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Game Over - 08.04.2012

La ¿increíble? deriva del Gobierno Rajoy

"…Estoy plenamente decidido a ser el Presidente de todos y a anteponer siempre, en toda ocasión, el interés general a cualquier interés particular". Estas palabras, extraídas del discurso pronunciado por Mariano Rajoy la noche electoral del 20 de noviembre de 2012, generaron unas expectativas que, poco tiempo después, se han visto en gran medida defraudadas. El desencanto al que apunto no tiene nada que ver con el hecho de que muchos, en un ejercicio de candorosa ingenuidad, pensaran que la solución a la crisis habría de llegar de forma casi instantánea con el cambio de gobierno. No. Me refiero a que han bastado poco más de tres meses para comprobar que el interés general sigue estando a merced de otras cuestiones menores como son los intereses de partido. ¿Cómo si no explicar que los Presupuestos Generales del Estado hayan tardado tanto en ser presentados en sociedad y que este acontecimiento se haya producido, casualmente, pocos días después de las elecciones andaluzas? Son este tipo de maniobras, junto con otras carencias muy preocupantes del actual gobierno, las que dan el tiro de gracia a la precaria confianza que tanto nacionales como extranjeros podían tener aún en la solvencia, no sólo económica sino también funcional, de esta nación llamada España.

Ahora muchos se alarman porque la prima de riesgo no solo alcanza los niveles de noviembre de 2011 sino que se dispone a superarlos. ¿De qué se sorprenden? Vamos camino de los cuatro meses de legislatura y todo está por hacer. Hemos incumplido el déficit y tanto la reforma laboral como la reforma financiera apenas alcanzan a ser un débil reflejo de lo que se esperaba de ellas. La primera, porque el mercado laboral continua fragmentado. Y la segunda, porque la reestructuración del sistema financiero requiere de una cantidad de dinero tan abrumadora –un dinero que nadie está dispuesto a proveer– que las fusiones dan lugar a entidades "zombies" aún más grandes, cuyas deudas, lejos de diluirse, se amontonan. Y en cuanto a los Presupuestos Generales del Estado, qué decir de este sudoku de recortes arbitrarios cogidos con alfileres que hasta el Ministro de Hacienda no acierta a explicar ni aun recurriendo a la cuenta de la vieja (1.f. coloq. cuenta que se hace con los dedos o con otro procedimiento semejante).

Quiera o no este gobierno o el que sea, estamos abocados a revisar los grandes tótem de nuestra democracia, que son el modelo político y territorial y los tres pilares del Estado de bienestar: la educación y la sanidad pública y el sistema de pensiones. Y ahora que Zapatero ya no está en el gobierno, ¿hasta cuándo seguiremos dando tumbos y rodeando los problemas en vez de afrontarlos? ¿Tan difícil es aceptar que, desde el mes de mayo de 2010, a nuestro país se le acabó el crédito y sin éste no hay margen alguno para seguir enfrascados en el cálculo político?

La irresponsabilidad no es sólo cosa de políticos

Aquí, el que más y el que menos cree que la sanidad es gratuita, la educación también y, en general, que vivimos en un Estado donde lo público no cuesta dinero. Privilegios y derechos todos que no precisan contrapartidas ni sacrificios porque así lo dejó escrito algún iluminado profeta. Muy pocos se preguntan cómo se pagan los servicios y beneficios sociales que tanto defendemos. Y pese a los infinitos escándalos de corrupción de la clase dirigente, parecen ser los ciudadanos los más fervientes creyentes de que los dineros públicos llueven del cielo. Lo cual evidencia que la irresponsabilidad no es privativa de la clase política sino que también abunda en la calle. De hecho, la sociedad es cómplice de las acciones más censurables de nuestros políticos, como recientemente hemos podido comprobar en las elecciones andaluzas. Ni siquiera los más jóvenes se libran de la sospecha, pues, además de que la sagrada y costosa educación pública es sistemáticamente desaprovechada por un número cada vez mayor de estudiantes, es un secreto a voces que miles de becas han servido durante años para financiar destinos turísticos, vacaciones pagadas y sonoras juergas.

Ahora bien, que nuestros males se deban a una crisis financiera exógena o a la corrupción material y moral de nuestros políticos o de todos nosotros, no cambiará nada. Sea por méritos propios o ajenos – allá el que quiera engañarse a sí mismo –, estamos, de nuevo, al borde de la intervención y la quiebra. Que el principio causa-efecto que nos ha llevado hasta aquí escape al entendimiento de la izquierda entra dentro de lo previsible, habida cuenta de que en la historia universal ni un solo gobierno socialista ha sabido proporcionar un mínimo bienestar a sus gobernados sin que ello llevara aparejada la quiebra. Pero, ¿cómo aceptarlo de un gobierno que, se supone, aglutina a conservadores y liberales? Para reflexionar sobre esta pregunta, quizá sea oportuna la siguiente cita de Thomas Jefferson: "Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como el principio del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, mientras que los malos o débiles obedecerán al primero".

Ahora, con la vuelta al estrés y al sobresalto, un puñado de personajes ilustres apelan a los dos grandes partidos para que formen un gobierno de concentración, lo cual entraría de lleno en la lógica evolutiva de nuestro modelo político. De hacerlo, podríamos argumentar ante nuestros descendientes que España se fue por el sumidero de la historia porque nuestra democracia terminó por ser idéntica a la de Cuba, Laos, Turkmenistán o Eritrea. Sin embargo, si bien es cierto que Mariano Rajoy parece atrapado en el laberinto de un sistema que se opone a cualquier reforma de verdad profunda, no hay que perder la cabeza. El miedo obra milagros. Y pese a que el principio del deber aún no encuentra su sitio en España, es de esperar que el temor al desastre nos devuelva algún día la cordura. Y quién sabe, a lo mejor salimos de ésta.

Twitter: @BenegasJ

Autor

Javier Benegas

De la generación que creció con el estigma del 22% de desempleo crónico; de aquellos que nos vimos obligados por las circunstancias a estudiar y trabajar al mismo tiempo. Por lo tanto, esta crisis no me asusta o no me asusta demasiado. De hecho, soy optimista, porque la vida me ha enseñado que nada es por completo imposible. Aunque mi profesión actual poco tiene que ver con aquello que estudié en su día, siempre he tenido la vocación muy viva, lo cual ha hecho que, en la práctica, esté en contacto con dos mundos muy distintos: el de los profesionales liberales y el de la política y los intereses creados. Pertenezco al primero, por principios y, sobre todo, por amor a la libertad (soy liberal de los pies a la cabeza). Pero vigilo muy de cerca al segundo, porque, nos guste o no, es el que condiciona y mucho nuestras vidas. El título de este blog no hace referencia a ningún cataclismo, sino al hecho de que estamos incursos en una transformación que será trascendente. Seamos pues moderadamente optimistas.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #6 McMurphy

    El sacrificio al que apelan los que tienen 5 sueldos, chofer y en 7 años...

  • #3 beppe

    @@Morgan #2 buenos dias desde Bcn le doy la razon en casi todo, pero... a la...

  • #5 Morgan

    @@beppe #3 Personalmente no siento ninguna pena que gente que especula pierda...