lunes 28 de julio de 2014

Seguimos tocando

Un corazón tendido al sol

Ángel Luis Menéndez (08-06-2012)
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“Pude pegarme un tiro o mirar al cielo y crecer. Elegí lo segundo”. Descubrí al verdadero Manuel Preciado hace tres años, cuando leí tan espeluznante frase en una entrevista publicada en El Mundo. Como no se daban más detalles, la zozobra me empujó a rastrear el origen de tanta y tan bien llevada desesperanza. Cuando supe que en dos años (2002 y 2004) había enterrado a su mujer y a un hijo se me nublaron todos los argumentos de análisis futbolístico. Caí rendido ante la persona y tardé en ver de nuevo al entrenador.

En cada carantoña a sus jugadores, tras los habituales guiños de ojo a las cámaras, en las risotadas o bajo su desusado y alegre bigote sólo veía un corazón doliente y hecho añicos. Un alma rescatada del tormento gracias al fútbol. Un hombre con fuerza suficiente para luchar con la vida y contra los rivales que cercaban al Sporting año tras año en el borde del abismo de la clasificación.

“Aunque soy un pobre diablo
sé dos o tres cosas nada más
sé con quién no debo andar
también se guardar fidelidad
sé quien son amigos de verdad
sé bien donde están
nunca piden nada y siempre dan”

Asimilada la condición titánica del cántabro, hubo que digerir los incomprensibles arcanos del fútbol que llevan a un club, a una ciudad, a dudar del héroe al que idolatran y al que hoy lloran sin consuelo. Porque el Sporting y Gijón han perdido al entrenador más carismático de su historia.

Sin querer, Víctor Manuel, cantautor asturiano y esportinguista confeso, escribió hace 33 años una canción para Preciado: 

“Dejo sangre en el papel
y todo lo que escribo al día siguiente rompería
si no fuera porque creo en ti
A pesar de todo tú me haces vivir
me haces escribir dejando el rastro de mi alma
y cada verso es un girón de piel
Soy un corazón tendido al sol”. 

Para Manolo, un corazón tendido al sol que ayer dejó de latir.

Autor

Ángel Luis Menéndez

Lo confieso, tengo las manos manchadas de tinta y cada vez quedan menos periódicos vivos que puedan testificar sobre mis incontables andanzas: La Voz de Asturias, Ya, Diario 16, As, El País, El Día de Valladolid, Público… Así que, obligado por el progreso y empujado por mi rebelde carácter asturiano, hoy ejerzo con el imprescindible instrumental de eso inabarcable que llaman Internet. Sin despreciar ningún género ni sección, mi pasión siempre han sido los deportes. En plural, con amplitud de miras, pero con dos debilidades: fútbol y motor. Entonces y ahora sólo presumo de una cosa: toqué, toco y tocaré en cualquier escenario y circunstancias. Siempre.

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