sábado 20 de septiembre de 2014

Mi pequeño Salottino

Mito y realidad de la brecha salarial

Juan. J. Gutiérrez Alonso (16-03-2012)
  • aumentar tamaño del texto
  • reducir tamaño del texto

Si usted pregunta a cualquiera que pase por la calle sobre la brecha salarial hombre-mujer en nuestro país, seguramente le responderá que, efectivamente, a las mujeres se les paga menos por el mismo desempeño. Si le pregunta a la misma persona por un caso concreto, le fruncirá el ceño. Si pregunta a los patrocinadores de la teoría de la brecha salarial, le regalarán un discurso precocinado y un torrente de datos estadísticos confundiendo discriminación salarial por igual desempeño con condiciones laborales en sentido general. Si le pregunta un caso concreto de discriminación por el mismo desempeño, también le fruncirá el ceño y seguidamente pensará que usted es una especie de monstruo negacionista, misógino y, por supuesto, machista.

¿Cuál es la verdadera brecha salarial? Como tantas otras cosas en este país: Nadie lo sabe. A veces nos dicen que de media se paga un 20% menos a las mujeres, en otras ocasiones nos dicen que un 30% y recientemente alguien decía que el 17%. Uno cae en la fatuidad como se le ocurra poner en duda estos datos y ya no les cuento si pregunta por algo tan fundamental como la discriminación por el mismo desempeño. Eurostat, sindicatos, partidos políticos, universidades, fundaciones, institutos, observatorios y organismos varios avalan la tesis de la brecha salarial. Todos tienen sus cifras, informes, metodologías y conclusiones, ensanchando cada vez más el concepto de «brecha salarial» y haciéndonos sentir culpables por esta sociedad de discriminaciones que hemos creado. Pero casos concretos, lo que se dice casos concretos de discriminación salarial por el mismo desempeño, si uno quiere encontrarlos, bien acude a la economía sumergida o se da una vuelta por las recopilaciones de jurisprudencia.

El portal invertia.com hizo una interesante encuesta el mismo día 8 de marzo. A la pregunta: ¿cree usted que se sigue perjudicando a la mujer en el mundo laboral? El 34 % afirmaba que las diferencias (salarios, puestos de responsabilidad) así lo indican; el 44% sostenía que no, que se ha convertido en un tópico y la mujer puede acceder a puestos de responsabilidad y a salarios igual que un hombre; el 2% sostenía que deben hacerse esfuerzos en una discriminación positiva para la mujer; mientras que el 19% opinaba que no tiene sentido seguir con políticas a favor de nadie porque ya somos iguales.

Es decir, la percepción del 63% de los participantes en la encuesta - que no debe tener menor valor científico que los trabajos de otros - considera que este asunto es más mito que otra cosa. Téngase en cuenta, además, que no se preguntaba si existe diferencia salarial por igual desempeño y que el 34% se pronunciaba afirmativamente a lo cuestionado en base a "lo que indican ciertos datos". Datos que hay que poner en cuarentena en muchos supuestos porque no se elaboran con el rigor que requiere una tema tan serio como este. Además, el perfil de los visitantes del portal mencionado es evidente que coincide con personas de cierto nivel cultural, profesional y también con una dilatada experiencia laboral. Factores trascendentales para considerar la información como fiable.

Los informes que avalan la tesis de la discriminación salarial

Si analizamos algunos de los informes que avalan la tesis de la discriminación salarial, comprobamos que esos documentos están muy bien construidos para conseguir un fin que se intuye previamente determinado. El mensaje final buscado se fundamenta en datos como el número de contratos temporales y las ganancias medias de los salarios atribuidos o las diferentes jornadas laborales o las ganancias medias anuales por actividad económica. También se alude con frecuencia al número de pensionistas hombre y mujeres y perceptores de prestaciones por viudedad y se ubica el anclaje de la discriminación en cifras como la ganancia media anual femenina respecto de la masculina, sin olvidar los ingresos salariales que en determinados porcentajes de mujeres se encuentran en el umbral del Salario Mínimo Interprofesional y que son inferiores al de los hombres.

La metodología confunde lo general con lo particular, que es lo verdaderamente importante cuando de discriminación estamos hablando. Confunden consciente y deliberadamente el análisis de una situación de la sociedad en lo que a mercado laboral se refiere en un momento determinado, con la denuncia de discriminación salarial por el mismo desempeño. Así, las líneas argumentativas y conclusiones se acercan más a la contabilidad creativa para lanzar un mensaje que cualquier otra cosa. Una estratagema mejor o peor diseñada para intentar persuadir con un discurso "buscado" y escapar así del elemento fundamental de análisis: la supuesta discriminación salarial por el mismo desempeño. Algo que, interesa recordar, goza de tutela judicial en nuestro sistema y no está expuesto a otras corruptelas, riesgos y servidumbres muy diferentes a los ordinarios de la tutela judicial de otros muchos derechos.

La crítica, por tanto, se centra en las metodologías, datos utilizados y conclusiones. Porque sería interesante que alguna de las organizaciones que tenemos a sueldo para elaborar estos informes nos ilustrara con un amplio elenco de supuestos reales y verificables donde constatemos las desigualdades salariales masivas que supuestamente existen en este país por la realización de las mismas tareas en la economía reglada. Entiendo que la economía sumergida quedaría fuera, no vaya a ser que quienes en ella se encuentran, reclamen también equiparación salarial en lo que a percepciones en negro se refiere. Es lo que tiene la economía sumergida. Vulnerabilidad. De todos.

El (de)mérito de la sociedad

Es fácilmente constatable que esta sociedad ha ido progresivamente incorporando a millones de personas a un mercado laboral hoy deprimido y en niveles históricamente inquietantes. Paralelamente a ese proceso ha ido fraguándose y desarrollando entre nosotros unas ideas que se debaten entre la cosmética y la sofística (otra vez) y que, so pretexto de posicionar derechos y mejorar la posición de ciertos sectores, han desembocado en una operación fraudulenta de gran envergadura, llegado incluso a violentar y adulterar otros derechos como consecuencia de las prebendas a ellas aparejada. Basta mencionar el gigantesco fraude respecto del derecho de asociación para el acceso a subvenciones. Ya sabe: "pongamos a nuestras mujeres o hermanas en la constitución de la sociedad y así accedemos a subvenciones y créditos blandos convocados para mujeres". Para algunos esto sería hasta positivo porque ofrece eso que denominan "visibilidad de la mujer". Una vez en los órganos de administración, nutren estadísticas útiles para ellos. Aunque es cierto que los verdaderos órganos de administración que ansían se encuentran en el IBEX; como si allí se llegará sin pasar antes por otras cloacas, vergüenzas y servidumbres varias.

Así las cosas, urge reivindicar que el proceso de igualación que hemos conseguido en nuestra sociedad se debe mayormente a nosotros mismos y poco más. El legislador y el séquito de organismos y entidades que teorizan al respecto y que tan caros nos salen, poco o nada tienen que ver en esto por mucho que ellos mismos sostengan lo contrario, intentando privarnos de nuestra propia evolución cívica y educativa.

No se puede sostener tan alegremente que nuestro mercado laboral sea un mercado que agrede o discrimina a la mujer por su condición de mujer. La mujer, como el hombre, en determinadas ocasiones se sitúa en una posición de vulnerabilidad sin que podamos extraer una teoría general concluyente bajo el enfoque de sexo. Es decir, cada vez que una mujer soporta un agravio laboral no podemos inferir que se materializa un atentado de género del mismo modo que cuando se agrede a un asiático no se comete necesariamente un acto racista y/o xenófobo. Sin olvidar, claro está, que hay mujeres - y también hombres - que han decidido libre y conscientemente reducir sus aspiraciones laborales o profesionales y centrarse en el hogar, la familia o la vida contemplativa. Esas opciones de libertad, para los nuevos ingenieros sociales, suponen información que acaba transformándose en material reivindicativo para justificar la existencia de discriminaciones y techos de cristal. Y todo esto, en un país donde no se dan las condiciones mínimas de acceso al trabajo decente para nadie. Nos podemos hacer una idea del nivel de despiste del personal y cuán irresponsables son las clases provisionalmente satisfechas o indemnes del desastre.

Por último, incidir también que a lo largo de la trayectoria profesional de una persona se suceden infinidad de situaciones de desigualdad o de agravio que, digamos, son «soportables», sin que ello signifique vulneración de derechos. Ascensos, reconocimientos, gratificaciones, mejores o peores tratos, etc. Cualquiera que tenga una experiencia laboral mínima comprenderá que el mundo del trabajo es una galaxia lo suficientemente compleja como para ser prudente a la hora acotar las relaciones e interrelaciones, así como para elaborar una teoría de género sobre la base de ciertas metodologías analíticas. Metodologías que podrían servir también para vociferar otras discriminaciones de todo tipo. Entre el colectivo de 20 años y el de 35 o el de 50; e incluso importantes discriminaciones dentro del propio colectivo femenino por motivos  tan banales como los estéticos. Curiosamente, esas metodologías no sirven para alarmar sobre la más infame e indeseable de las discriminaciones: la del talento.

 

Twitter: @JJGAlonso

Autor

Juan. J. Gutiérrez Alonso

Nací en Salobreña y estudié Derecho en Granada. Antes de terminar la carrera pude hacer un internship en el Chase Manhattan de Luxemburgo. Al año siguiente cursé un MBA y empecé a trabajar como abogado en Garrigues&Andersen. Luego decidí regresar a la Universidad de Granada para hacer un Doctorado que terminaría en el Real Colegio de España de Bolonia, uno de los lugares que considero más interesantes del mundo. En 2006 trabajé en la Embajada de España-AECID en Bolivia. Volví a la Universidad y desde 2009 hasta 2011 fui asesor en la Secretaría de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios. Ahora intento que mis estudiantes encuentren alguna lógica y entusiasmo en las categorías jurídicas, aunque últimamente la hallamos más en Groucho Marx o Charles Chaplin que en el BOE.

Suscripción RSS

Top 3 Comentarios más votados

  • #1 perhaps

    Sinceramente, se me hace que controlar distintos sueldos para las mismas tareas...