miércoles 3 de septiembre de 2014

El blog de José Luis Ortín

El Cajicidio, otra pérdida de valores (III)

José Luis Ortín (09-05-2012)
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Así acabaron con las Cajas de Ahorros

Hemos hablado de las causas internas y externas y algunos agentes que originaron la desaparición de las Cajas de Ahorros con la pérdida de sus tradicionales valores como telón de fondo. Ahora veremos cómo se consumó el drama y cómo queda  la herencia.

Presumiendo de músculo

Y mientras, tanto los responsables políticos autonómicos como los nacionales y, lo que es más grave, los encargados de vigilar el gallinero: los dirigentes del Banco de España,  presumiendo del músculo de nuestro sistema financiero –¡sus inspecciones miran con lupa una a una todas las operaciones relevantes!- porque del disparate citado también participó la Banca, sólo que ésta  podía acudir rápidamente al dinero de sus accionistas para sanearse, mientras que las ‘Cajibancos’ de nuevo cuño tienen que inventárselos y ni andan sobrados de credibilidad ni han demostrado sus dirigentes, precisamente, mucha creatividad al respecto. Sencillamente porque sus saberes eran distintos y muchos de ellos los despreciaron para jugar a ser ‘botinicos’.  Eso sí, ‘enjugascaos’ con las perras de otros, que es facilón, y escandalosamente  bien pagados en su inmensa mayoría para lo que han demostrado. Algunos no tendrían años para pagar si hubiera justicia. Pregunten en la calle.

La increíble incapacidad de anticipación

Y ya, si hablamos de la capacidad de los diversos responsables de las Cajas para anticiparse a los acontecimientos, con ‘tropecientos’ gabinetes de estudios y un sinfín de altos ejecutivos propios y consultores externos para mil cosas, apaga y vámonos. Allá por 2.005/6, era tal el grado de saturación del sector inmobiliario y de su recalentamiento, básicamente por ser un mercado refugio rentable para quien disponía de ahorros, que cinco de cada diez compradores de viviendas eran inversores.  Lo que anticipaba un mercado ya más macoco que maduro al borde del agotamiento. Y eso hubiera sucedido con y sin crisis financiera mundial. Otra cosa es que sin la insensatez del gobierno socialista hubiera habido un aterrizaje más suave. Pues bien, las Cajas en esos años aceleraron el clímax de su orgiástica carrera inversora.

Basta un ejemplo notable. En 2.008, en pleno estallido de la crisis, las dos Cajas de mayor tamaño de este país, La Caixa y Caja Madrid, le prestaron a Martinsa 1.000 M de Euros por barba para comprar Fadesa; ¡Ay, el famoso tamaño!  Y qué no harían algunas otras con peor perfil.

Consecuencias finales

Las consecuencias de la desaparición de las Cajas las pagaremos todos. Los millones de clientes sin mucha capacidad negociadora porque verán reducidísima la oferta financiera con quien negociar sus necesidades. El propio sistema financiero y la economía española en su conjunto porque la competencia genera demanda y aviva la creatividad y la innovación de sus agentes. Los poderes públicos autonómicos han perdido sus jugueticos financieros, y he aquí quizás la única consecuencia positiva y también perseguida por muchos dirigentes profesionales del sector de Cajas,  para apoyar sus ensoñaciones políticas buscando reconocimientos personales, cuando no otras metas más oscuras en algunos casos. Y para los empleados recientes de las antiguas Cajas y los que vengan ahora se ha acabado un empleo estable y razonablemente pagado. Ahora, acelerando la tendencia marcada hace algunos años, se demanda a jovencillos aspirantes a ‘mileuristas’, eso sí, con carreras, idiomas y máster de todo tipo, a los que frustrar quemando sus expectativas en pocos años en aras de una inmediata incidencia en la cuenta de resultados por su menor costo. Todos conocemos a directivos con poco más de cincuenta años que ahora, cuando podrían explotar al máximo sus experimentados conocimientos en una  situación tan difícil, toman el sol plácidamente como prejubilados o similares. Un lujo derrochador,  estéril y escandaloso que se permite este país normalmente con los impuestos de todos. 

Y eso por no hablar de la angustiosa situación que viven muchos antiguos empleados que ahora se ven abocados a sufrir los ERES correspondientes, al hilo de la reciente reforma laboral, aplicados en el sector de las antiguas Cajas con nocturnidad y oportunismo, por injustificados en la realidad y en el fondo. Ellos no tienen la culpa del desastre auspiciado por otros.

Sin sus valores de nacimiento

Las Cajas, que con sus valores de origen eran otra cosa, han devenido en entidades sin alma que sólo viven para su cuenta de resultados. A partir de ahora, como Bancos que son, harán más o menos felices a sus accionistas pero antes vertebraban social y económicamente, porque también eran rentables, a más de la mitad de los más de 40 millones de españoles; seguramente los más débiles. Muchos culpables de este crimen saldrán en los papeles; algunos hasta como prohombres y condecorados y otros, los menos, de más simpleza y menos relieve, como los malos de la película. Los ganadores: los grandes banqueros y algunos de los nuevos a lo suyo, a amasar millones propios o ajenos con sueldos estratosféricos y mucho ‘couché’, porque lógicamente no son ONG.  Los perdedores: millones de españoles y pequeños empresarios, a limosnear préstamos con intereses ignominiosos y pedir servicios por favor. Un zurrón y al campo, vamos.

Y además, de la gran profesionalidad del familiar “buenos días, sí la 4748…¿cómo está Ud.? ¿qué tal sus hijos?”, al frío y aséptico “Si quiere saber su saldo una comisión de 2 E. y pulse 1...” Eso sí, con mucho gris rancio y azul pavo y sofisticados aparatitos de por medio.

Entre personas, aprovecharse de la indefensión del débil, sangrándolo, y agachar la cerviz ante el poderoso siempre ha sido un oficio cobarde. Aparte de un exponente ruin de pérdida de valores y mal negocio a la larga.

Una oportunidad para innovadores inteligentes

Aunque algunos no lo crean ni sepan verlo, porque ahora  es  ‘incorrecto al uso’, la creatividad también está de luto y te pueden llamar nostálgico, algún día, cualquier innovador inteligente volverá a los valores perdidos en el sistema financiero y acabará, rentablemente, con la rampante  mediocridad actual. Siempre el rebaño y el péndulo.

En algunos sectores económicos y sociales de más visión estratégica ya están en ello, Mercadona o H&M por ejemplo, porque valores como la cercanía, el tacto, la confianza, la credibilidad, el servicio eficiente, la atención eficaz, los productos necesarios, los precios razonables, la calidad, la creatividad, la empatía con las personas ¡considerando a tus empleados tus primeros clientes!, nunca pasan de moda en ninguna actividad humana.

Y ya, si se hace con amabilidad y la pasión por el trabajo bien hecho para devolverle la confianza que te regala acudiendo a tu establecimiento, entonces tienes ganado al cliente y negocio para largo. Como decía un viejo y sabio conocido, “el dinero se gana con los amigos”. Pues eso, si la persona – ¡siempre la persona! - percibe tu buena voluntad, te devolverá la suya. Ahí está el auténtico beneficio perdurable. El de las Cajas de siempre.

Autor

José Luis Ortín

El carrusel de la vida me ha traído hasta aquí tras cuarenta y tantos años  trabajando; veinte en las antiguas Cajas – director de marketing en mi último decenio-  y un paso fugaz dirigiendo  una importante  industria de alimentación. Paralelamente, conocí la universidad  en dos etapas complicadas cursando estudios de Derecho, Historia y Empresariales: la agonía del viejo Régimen y la Transición.  Y  otra veintena larga como empresario de marketing y publicidad, gestión y promoción inmobiliaria, formación, agricultura y ganadería, I+D+i industrial sobre aguas, y ocio y deporte.

Mi avatar ha vivido muy estrechamente por obligación y cercanía personal el mundo de la comunicación, colaboraciones incluidas; el de la política y sus personajes; y el de diversos sectores sociales y deportivos, hasta presidir un equipo de fútbol profesional. Ahora, razonablemente regular y libre, hago lo que me apasiona disfrutando de mi familia y amigos: leer mucho, escribir, publicar de todo y hacer deporte. Además, disculpen, de compartir algunas reflexiones que un sexagenario reciente puede trasegar en base a la experiencia y a la información que todo lo anterior todavía le alcanza.

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