lunes 1 de septiembre de 2014

Blogomaquia

La ciencia de la ficción

Teresa González Cortés (17-05-2012)
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Hace medio millón de años nuestros ancestros empezaron a emplear el fuego, habilidad que requirió gran destreza técnica y que acompañaría a otros hitos no menos fundamentales como la fabricación, a partir del barro, de utensilios de cocina o la transformación química de los alimentos a través de la cocción, por poner dos ejemplos “clave” en la historia de la humanidad. Desde entonces y, sobre todo, desde que el ser humano devino humano, el camino de nuestra especie ha sido largo, tortuoso y… rico en toda clase de pericias aunque, ya en torno al 100.000 a. C., nuestros antepasados no se diferencian intelectivamente de sus herederos, o sea, de nosotros.

 A día de hoy, y sin que la búsqueda de nuevas técnicas se haya detenido en un solo momento, vivimos en el vórtice de la ciencia ficción. Y no es tanto por la obsesión "Seti" (Search for ExtraTerrestrial Intelligence) o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre que estudia las señales electromagnéticas provenientes del espacio y captadas por radiotelescopios. No, es mucho más que eso, habida cuenta de que el mundo de lo irreal ocupa un lugar en alza en cada una de las ramas del saber. Y puesto que la imaginación forma parte de nuestro ADN –¡qué sería de las matemáticas sin los números imaginarios!-, no extraña que se esté intentando construir desde carcasas de aviones hasta chalecos antibala a partir de materiales de estructura dura y flexible, como los hilos de araña, que, por cierto, son más fuertes que el acero. Y, por lo mismo, tampoco sorprenden biopantallas de ordenador, capaces de tener por sí mismas fuente indefinida de energía mediante las cualidades piezoeléctricas de unos curiosos componentes, los famosos virus M13, los cuales, además, están siendo aprovechados en otros terrenos para dotar de mayor eficiencia a los paneles solares.

Desde luego, no sé si la ciencia viaja a la misma velocidad con que nosotros lo hacemos ahora en el espacio, a 100.000 kilómetros por hora. En cualquier caso, dentro del mundo del conocimiento la tecnología es una variable absolutamente imprescindible y sin la cual no hay forma de que se alcancen muchos de los retos de ciencia ficción de nuestro tiempo.

De Vicki a Jianhui

A principios de 1950, un matrimonio de psicólogos, Keith y Catherine Hayes, adquirieron una chimpancé hembra de pocos meses de edad. A este animal, de nombre Vicki, le intentaron enseñar a hablar. El fracaso fue rotundo, pues la carencia de órgano fonador impedía a Vicki hacerlo. De hecho, solo logró articular cuatro palabras: “arriba”, “copa”, “mamá” y “papá”. Para subsanar tales problemas, Beatrice y Allen Gardner decidían dar otro rumbo al enfoque de los Hayes. Así, en 1966 enseñaron Ameslan, el lenguaje norteamericano para sordomudos, a Washoe, una cría hembra. Washoe logró comunicarse tras aprender más de 160 palabras-signos. Y el éxito fue tal que esta chimpancé sería cedida al Instituto de Estudios Primatológicos de Oklahoma (EE UU), en donde existe un proyecto dedicado a crear y mantener una colonia de animales que se comuniquen gestualmente entre sí.

Unos años después, en 1978, una estudiante de psicología, Francine Patterson, continuaría la línea de trabajo de los Gardner al inducir el aprendizaje del lenguaje de los sordomudos en Koko, un gorila hembra, y con éxito. Mientras tanto, y casi al mismo tiempo, otro psicólogo, D. Premack, iniciaba un ensayo muy interesante con otra chimpancé, Sarah, con el objetivo de adiestrar a esta hembra en el uso de piezas cromáticas y analizar las secuencias asociativas y mentales de este animal.

La lista de experimentos con póngidos, es decir, con nuestros parientes cercanos (orangutanes, chimpancés y gorilas), ha sido y es en Estados Unidos elevadísima. Y de esa tradición sobresale recientemente uno realizado en China con Jianhui, en el que se observa a un mono que puede manipular objetos con un brazo biónico y a distancia, esto es, a través de sensores colocados en su cabeza. La primicia de este descubrimiento no radica tanto en la evidencia de que Jianhui posea brazos, sino en el hecho de que se ha cruzado el Rubicón de la ciencia ficción planteándose, quizá para  un día no muy lejano, que personas con parálisis y/o dificultades motoras puedan ser autosuficientes y vuelvan a moverse a golpe de deseo, de voluntad y pensamiento.

Entretanto la polémica está servida debido a la utilización de animales en investigaciones y laboratorios. ¿Y usted qué piensa?

Autor

Teresa González Cortés

Me gusta escuchar, leer, hacer deporte... Adoro la sensatez y el sentido del humor, aunque no sé muy bien por qué orden. Con el nombre de blogomaquia quiero decir que me agradan los debates, las discusiones en buena lid. Procurando entender la realidad empecé, de eso ya hace un tiempo, a estudiar los imaginarios presentes en las utopías e ideologías políticas.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #1 juaniporesas

    Pensar, pensar... no me he puesto en serio. Solo sé que las decisiones a favor...