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Godivaciones - 12.03.2012

La huelga conservadora del 29-M

El próximo 29 de marzo, si nada lo remedia, miles de trabajadores españoles no estarán en su puesto de trabajo, sino que se sumarán  a la huelga general convocada por los dos sindicatos mayoritarios: UGT y CCOO. La sexta huelga general de la democracia, anunciada por Rajoy antes de producirse, nos va a dejar unas cifras de pérdidas devastadoras, un refuerzo de la firmeza del carácter del presidente del gobierno, que tiene fama de blandito, la vuelta a los escenarios de las calles de los sindicatos, tan silenciosos los últimos ocho años, y poco más.

Ni aumentará las cifras de empleo, ni acercará posturas, ni servirá para nada. Todos se percibirán como ganadores… menos los millones de parados que ni harán huelga, ni se sentirán más poderosos.

Los sindicatos mayoritarios, teniendo en cuenta que la afiliación en España a cualquier sindicato ronda el 15% de la población trabajadora, se financian con los impuestos de todos los españoles, porque, según su propia argumentación, son votados por todos los trabajadores estén o no afiliados, y luchan por sus derechos. Es decir, aunque usted no vote a ningún sindicato, ni esté afiliado, financia a estas organizaciones que van a provocar una pérdida económica que usted también va a sufragar con sus impuestos, o bien lo harán sus descendientes en un futuro. Las razones para semejante despropósito son obvias para Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo: la reforma laboral del PP deja a los pies de los caballos a los trabajadores, a expensas de los explotadores empresarios; el Partido Popular ha impuesto esta reforma sin diálogo, sin su “consentimiento”.  Lo de siempre. Pero lo que estas reclamaciones esconden no es otra cosa que el mantenimiento del “statu quo”.

Resulta paradójico que quienes se alinean frente (y en contra) del Partido Popular, que supuestamente representa los intereses “conservadores”, defiendan con uñas y dientes el mantenimiento de lo que ya es una tradición en España. Me refiero las prebendas que los gobiernos de turno han tenido a bien otorgar a los sindicatos con el dinero de todos, a cambio de la llamada “paz social”, ese mito.

Según el informe que el Banco de España publicó en el año 2009 sobre la mala situación laboral en España, España exhibía la mayor diferencia entre el número de participantes activos en la negociación y los que, al final, se ven afectados por la misma. Muy poca afiliación y mucho poder. Y sin embargo, el Ministerio de Trabajo concedió 20,3 millones de euros en subvenciones a los sindicatos en 2010, de los cuales 14,7 millones se repartieron entre las dos organizaciones mayoritarias, CCOO y UGT.  Además de eso, manejaron en 2010 casi 155 millones de euros en ayudas del Servicio Público de Empleo Estatal para cursos de formación para el empleo. De todos es sabido el enorme fracaso de dichos cursos, pero parece que los que manejan nuestro dinero no se han enterado.

Esto es lo que se defiende en la huelga general del 29 de marzo, nada de puestos de trabajo, o de derechos sociales. Se defiende el poder de los sindicatos mayoritarios en la negociación colectiva y la oferta de cursos de formación. Es lo más retrógrado que se ha visto en mucho tiempo.  Pero los españoles, que son tan aficionados a la tradición, no se van a parar a pensarlo. En lugar de reflexionar sobre cómo regenerar el tejido empresarial para que nosotros, pero en especial, nuestros hijos y nietos tengan un futuro, vamos a dejarnos embaucar por los cantos de sirena de quienes llevan demasiados años engañándonos de manera tan grosera.

¿Cuál es la clave de ese comportamiento tan irracional de los españoles? La dejación de la responsabilidad individual. Ya protestarán otros por nosotros, ya negociarán otros por nosotros. Así nos va, caminando hacia atrás.

Autor

María Blanco

Enseño y estudio Historia del Pensamiento Económico en la Universidad CEU-San Pablo. Soy miembro del Instituto Juan de Mariana. Defiendo la libertad individual y mi ideal es vivir en un mundo con igualdad ante la ley y rendición individual de responsabilidades.

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