jueves 31 de julio de 2014

Desde la heterodoxia

Hacia una nueva moneda reserva mundial

Juan Laborda (07-04-2012)
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Occidente está inmerso en una profunda crisis económica sistémica asociada a un fuerte sobreendeudamiento del sector privado. La política monetaria es ineficiente, al estar en trampa de liquidez, y el efecto de las políticas fiscales es limitado. Bajo este análisis, en un contexto en el que la ortodoxia aún no ha asumido un proceso de reducción de deuda mediante quitas obligatorias, los países desarrollados buscan una mayor contribución externa para la recuperación de su demanda.

Para ello se necesita un mayor gasto agregado de aquellas economías emergentes que pueden crecer más vía componentes autónomos, básicamente de las economías BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y es aquí donde surgen diversos problemas, y donde se está produciendo, de manera soterrada, una guerra de divisas. China, por un lado, no revaluará el yuan tal como le pide Occidente. Los países emergentes más relevantes, los BRIC, que además son los principales acreedores del mundo, insisten en la necesidad de crear una nueva reserva mundial, obviamente con la oposición de los Estados Unidos.

China no revaluará el yuan

Los países más desarrollados están demandando a economías emergentes como China que aprecien su tipo de cambio y aumenten la demanda interna. Sin embargo, ello en sí mismo es una nueva contradicción: si los países emergentes crecen vía demanda interna, ¿quién financiará a Occidente?

El gigante asiático, vía “manipulación” de su divisa, ha registrado una acumulación brutal de reservas, contribuyendo a desequilibrios globales en las balanzas por cuenta corriente, a un crecimiento en exceso de la liquidez global, al no esterilizar gran parte de ésta acumulación, y, por lo tanto, a la generación de burbujas o inflaciones de activos. Bajo este razonamiento desde Occidente se pide a China que “acelere” la revaluación del Yuan.

Sin embargo, desde el lado chino se considera que no están tan claros los efectos de una fuerte revaluación de su divisa, el yuan. Jian Zhang y Hung-Gay Fung en un artículo publicado en 2006 bajo el título “Winners and Losers: Assessing the Impact of Chinese Yuan Appreciation” obtenían resultados demoledores para China.

Según estos autores, una revaluación del Yuan produciría un descenso generalizado en la riqueza mundial, incluidos Estados Unidos y Japón, pero China sería el gran perdedor (vía fuertes caídas en inversión y déficits fiscales). La única área que experimentaría una ligera ganancia sería la Unión Europea. Además, una revaluación del yuan no ayudaría a mejorar el déficit comercial de Estados Unidos u otras áreas. Son consecuencia de tasas de ahorro negativas.

Según ese análisis, además, se produciría un impacto negativo en los tipos de interés similar a la trampa de la liquidez que experimentó Japón en los 90: primero, presiones de inflación y descensos en los tipos de interés, tanto nominales como reales; después inefectividad de la política monetaria. Este es el auténtico miedo de las autoridades chinas.

Bajo estos resultados los autores recomendaban al gobierno chino no ceder a las fuertes presiones occidentales de revaluar de manera importante el yuan, y sólo implementar pequeños ajustes cuando las presiones fueran fuertes: sus recomendaciones se están aplicando a pies y puntillas por parte de las autoridades del gigante asiático.

Necesidad de una nueva reserva mundial

Para compensar el desapalancamiento del sector privado, los países más desarrollados, entre ellos España y Estados Unidos, están buscando que los estímulos para la demanda doméstica procedan de las exportaciones, es decir, buscar una mayor contribución externa para la recuperación de la demanda. Para ello se necesita un mayor gasto agregado de las economías emergentes que puedan crecer más vía componentes autónomos.

Pero aquí surge un problema: los países BRIC, alguno de los cuales, como Brasil, en las últimas dos décadas se habían visto sometidos a políticas monetarias y fiscales muy restrictivas por parte de los organismos internacionales, se muestran perplejos ante los desequilibrios galopantes de Estados Unidos, y reclaman una nueva moneda reserva supranacional que supere al dólar, con el fin de balancear el mundo.

La creación de una moneda supranacional reduciría el impacto de una devaluación del dólar, y es lo que los países BRIC empiezan a reclamar cada día con mayor intensidad.  Por el contrario, Estados Unidos, no quiere abandonar el papel del dólar como moneda reserva, ya que tendría problemas de refinanciación de su deuda, y podría entrar en un proceso similar al de Argentina en 2001.

Si aplicamos la “Ley de Thirwall”, que nos da la tasa de crecimiento máxima atendiendo a la restricción de la balanza de pagos de un país, se observa como Estados Unidos presenta unas tasas de crecimiento netamente superiores a las pronosticadas por dicha ley, merced al inmenso déficit comercial que los demás países aceptan financiar, comprando masiva, y quizás irracionalmente, bonos y letras del Tesoro estadounidense. Eso sólo lo posibilita el que el dólar sea la moneda reserva internacional.

El dilema de Robert Triffin

En realidad, lo que subyace de este análisis, es que nos encontramos inmersos en una vieja paradoja: el dilema de Robert Triffin. Si Estados Unidos deja de tener déficit por cuenta corriente, consecuencia del actual proceso de desapalancamiento en el que está inmerso, la comunidad internacional perdería su principal fuente de reservas, produciéndose problemas de liquidez, entrando en una espiral contractiva. Sin embargo, un excesivo déficit por cuenta corriente erosionaría el valor del dólar de manera que no se aceptaría como moneda reserva.

La opción de crear una nueva moneda reserva supranacional cuenta con la oposición frontal de Estados Unidos y Reino Unido. Por lo tanto, la solución más razonable para los distintos aquellos países que acumulan reservas, y que ya se va extendiendo a lo largo del tiempo, pasa por reducir la dependencia del dólar y de los bonos del Tesoro estadounidense, y complementarlos con otros activos de reserva, especialmente de países BRIC. Este proceso imparable ya está en marcha, especialmente en un contexto de vulnerabilidad de la economía norteamericana. En 2013 Estados Unidos debe implementar un duro ajuste fiscal que se traducirá en una contracción económica similar a la de Reino Unido. ¿Acabará en una crisis del dólar, tras la cual no quede más remedio que crear una nueva moneda supranacional? Es probable.

Autor

Juan Laborda

La actual crisis económica ausculta algo trascendental que no se debate en los medios. Se trata del vacío intelectual y del escaso soporte empírico de muchas teorías macro y micro que se imparten en las universidades y se engullen como dogmas de fe. Tras ser economista y estratega jefe de varias entidades financieras, alguien ha tenido la ocurrencia de ponerme un blog; con él aspiro a irrumpir en los cafés, las facultades y las porfías entre enemigos reconciliables para evidenciar las carencias de las teorías dominantes.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #2 TEX

    Pues creo que no es probable a corto plazo Sr. Laborda. ¿Se acuerda del...

  • #4 delgado

    el periodista que escribe el articulo y la realidad están enfadados,el odio de...

  • #5 inxs5000

    Si claro, una nueva moneda supranacional, fiduciaria, por supuesto, que puedan...