Game Over - 29.01.2012

Soraya y los idus de marzo

Según algunos insignes analistas, Mariano Rajoy es, además de un tipo en exceso tranquilo, extraordinariamente astuto. De ahí que defiendan que las recurrentes contradicciones entre el ministro de Economía, Luis de Guindos, y el de Hacienda, Cristobal Montoro, no sean sino una maniobra perfectamente calculada, a cuenta del objetivo de déficit para2012, con la que forzar la inquebrantable voluntad de Angela Merkel. Y si bien es cierto que esta teoría resulta estimulante y, según se mire, hasta esperanzadora, es dudoso que tanta disparidad de opiniones pueda obedecer a un plan maestro. En el mejor de los casos, quizás alguna pincelada de este happening político sea voluntad de Don Mariano, pero parece algo más que improbable que sea obra suya el cuadro entero.
 
Aún dando por válida la teoría de que nada es lo que parece y que no hay puntada sin hilo, las sensaciones que transmite este gobierno, a pesar de algunos prometedores destellos, siguen siendo inquietantes. Y quizá sea el momento de que Soraya, en ausencia de Don Mariano, imponga sus galones, que para eso ha sido nombrada, además de ministra de la Presidencia, ni más ni menos que vicepresidenta. Una demanda de un mayor orden que ya circula libremente en sus círculos más cercanos. De lo contrario, la balanza del poder dentro del propio gobierno podría inclinarse definitivamente hacia el lado equivocado. Y una futura crisis de gobierno, quizás no demasiado lejana a la vista de lo que se nos viene encima, podría terminar certificando los peores presagios.
 
Cierto que esta vallisoletana de 40 años aún no ha demostrado tener una visión política de altura, matiz este que se adapta como un guante al perfil del Presidente. Tampoco es lo que se dice una estadista de altos vuelos – le falta doctrina política y económica – ni nada parecido a una dama de hierro. Soraya es un personaje propio de su tiempo. A lo que hay que sumar como problema añadido que, más allá de sus méritos, la autoridad le viene por la imposición de manos de Rajoy. De ahí que, cuando el gran líder desaparece como suele, el bastón de mando parezca no tener dueño. Y lejos de trabajar en equipo, algunos miembros del Gobierno actúen a discreción, haciendo la guerra por su cuenta. Lo cual, además de cargar de razones a los incombustibles dogmáticos, termina por enervar al ciudadano medio, cansado como está tras cinco años de angustias.
 
Pese a todo, Doña Soraya también tiene sus cualidades. En lo humano, aún conserva cierto pudor, lo cual en ocasiones se traduce en una desacostumbrada y valiosa decencia. Virtud esta que no abunda en la clase política. Valga como prueba el síndrome de la "boca seca” que se hace presente en cuanto se ve en la tesitura de tener que dar una mala noticia, balbucear excusas o defender una impostura. Por otra parte, su verdadero pecado – aparte la tan común y extendida inconsistencia ideológica – no ha sido otro que alcanzar la cima del poder por la vía rápida, evitando tener que trepar como es norma por el retorcido tronco del partido. Lo cual le ha supuesto el estigma de advenediza, amén de otros agravios. Por último, al decir de muchos, tiene a su favor fama de incansable trabajadora, de persona detallista y puntillosa que no suele dejar nada al azar. Aunque, en ocasiones, le pierde caer en ciertas ocurrencias o respaldar las de terceros, como la promesa de subir pensiones y mantener subsidios, que a las primeras de cambio se ha llevado por delante varios puntos de las rentas de la clase media.
 
Sea cual fuere el fondo de armario intelectual de que disponga, Soraya, por el bien de este gobierno, está obligada a superarse y evitar caer en mimetismos que, en su caso, no servirán de nada. Lo que está por venir en los próximos meses, con el mes de marzo como primera gran prueba de fuego, requiere, en la parte que le toca, de toda su capacidad para imponer cierta disciplina y que las cosas, al fin, no sólo se hagan de forma correcta sino que las maneras también acompañen. Tal y como se están desarrollando los acontecimientos, está destinada a ser la cara de las malas noticias. Y para evitar incinerarse antes de tiempo y que España quede definitivamente a merced de los juegos florales de algunos, debe velar para que se pongan sobre la mesa medidas políticas y económicas como es debido – en el fondo y en la forma, sin saltos de raccord ni improvisaciones –, medidas que, de ser las correctas, sabrá premiar el españolito medio más pronto que tarde por duras que éstas sean.
 
En resumen, más que deslumbrar al respetable con algún golpe de efecto, se trata de que haga bien su trabajo y demuestre ese carácter decidido que su cargo demanda. Al fin y al cabo, ser vicepresidenta del Gobierno de España no es una recompensa a los servicios prestados sino una enorme responsabilidad, y quién sabe si, también, un regalo envenenado.
 
 
Twitter: @BenegasJ

Autor

Javier Benegas

De la generación que creció con el estigma del 22% de desempleo crónico; de aquellos que nos vimos obligados por las circunstancias a estudiar y trabajar al mismo tiempo. Por lo tanto, esta crisis no me asusta o no me asusta demasiado. De hecho, soy optimista, porque la vida me ha enseñado que nada es por completo imposible. Aunque mi profesión actual poco tiene que ver con aquello que estudié en su día, siempre he tenido la vocación muy viva, lo cual ha hecho que, en la práctica, esté en contacto con dos mundos muy distintos: el de los profesionales liberales y el de la política y los intereses creados. Pertenezco al primero, por principios y, sobre todo, por amor a la libertad (soy liberal de los pies a la cabeza). Pero vigilo muy de cerca al segundo, porque, nos guste o no, es el que condiciona y mucho nuestras vidas. El título de este blog no hace referencia a ningún cataclismo, sino al hecho de que estamos incursos en una transformación que será trascendente. Seamos pues moderadamente optimistas.

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