jueves 31 de julio de 2014

Economista ciudadano

El sistema financiero nos prefiere analfabetos

Alejandro Inurrieta (08-05-2012)
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Los episodios recientes, estafas en Rumasa o Afinsa, pero también lo ocurrido con las participaciones preferentes pone de manifiesto que la formación financiera de los potenciales clientes es baja, pero también lo es la del canal de distribución. Esto se ha traducido en que a través de los canales de venta de buena parte del sistema financiero se han vendido productos muy sofisticados, el portero de mi casa me preguntaba por los warrants de Telefónica cuando me saludaba y me había visto en Televisión, y otros más sencillos, como las recientes acciones de Bankia. Este entramado de vendedores sin apenas formación, ha sido el encargado de distribuir todo un arsenal de productos, cuyo riesgo escapaba claramente el apetito de una gran parte de los clientes, máxime en el segmento de pensionistas, que ahora ven cómo ante las necesidades crecientes, parte de de dicho ahorro se ha volatilizado.

Claras estafas

El creciente peso de la economía financiera y el apetito creciente de rentabilidades elevadas, en un contexto de baja inflación y bajos tipos de interés es cierto que ha multiplicado las operaciones arriesgadas, llegándose al límite en el caso de Afinsa o Rumasa, con claras estafas en un contexto de cierta elusión de responsabilidades por parte de los estamentos de supervisión, como la CNMV o el propio Banco de España.

Ante esta situación, la UE elaboró una directiva que fue transpuesta en España con el nombre de MIFID. Este texto supuestamente establecía un formalismo en lo que debería ser una advertencia al cliente final de los riesgos inherentes al producto que están comercializando. Estas cuatro o cinco preguntas de trámite no han servido para evitar casos flagrantes de lo que debería ser un buen consejo financiero hacia colectivos con una clara asimetría de formación e información. Incluso, en algunos casos, violando el principio de confianza y lealtad, presuntamente se ha falsificado la firma de los clientes para realizar operaciones.

Es precisamente este término, confianza, el que se invoca para desde las entidades financieras manejar a los clientes, no ofreciéndoles el mejor producto, sino el producto que la dirección les obliga a vender, a veces sin escrúpulos, y por los que cobran sus bonus a finales de mes o año. Un ejemplo claro son las participaciones preferentes. El propio nombre ha servido como señuelo para darle el empaque suficiente y empatizar con muchos pensionistas haciéndoles creer que son clientes preferentes de la entidad. Si no fuese así, cómo alguien que tiene una elevada edad contrataría un producto cuyo vencimiento tiene un horizonte temporal de 30 o 40 años. Y cómo alguien con información y/o formación compraría un producto cuya venta es casi imposible en un mercado prácticamente ilíquido, como es el de preferentes en AIAFF.

Analfabetismo financiero

Estas y otras actuaciones, como comercializar bonos del Estado Argentino cuando estaba prácticamente quebrado el Estado en los años 90, son prácticas que alguien debería desterrar de este mercado. La propia MIFID trajo la obligación de separar el análisis y las recomendaciones, de la comercialización de productos, lo que son las EAFIS, entidades independientes de las entidades financieras. Su escaso desarrollo, y la dificultad para que los clientes finales quieran pagar por este servicio, hace muy complicado que triunfe esta separación.

Por ello, tal es una buena idea que las entidades públicas de consumo, siempre que estén dentro de la órbita de economía y abandonen la de sanidad, sirvan de arbitraje y fuente de información fidedigna, sin intereses comerciales, para que los consumidores puedan formarse una opinión formada y cierta, de qué productos se adaptan mejor a su perfil de riesgo, y solo ir a las entidades y a la compra final. Hasta ahora el analfabetismo financiero de una buena parte de la sociedad, ha generado pingues beneficios para el sistema financiero y ha provocado quiebras más o menos explícitas a muchos ahorradores, unos fiándose de personales como Ruiz Mateos, otros dejándose engañar por la filatelia, pero muchos creyendo lo que un amable y respetable director/a  de oficina bancaria les vendía como el producto más apropiado para su situación, aunque no supiese lo que estaba vendiendo. Y mientras, en Economía y el Banco de España el tiempo pasa sin ningún remordimiento.    

Autor

Alejandro Inurrieta

Mi paso por la Universidad, donde me desencanté de la docencia, por la empresa financiera, donde vi las carencias del sistema y finalmente el paso por la política nacional, Ministerio de Economía como asesor, y la local, concejal en Madrid, me han hecho abrazar y admirar el concepto de economista ciudadano.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #1 Pio

    El sistema financiero, el político, el docente, el empresarial y algunos más...