miércoles 23 de abril de 2014

Desconfíen siempre del Gobierno

El banco malo siempre vuelve

Rubén Manso (26-04-2012)
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Llevábamos una temporada sin que se hablase del famoso banco malo como solución a los problemas del ladrillo que tienen atenazada a nuestra banca. Creo que no estaría de más aclarar algunos conceptos para enfrentarnos a la discusión que, sobre su conveniencia, viene manteniéndose. Lo primero es que el famoso banco malo no sería un banco. ¿Quién querría depositar sus ahorros en un banco así? Por otro lado: ¿qué novedad hay en adjetivar a un banco de malo?

Técnicamente se trataría de una sociedad a la que las entidades traspasarían sus activos inmobiliarios a cambio de acciones de la misma. A partir de aquí, dicha sociedad gestiona como liquidar o poner en rentabilidad los inmuebles, mientras los accionistas deciden qué hacer con los títulos que han recibido. Todas las posibilidades técnicas que se puedan imaginar sobre este asunto vienen estudiándose desde hace tres o cuatro años y están agotadas: que si sociedades palomo, yo me lo guiso yo me lo como, de un único accionista, que si sociedades de mus donde varios accionistas, que no se fían ninguno de los activos que han aportado los demás y todos intentan aportar lo peor de lo que tienen, van a grande cuando llevan chica… Todas estas posibilidades no han funcionado, al margen de temas regulatorios con los que no les quiero aburrir: que si dichas sociedades consolidan o no con sus matrices, que cuántos recursos propios consumen a las entidades accionistas…, porque al final nadie quiere vender inmuebles a los precios que se vienen barajando en los mercados.

Y en esto llegó el RD Ley 2/2012…

Con el que el ministro señor de Guindos  ha querido, con buen criterio, buscar una solución a este no hacer nada que es lo peor que se puede hacer.  La citada norma pretende crear unas condiciones contables que incentiven a las entidades a deshacerse de sus carteras inmobiliarias de aquí a fin de año. De alcanzarse su objetivo se clarificaría mucho, si no definitivamente, la situación de solvencia de las entidades y esto, a algunas de ellas, no parece gustarles porque las abocaría a su desaparición, razón por la que el banco malo ha resucitado haciendo honor al dicho de que bicho malo nunca muere.

El banco malo que se pretende periódicamente es el que he llamado en ocasiones anteriores el banco peor, porque necesita ayuda pública de algún tipo. Se trata, en definitiva, de hurtar al mercado la posibilidad de adquirir los activos que las entidades necesitan vender, porque los precios  a aquéllas no les gustan.

La forma de constituir el banco peor  pasaría básicamente por atribuir la propiedad del mismo a algún ente público estatal y que el Estado, por otro lado, entregase, a las entidades aportantes, deuda pública a muy largo plazo en pago de los inmuebles recibidos.  A partir de aquí, las instituciones beneficiarias de los títulos de deuda podrían convertirlos en liquidez en los mercados en cualquier momento y el Estado ir vendiendo los activos en un plazo muy largo, que sus antiguos propietarios no se podían permitir.  Los bonos emitidos podrían tener un tipo muy bajo, un plazo muy largo y un nominal muy superior al precio que los inmuebles tendrían en los mercados para evitar la contabilización de pérdidas a las entidades en la proporción de dicho bonos que no vendieran. El Estado podría cosechar aparentemente una buena rentabilidad a largo plazo por la diferencia entre el rendimiento de los activos adquiridos y el coste de la financiación. Sin embargo, sólo sería, como he dicho, aparente porque el resto de la deuda pública dispararía su coste financiero. Al final, como siempre, habría un traspaso de recursos públicos.

Abandonen toda esperanza

Este debería ser el mensaje que las autoridades deberían transmitir a las entidades que pretenden la creación de un banco malo con ayuda pública. De ese modo, y como el RD Ley 2/2012 les fuerza a reconocer unos deterioros en sus inmuebles antes del fin de 2012 que pueden superar a los que resultarían de vender en las actuales condiciones de mercado, el sector bancario aceptaría las ofertas que viene recibiendo y clarificaríamos la situación del mismo y del mercado inmobiliario. Otra actuación se llevaría por delante los esfuerzos gubernamentales para embridar las cuentas públicas.

Al fin y al cabo, cuando se está sobreendeudado, ya sea el Estado, ya sea el sector de entidades de crédito, no basta con racionalizar los gastos ni con recortarlos, sino que hay que vender incluso en malas condiciones para pagar lo que se debe. En eso consiste el proceso de reasignación que de la riqueza hace el mercado: cuando usted gestiona mal debe entregar los recursos a otro para que los ponga en rentabilidad. No sólo en beneficio propio, sino de todos.

@rubenmansolivar

Autor

Rubén Manso

Para la mayoría de los españoles mi itinerario profesional sólo demuestra que he perdido la cordura. Comencé mi actividad en la Administración  Pública (Banco de España), continué como empleado por cuenta ajena (dedicado a la banca y la gestión de activos) y he terminado dirigiendo mi propio despacho profesional (básicamente sobre regulación financiera) y siempre al fondo, como una dedicación menor en horas y mayor en pasión: la Universidad. No sé si es que no me gustan los jefes o es que creo que yo soy el mejor jefe del mundo. En cualquier caso, me he elegido para dirigir mi vida profesional mientras la otra la dirige mi mujer. Pero es que ella, sin lugar a dudas, es la mejor jefa del mundo.

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  • #1 Fran

    Esperemos que el gobierno no ceda ante la presión de los poderes facticos y...

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    Voy a intentar contestar a algunas de las cuestiones que me plantean. La...

  • #7 JAKS

    Entendería la creación de una inmobiliaria por cada EEFF que consolidara,...