis de desarrollo de los proyectos independentistas, que es lo que haré en otro artículo, teniendo en cuenta nuestra situación como país, los antecedentes europeos y los apoyos expresos o tácitos que pudieran obtener los promotores de la independencia.

Autor

Manuel Muela

Desde mis primeras colaboraciones periodísticas en El Correo de Andalucía de Sevilla, allá por 1970, escribir siempre ha sido el acompañamiento necesario a mis actividades profesionales, ya financieras ya docentes. Y escribir donde he podido sobre todo aquello, economía, política o sociedad, que nos preocupa a quienes pensamos que España merece todas las aportaciones y esfuerzos para conseguir ser un ejemplo de civilidad y de buen gobierno.

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  • #3 Aitor1

    La verdad es que cuando llega la Democracia tras Franco, se encuentra 2...

  • #1 DesDeBCN

    El escenario en el caso catalan es un estado totalitario de total ausencia de...

  • #4 CardCisneros

    Más nos vale mirar bien el escenario, porque, muy probablemente, vamos a tener...