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A contratiempo - 18.05.2012

El "milagro" de Fátima: sigan a esa chica

No hacen falta cien días. En el tercer Consejo ya se sabe lo que un ministro va a dar de sí. Los hay que se estrellan nada más llegar. Los hay que patinan. Los hay que se tapan y los hay que cumplen las expectativas, y hasta las mejoran. Como Fátima Báñez. Este domingo se cumplen seis meses desde el triunfo electoral de Mariano Rajoy y ya hay cosas que empiezan a verse con claridad.

Parece que no se estila hablar bien del gobierno del PP. Y menos aún, de sus ministros. Ahora el CIS los suspende prácticamente a todos. La vicepresidenta destaca notablemente del grupo, aunque aparece, extrañamente, algo más eclipsada en los medios. Con un protagonismo escénico menos poderoso .¿Por qué? Sencillamente, porque no para, te dicen en Moncloa. Quien mucho hace, habla poco.

Pero hay una ministra que, tímida, quedamente, ha empezado a encuerpar, como se decía en mi Castilla olvidada. Es Fátima Bañez, onubense de cerrado acento, ademanes sólidos, verbo inquieto, personalidad firme y laboriosa hasta el desmayo, ha superado con nota uno de los encargos más endiablados de cuantos se le podían encomendar. Sacar adelante una reforma laboral estricta, dura, impopular... Algo que ni siquiera el todopoderoso José María Aznar fue capaz de sacar adelante. Eran otros tiempos. Otras circunstancias.

Un dato reciente: la prestigiosa Fedea, por ejemplo, le concedió un "aprobado alto" a la Ley que reestructuraba el mundo laboral pese a no comulgar completamente con su contenido. Una huelga general fallida y una efervescencia  sindical en declive ha sido el rechazo obligado de contestación a esta iniciativa peliaguda.

El mejor logro

"Pese a que lógicamente es temprano para advertir sus frutos, la reforma laboral es sin duda el mejor empeño redondeado por Rajoy hasta el momento", reconocía días atrás un alto fontanero monclovita. Fátima Báñez, miembro del club de jóvenes del PP, junto a Soraya Saénz de Santamaría, Alfonso Alonso y Álvaro Nadal, entre otros, ha aprendido el oficio a la vera de Montoro y ha mamado la política junto a Arenas.

Pocos le arrendaban la ganancia cuando agarró los trastos de torear para ponerse frente al morlaco de los sindicatos. Seis meses después, no sólo aún está viva sino que la reforma también lo está. Y ha roto varios tabúes intocables como alejar a los gremios del chollo económico del manejo de los convenios sectoriales y recortarles su protagonismo en las empresas. Amen de reducirles subvenciones y gabelas varias. Queda mucho por hacer y algunas huelgas por sufritr pero esta semana, por ejemplo, en la sesión de control, tan sólo una tímida pregunta referida a este asunto nos hacía recordar que ese frente tan ríspido parece ya amortizado. O, al menos, amansado sin dar un paso atrás.

Vehemencia parlamentaria

Un gobierno tiene que dar la cara. Salir a explicarse, afrontar los momentos duros y convencer. Báñez, para algunos, pese su corta experiencia en el primer nivel de la política, reúne esas condiciones. Algunas de sus beligerantes intervenciones parlamentarias han resultado un ejemplo para algunos de sus compañeros de Gabinete, quizás tímidos o en ocasiones, temerosos. Casi ocultos. Intuición y oportunidad en la comunicación y el mensaje. Todo lo contrario, verbigracia, de lo que hemos vivido esta semana con ocasión de la intervención de Bankia, un singular esperpento con dolorosas repercusiones, al memos de momento.

En política hay que distinguir a los aliados de los aduladores, a los propios de los adosados, a los cabales de los advenedizos. Y, sobre todo, hay que creérselo y ser audaz. Esta semana hemos visto a un Rajoy particularmente sobrio y cabizbajo. A un Montoro algo acelerado. A un De Guindos, lógicamente mustio. Y a un Gobierno que, salvo Soraya y Fátima, fiel escudero, titubeante y casi acollonado, excepciones honrosas aparte. Esto llega a la opinión pública, cala en la sociedad. En tiempos de tribulación, de derrumbe económico, de corralitos falsarios, de neurosis de intervención, es importante que quien tiene el control tenga el valor de darse de puñetazos con la histeria y de espantar el miedo a dentelladas. En este país en situación precataclísmica, desbordado de políticos que no tienen un solo momento de dignidad ni de elevación, al menos hay por ahí algunas Fátimas dotadas de una caudalosa voluntad. Inmolarse en el empeño puede ser una buena respuesta. Sigan a esa chica...

Autor

Alejandro Vara

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