viernes 25 de abril de 2014

Liberalia

La cerrazón británica y el IV Reich alemán

L. B. de Quiros (14-12-2011)
  • aumentar tamaño del texto
  • reducir tamaño del texto

La negativa del gobierno británico a aceptar la imposición de reglas presupuestarias a todos los Estados de la Unión Europea y su decisión de vetar ese acuerdo si no se excluye al Reino Unido de las regulaciones financieras impulsadas por Francia y Alemania han desencadenado una auténtica marejada. Las tradicionales críticas al insolidario espíritu anglosajón, a su miope anti-europeísmo etc. arrecian y ocultan un problema de fondo: La diferente visión de Europa encarnada por Britania y la liderada por el eje franco-alemán. Britania no es anti europea, de hecho fue la impulsora del mayor proyecto de integración económica del Viejo Continente, el Mercado Único. Sin embargo, el Reino Unido ha sido y es contrario a un modelo socio-económico de corte estato-dirigista como el defendido por franceses y alemanes y a la transferencia de soberanía a unas entidades sin legitimidad democrática. Esta reticencia es lógica en la democracia más vieja de Europa y además está justificada por los hechos.

La estrategia desplegada por Francia y Alemania desde el inicio de la tormenta económico-financiera europea constituye un claro intento de imponer a un continente y a unos Estados debilitados por la crisis una agenda que responde de manera evidente a sus intereses nacionales y de poder. Sólo por éstos se guiaron franceses y alemanes cuando se opusieron a dejar quebrar a Grecia y expulsarla del euro para proteger a sus bancos y sólo la razón de Estado nacional ha hecho posible la metástasis del incurable cáncer griego al resto de Europa. Con un desparpajo digno de encomio, Merkel y Sarkozy se han arropado en la bandera del euro para camuflar y externalizar la defensa de sus intereses y no han tenido contrapesos capaces de introducir racionalidad y amplitud de miras en la gestión de la crisis. Si el eje franco-alemán es la única garantía de la supervivencia del euro, es para echarse a temblar.

Desde esta perspectiva, la Cumbre del 8 y 9 de diciembre ha sido la expresión más clara del deseo franco-alemán de gobernar Europa sin asumir ninguna obligación. Es el sueño hecho realidad del poder sin responsabilidad. Ni están dispuestos a poner los recursos necesarios para frenar la crisis de deuda y bancaria ni a permitir que el BCE funcione como prestamista de última instancia. Por añadidura, han decidido imponer unas reglas presupuestarias que ellos vulneraron cuando les convino, como sucedió en 2003. Además han pretendido hacerlo por ukasse, es decir, sin consultar a los demás Estados europeos, incluidos los que no forman parte de la unión monetaria cuya responsabilidad en la crisis de deuda y bancaria de la zona euro es inexistente. Por añadidura han actuado al margen de las instituciones de la UE cuyo papel en la solución arbitrada en la Cumbre ha sido inexistente. En suma, Francia y Alemania han tratado al resto de los Estados como “súbditos” en lugar de como socios.

En términos de puro pragmatismo, la actuación del eje franco-alemán sería comprensible o, mejor, justificable si hubiese servido para estabilizar la zona euro. Pues bien, nada de eso ha ocurrido. Las primas de riesgo de los bonos periféricos han retomado su trayectoria alcista y las bolsas se han ajustado a la baja. Los mercados han realizado un voto de censura a las decisiones adoptadas en la Cumbre y las dudas sobre la viabilidad del euro siguen activadas. El IV Reich, léase sin connotaciones peyorativas, tienen en Francia-Vichy su coartada para dominar la Vieja Europa.
Europa ha entrado en una dinámica político-económico-financiera de alta peligrosidad. La posición de Alemania es incomprensible en términos económicos y, como es evidente, que sus “expertos” no son tontos, sólo es explicable desde una lógica política. En su intento de “opar” Europa cuenta con un aliado que es la debilidad de Francia cuyo modelo está en quiebra técnica y que está en una situación, guardando las distancias, similar a la del período de entreguerras. La patria de Moliere parece resignada a ser el escudero de Alemania y a desempeñar, al menos de momento, un papel secundario en lo que se refiere a la crisis europea y, peor, a la configuración política futura del Viejo Continente.

En este contexto, quién es fiable. La respuesta desagradable y paradójica es la pérfida Albión. Ese país insolidario, anti-europeo, de gente rara es la última esperanza de la Vieja Europa, la trinchera final frente a los intentos alemanes de dominar el continente. Lo más irritante de la coyuntura actual no es sólo ni principalmente que Alemania aspire a controlar la UE, aspiración “legítima”, sino que pretenda hacerlo gratis. Por el liderazgo y la hegemonía hay que pagar un precio y los alemanes no parecen dispuestos a desembolsarlo. Han tirado de la cuerda hasta un extremo que resulta excesivo hasta para los mejor pensados. Ya está bien...

La Cumbre de los pasados días 8 y 9 de diciembre fue en el sentido estricto del término un golpe de mano de Alemania secundada por Francia. El gobierno Merkel no está dispuesto a asumir ningún coste para salvar el euro, lo que quizá sea comprensible desde la óptica del interés nacional, cuestión dudosa, pero letal para la pervivencia del euro. Habría que remontarse en la historia para encontrar un caso de miopía y egoísmo tan poco eficientes como los acumulados por Alemania desde los comienzos de la crisis europea.

Cuando los alemanes han intentado liderar Europa, los resultados han sido dramáticos. La historia de Alemania como Estado Nación ha sido desastrosa salvo el período que transcurre del final de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. Esta es una lección que no conviene olvidar...

Autor

L. B. de Quiros

Soy Presidente de Freemarket Corporate Intelligence, una consultora especializada en análisis económico, político y regulatorio. Mi actividad profesional se ha centrado siempre en el campo de la asesoría económica. He sido Asesor Económico del Circulo de Empresarios, Director de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid y Director de Relaciones Institucionales de Confemetal, la patronal de la Industria. Soy miembro de la American Economic Association, académico del Cato Institute, un think tank norteamericano defensor de las ideas del liberalismo clásico, vicepresidente del Instituto von Mises, Director de la Fundación Internacional para la libertad que preside Mario Vargas Llosa.

Suscripción RSS