jueves 17 de abril de 2014

Hmmm...

Un pintor, un museo y un problema

Juan Torres (18-01-2013)
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Esteban Vicente. Fíjense ustedes que en esta documentada lista de pintores españoles del siglo XX su nombre no aparece. Y en la versión en inglés de la Wikipedia figura como  “an American painter born in Turégano, Spain”, omitiendo el detalle de que el artista mantuvo su nacionalidad de nacimiento cuando en los años cuarenta obtuvo la estadounidense.

No ha sido Esteban Vicente artista en su tierra. Tampoco parece que él se esforzara mucho en ello. No por nada sino porque desde muy joven prefirió ser un buscador de esencias y vanguardias allá donde estas estuvieran. Madrid primero, pero después París, en los años treinta, tras la estela de Picasso y Miró, y pronto, con el estallido de la Guerra Civil, Nueva York, donde terminó afincándose.

 

La soledad del pintor de fondo

“El pintor, como el poeta, como cualquier hombre inmerso en el proceso creativo, es un sujeto que está solo. En el estudio estás solo. Nadie te ayuda... tú lo haces todo. Te enfrentas a los problemas. Esta es la vida del pintor.”

Incansable, Esteban Vicente afrontó esta soledad del único modo que sabía: pintando. Empezó militando en las filas de una pintura figurativa que ya debía mucho a los postimpresionistas pero pronto empezó a sentirse atraído por las diversas escuelas de lo abstracto. Recaló brevemente en el cubismo y se asentó finalmente en lo que ha venido a llamarse el expresionismo abstracto americano, un amplio conglomerado de artistas y tendencias que encontró en el Nueva York de los años cincuenta su caldo de cultivo más idóneo.

A veces suceden estas cosas: un tiempo y un lugar que marcan definitivamente a alguien que está buscando su camino. En el Nueva York de los cuarenta  confluyen pintores de todo el mundo que escapan de los horrores y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Han visto mucho, han sufrido mucho y buscan nuevas formas de expresar lo que sienten: una abstracción rabiosa, plena, irracional, marca las pautas de pintores como Pollock, De Kooning o Kline; una abstracción que indaga más en las posibilidades de los juegos cromáticos es la que eligen nombres como Rothko, Still y Newman.

“En el arte verdadero, la teoría no precede a la práctica, sino que la sigue. Al principio la sensación es lo que cuenta”. Esteban Vicente se siente fascinado por los dos bandos, pero él además añade su peculiaridad individual: es el único mediterráneo del grupo, el único marcado cultural y vitalmente por las enseñanzas del Renacimiento italiano y el Barroco español. Por eso su expresionismo es sosegado, vívido pero tranquilo. Como la pintura de Zurbarán, como la mística española, lo que Vicente hace es “observar la fisicalidad de la naturaleza” buscando “la inmovilidad, la forma, el color, la unidad, la economía”.

 

 Un museo necesario

De obra extensa y presente en todos los grandes museos del mundo, no fue hasta los años ochenta cuando Esteban Vicente empezó a recibir en España el reconocimiento que se le debía. Tenía casi noventa cuando recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y noventa y cinco cuando cedió una parte importante de su obra para la creación del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente en Segovia, la capital de su provincia originaria.

No conozco los detalles del acuerdo entre el pintor y la Junta de Castilla y León para la creación de este Museo. Supongo que Esteban Vicente y su mujer cedieron la plena propiedad de las casi 150 obras que componen la colección permanente y la administración autonómica acondicionó el espléndido palacio de Enrique IV, incorporó el equipo de gestores y se hizo cargo de los gastos corrientes de la instalación. Créanme: es uno de los más seductores rincones de Segovia, que ya está llena de rincones seductores. Lo es porque la obra de Esteban Vicente merece ser visitada y disfrutada; lo es porque el lugar es hermoso, cálido y emotivo; lo es porque la directora y su equipo han sabido avanzar en un concepto de museo moderno y activo, abierto a la participación y al juego, a la reflexión y al encuentro.

El Museo ahora se encuentra en un momento crítico. Los recortes presupuestarios lo han dejado exangüe y me constan los esfuerzos de sus gestores por encontrar formas imaginativas de sujeción y la buena voluntad de algunas empresas por echar una mano.

Uno, que es, como Ferlosio, cada día más refractario a los despilfarros culturales, encuentra en este pequeño museo segoviano una sólida metáfora de lo importante que sería que nuestras autoridades hicieran un esfuerzo de discriminación y aprendieran a distinguir las pinceladas de los brochazos. El Museo Esteban Vicente es una de las piezas necesarias, imprescindibles, de la red de museos de nuestro país. Y se está apagando.

“Uno tiene que tener la fuerza de creer en sí mismo. Si uno no cree primero en sí mismo, ¿quién le va a creer? Nadie. Así que uno tiene que demostrar que está decidido a hacer lo que hace. Esta es la vida, y eso es solo el comienzo”, escribió Esteban Vicente con la sabiduría del hombre que había vivido y sobrevivido a todas las crisis posibles. Y también dijo: “El arte es orden”. Tan necesarios, ambos, en estos tiempos, añadimos nosotros.

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(*) Las citas en cursiva corresponden a textos y escritos de Esteban Vicente incluidos en el libro “El color es la luz. Esteban Vicente 1999-2000” editado por el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente en 2001.

Autor

Juan Torres

Me gano la vida como consultor de comunicación, pero lo que yo sé hacer bien es escribir sonetos. En los ratos libres voy al cine, escucho música y hojeo libros para poder después hablar de ellos. Aquí voy a escribir sobre estas cosas, o sobre otras, ya veré: un poco lo que se me vaya ocurriendo sobre lo que ocurre por ahí.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #2 Gardenia-Wilcox

    Y dice usted que le constan los esfuerzos de los gestores por encontrar formas...