domingo 31 de agosto de 2014

Economista ciudadano

Reforma laboral por decreto, de la CEOE

Alejandro Inurrieta (10-01-2012)
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La enésima reforma laboral, que empezó en 1984 con la introducción de los contratos temporales, está a punto de ver la luz, aunque no es seguro que se alcance un acuerdo entre las partes. En este largo viaje se han modificado las condiciones de contratación, se han introducido las empresas de trabajo temporal, que ahora son intermediarios laborales, se han reducido los costes de despido y los salarios de tramitación, la casuística de contratación, la tipología de contratos, las causas objetivas del despido, es decir un largo recorrido. En general, el mercado de trabajo se ha hecho más flexible, aunque siguen existiendo rigideces, pero globalmente se puede concluir que el poder de negociación de los trabajadores se ha reducido notablemente y que las condiciones de trabajo en muchos sectores se han deteriorado.

Con estas premisas, el mercado laboral ha visto cómo se ha creado mucho empleo, la mayoría temporal, durante los años del boom económico, (1996-2007), se ha mantenido la moderación salarial, las rentas del trabajo han perdido peso en la Renta Nacional desde 1994 incluso a pesar del fuerte crecimiento, lo cual indica que el factor trabajo no ha supuesto un problema en el fortísimo ajuste de cantidades en el mercado laboral.

Las sucesivas reformas laborales no han mejorado la estructura del mercado de trabajo. Han añadido burocracia y escasa mejora en un mercado más equitativo y eficiente. En ningún caso, han creado empleo por sí solas.

En esta nueva etapa, los agentes sociales encaran un ultimátum por parte del ejecutivo, cuya motivación es únicamente política, pues una gran mayoría de expertos saben que solo un tirón de la demanda agregada generará empleo a corto plazo. Por ello, no parece creíble la prisa por alcanzar un acuerdo, salvo que se quiera aprovechar de la debilidad política y sindical en un contexto de elevado desempleo. La próxima reforma laboral volverá a modificar la intermediación laboral, la contratación y pretende dar una vuelta de tuerca a la negociación colectiva, así como reducir drásticamente los costes de salida, y los salarios. La posición de la CEOE es muy dura, e incluso plantea la eliminación del Salario Mínimo Interprofesional.

Con estos antecedentes, la CEOE tiene un programa máximo, cuyo modelo sería el mercado de trabajo de los/as empleados/as de hogar. Este mercado es completamente flexible, se puede modificar la jornada laboral sin ningún problema (quédese esta noche que los señores vamos a salir), se puede contratar por horas, semanas, días o meses, sin necesidad de contrato reglado y sin salario mínimo. Así mismo, el coste de despido es cuasi nulo y no había obligación de dar de alta a la Seguridad Social, ni pagar vacaciones o bajas por enfermedad.  Y en el límite tampoco hay convenio sectorial, y la negociación se realiza de forma individual, pactando las condiciones de trabajo y salario con cada trabajador. Esto es la aproximación máxima a la reforma laboral que plantea la CEOE.

El programa máximo de la CEOE se asemeja al mercado laboral de los/as empleados de hogar.

Por el contrario, los sindicatos plantean una serie de mejoras, especialmente en materias de intermediación y contratación. En materia de intermediación, los sindicatos plantean la creación de un servicio público de orientación profesional con carácter permanente y accesible a todos los ciudadanos/as. La adaptación de las acciones que componen el conjunto de las políticas activas a los distintos colectivos. En este punto, hay que hacer constar que no todas las acciones que se realizan con demandantes de empleo tienen el mismo nivel de eficacia, ya que las condiciones con las que se accede a la situación de desempleo son muy diversas y van desde su nivel de cualificación, hasta el nivel académico. Las políticas activas de empleo han de convertirse en un servicio y no reducirse a programas. En este sentido, estas políticas ocupacionales han de transformarse en un servicio continuado y permanente en el tiempo, gratuito y universal.

En materia de intermediación, la flexibilidad alcanzada parece suficiente, con al incorporación de las agencias privadas e colocación. Urge un verdadero Servicio Público de empleo en políticas activas.

En materia de contratación, las posiciones están más alejadas. Las modificaciones a llevar a cabo en el régimen del contrato a tiempo parcial tiene que respetar el mandato legal sobre contratación de carácter general, recogido en el Art. 1256 del Código Civil, que ordena que la validez y el cumplimiento de los contratos no puede dejarse al arbitrio de uno de los contratantes, no se puede romper la naturaleza estricta el contrato de trabajo, que exige el equilibrio en las prestaciones de ambas partes.

La reducción temporal de la jornada, tanto en el contrato a tiempo completo como en tiempo parcial, ya está contemplada en el Art. 47 del Estatuto de los trabajadores por las causas y procedimientos previstos en el mismo, por lo que no es preciso reforma alguna, ya que la previsión actual conlleva suficiente grado de flexibilidad para afrontar situaciones de carácter coyuntural. Si lo que se pretende es una novación del contrato a tiempo completo en contrato a tiempo parcial con carácter indefinido, que hoy (Art. 12.4.e del ET) tiene carácter voluntario, sólo sería posible a través de autorización administrativa en expediente de regulación de empleo por causas económicas, siempre y cuando no conlleve una reducción de la jornada de más de un 34%, es decir el contrato novado a tiempo parcial debería tener como mínimo una jornada del 66% del tiempo completo comparable.

Asimismo en el supuesto de extinción posterior del contrato de trabajo, la indemnización se calcularía a razón del salario correspondiente a jornada completa. Igualmente se tendría derecho a prestación de desempleo por la jornada reducida, sin que conlleve en el supuesto de una posterior extinción del contrato, consumo de la misma. Otra posibilidad respecto a la prestación de desempleo es que, en el supuesto de una posterior extinción del contrato, sea calculada a razón de la base de cotización que hubiera correspondido por jornada completa.

En el aspecto de contratación, la CEOE plantea derogar alguna parte del ordenamiento jurídico para el cambio de jornada laboral de fijo a temporal. El problema es saber por qué aquí no funciona el contrato a tiempo parcial. Tal vez, porque no se cumple la jornada.

La CEOE, por el contrario, plantea que la jornada se pueda modificar en cualquier momento, y sin justificación, cambiando un contrato a tiempo fijo a otro a tiempo parcial, sin trámite administrativo previo.

En resumen, las posiciones en materia laboral están bastante alejadas en materia de contratación, y especialmente en reglamentación, costes de despido y negociación colectiva. La alternativa ya se sabe cual será, un RD dictado por CEOE, habilitado por una mayoría parlamentaria suficiente, un silencio político y sindical y unos resultados tendentes a diseñar un mercado laboral prácticamente sin reglas y con pérdida notable de poder de negociación del factor trabajo. Eso es lo que se ha votado.

Autor

Alejandro Inurrieta

Mi paso por la Universidad, donde me desencanté de la docencia, por la empresa financiera, donde vi las carencias del sistema y finalmente el paso por la política nacional, Ministerio de Economía como asesor, y la local, concejal en Madrid, me han hecho abrazar y admirar el concepto de economista ciudadano.

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