Europa, parque temático - 04.06.2012

¿Qué puedo hacer yo por mi país?

La metáfora del tren que entra en un túnel ha sido muy utilizada para explicar momentos de incertidumbre y situaciones difíciles. Pero sigue siendo útil, muy gráfica y adecuada. Poco a poco, desde que comenzó la crisis y a medida que transcurrían los meses, el cielo se fue nublando, la luz disminuyendo y el horizonte se tornaba cada vez más gris. Y, de repente, nos dimos cuenta de que el tren entraba en un túnel, que el paisaje, el apacible paisaje, desaparecía, y era sustituido por negras paredes. La luz, la indispensable luz, envuelta en humo, se transformaba en tinieblas, cada vez más oscuras. Sobrecogidos, sin capacidad de reacción y sin saber muy bien que estaba pasando, nos encontramos en medio de la oscuridad. Para recordar la luz que tuvimos, estábamos obligados a volver la vista atrás e intentar divisarla en un punto ya lejano, allá al comienzo del túnel.

Ahora nos encontramos perdidos en el túnel de la crisis. A oscuras, y sin nada que nos ilumine, nos lamentamos de que cuando aún podíamos, no tuvimos la previsión, ni tan siquiera, de proveernos de algún viejo quinqué, que, por lo menos, nos proporcionara algo de luz en tiempos de oscuridad. En medio del túnel, no vemos nada, estamos quietos, paralizados, cada uno sólo en si mismo, esperando que alguien se mueva y que ello nos suponga alguna oportunidad, nos enseñe algún camino. Si alguien da un paso al frente y toma medidas, para unos serán sólo paliativas (la oposición) y para otros, "el gran hermano de Orwell" (Bruselas) son insuficientes.

Retorno a los valores perdidos 

Me viene ahora a la memoria un correo electrónico que recibí hace poco y que hablaba de la generación que construyó España. No conozco quien es su autor pero me llamó la atención la sencillez de su reflexión, y por ello cito algunos de sus párrafos: "Cuando analizas lo que ocurre en una empresa, o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos. No tengo ninguna duda de que una de las principales razones de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres. Tampoco tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la crisis, es haber perdido aquella actitud…

 Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice él, le tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos. Personas que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les ofrecía un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Eran una generación que compraba las cosas cuando podían, y del nivel que se podían permitir, que no pedían prestado más que por estricta necesidad. Que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco, "por si pasaba algo". Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles. Sabían que el esfuerzo tenía recompensa, y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado. La democracia significaba libertad y posibilidades de seguir viviendo en armonía y respeto. Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo (sic) y que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura). Y que sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos".

Una crisis moral y social

Tan reales y sensatas reflexiones me llevan a afirmar que las crisis económicas no son sólo producidas por complejas causas económicas indescifrables, son producto de la relajación ética y moral de la sociedad. La teoría de los ciclos económicos ahonda en ello confirmando que no asimilamos el éxito y que no sabemos prever los cambios. La crisis actual no sólo es cosa de la prima de riesgo, del déficit público, del paro, de los eurobonos, de la Europa Federal, de una Alemania exigente, del Banco Central Europeo, de la catarsis del sistema financiero o de la incapacidad de nuestros políticos para asumir la necesidad de un gran pacto de Estado o de profundizar en la conveniencia de un gobierno de concentración, - por cierto recordemos aquí el refrán español que dice que un médico cura, dos dudan y tres muerte segura.

La crisis es también, y sobre todo, social, de valores, de exceso de egoísmo y de falta de responsabilidad. Un botón de muestra de lo difícil que nos resultará salir de ella es la verdadera tragedia de nuestro sistema educativo. Desde hace ya varios años, - décadas, - todos los informes de los diferentes organismos internacionales, nos dicen, insisten una y otra vez, en que la educación y formación de nuestros jóvenes es la peor, en casi todos los aspectos investigados, de la comunidad de países desarrollados. Corremos el grave peligro de perder a toda una generación, - lo cual se está notando ya en el bajo nivel de nuestra clase política, en la absoluta carencia de líderes sociales, salvo excepciones, capaces de divulgar planteamientos éticos, en la desidia y falta de interés en su trabajo, en el ya lo resolverán otros, de mucha gente normal, - y sin que nadie ni educadores ni padres ni, por supuesto políticos, sean capaces de la más elemental reflexión para cambiar las cosas, y, mucho menos, de asumir su responsabilidad, su parte de culpa, en esta escandalosa situación.

Así pues, y desgraciadamente, tardaremos en salir de la crisis, porque para ello es imprescindible la recuperación de valores, del sentido de lo que está bien y de lo que está mal, y esto es muy difícil en una sociedad en la que muchos, haciendo uso fraudulento de los que significa "libertad" siguen diciéndonos que las creencias, los valores, las normas y los sentimientos, son un obstáculo para la convivencia. Como decía J.F. Kennedy, es hora que nos preguntemos "¿Qué puedo hacer yo por mi país?" Y, por favor, no respondan "nada".

Autor

Vicente Benedito

Nacido en Valencia, soy Licenciado en Derecho y Master en Comercio Exterior. Durante mi vida profesional he estado en distintos sectores como el de la enseñanza, el jurídico, el bancario, el de seguros y el de la construcción; todo ello ha hecho que haya tenido que cambiar mi lugar de residencia más de nueve veces, lo que me ha aportado una perspectiva muy enriquecedora de la evolución de las sociedades a lo largo de las últimas décadas. Sin embargo mi vocación ha sido la enseñanza, y he pasado muchos años impartiendo diferentes disciplinas siempre relacionadas con el ejercicio profesional, tratando de transmitir mi conocimiento y experiencias practicas al mundo universitario al que me siento muy ligado. Ahora en la etapa actual quisiera devolver a la Sociedad parte de lo que ella me ha dado.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #1 petrapacheco

    Felicidades, paisano. Pero veo difícil que se cambien los valores de la...

  • #7 perhaps

    Mire usted, hoy mismo, en esta misma página inicial hay una noticia (un corto)...

  • #8 McMurphy

    400.000 políticos-ex politicos podrían meterse dentro del hotel de...