martes 2 de septiembre de 2014

En el límite

Rescate a medias: nueva prórroga

Juan M. Blanco (11-06-2012)
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Difícil resulta, escuchando las comparecencias del gobierno, no rememorar a aquel hidalgo venido a mucho menos, personaje de alguna novela picaresca. Ése a quien ni posadero ni barbero fían pero afirma disponer de la cubertería de plata o de la vajilla de cristal fino, ambas empeñadas muchos años atrás. Y que, según pretende hacer creer, sólo acepta la bolsa de doblones, reales y maravedíes tras convencer al generoso donante de que el obsequio es merced para quien lo otorga y concesión de quien lo admite. Al fin y al cabo, el favor no ha de ser para sí sino para un lejano pariente sumido en súbitos y graves aprietos. Sin olvidar a su pícaro sirviente, capaz de explicar a varios arrieros la diferencia entre ayuda, favor, gracia y donación.

España es el cuarto país que recibirá ayuda financiera europea en unas condiciones bastante ventajosas. Sin embargo, la principal preocupación de algunos políticos parece centrada en la esfera semántica, no en el terreno financiero, olvidando que los mercados atienden bastante más a lo sustantivo que a los sustantivos. La muy arraigada costumbre de llevar la discusión a lo nominal, de cambiar el nombre esperando en vano una modificación de la sustancia, constituye un reflejo más de esa laxitud intelectual, tan extendida entre la clase política.

Dado que nos encontramos muy cerca del límite fiscal, los mercados no hubiesen aceptado una colocación de 50 mil o 100 mil millones de euros adicionales para recapitalizar la banca. O la habrían absorbido a un tipo de interés insoportable para nuestras espaldas. De ahí la necesidad del préstamo europeo, una deuda de la que responde el Estado y que rescata también a los acreedores de los bancos, muchos de ellos extranjeros, recayendo ese riesgo sobre los contribuyentes.

Una tregua para hacer los deberes

Pero esta ayuda es tan sólo una solución parcial, una breve tregua, que conllevará consecuencias favorables y desfavorables. Entre las alegrías, la reducción de las  incertidumbres sobre nuestro sistema financiero podría actuar como imán para férreos inversores extranjeros. Las entidades se sanearán, con suerte volverá a fluir el crédito, se ajustará el mercado inmobiliario y se otorgará a las autoridades europeas la capacidad de supervisar la banca española, evitando las peligrosas componendas del pasado.

Por el lado oscuro, un enorme caudal comprendido entre el 5% y el 10% del PIB engrosará el volumen de deuda, trasladando a déficit los correspondientes intereses. La aceptación de la ayuda, y la preferencia en el cobro para los prestamistas institucionales, constituye un disco en ámbar para los mercados, que podrían mostrarse más reticentes a medio plazo hacia la deuda española.

Enderezar la situación, garantizando que los efectos benéficos dominen sobre los perjudiciales, requiere aprovechar la tregua para acometer una firme actuación con visión de largo plazo. Ésta que tanto ha escaseado en una política española marcada por la improvisación, el apaño y la sorpresa del decreto ley. ¿Cómo es posible que España experimente tan enormes dificultades de financiación cuando su ratio de deuda ha venido siendo inferior al de Alemania? ¿Cómo puede resolverse? Tres son los conceptos clave: consolidación fiscal, credibilidad y reformas estructurales.

El ratio de deuda refleja el pasado pero los mercados de capitales miran fundamentalmente al futuro. Gracias a los ingresos coyunturales de la burbuja inmobiliaria, que no regresarán, nuestro nivel actual de deuda infravalora la evolución esperada, dominada por un elevado déficit estructural y unas escasas perspectivas de crecimiento.

Si atendemos al saldo estructural, que elimina los efectos del ciclo sobre el presupuesto, el Estado ha venido gastando más de lo que ingresa desde tiempos inmemoriales, proyectándose esta inercia hacia los años venideros. La consolidación fiscal no implica recortes puntuales o apresurados, que pueden revertirse pasado un tiempo. Ni un irreal objetivo de déficit corriente para el año en curso. Se trata de adoptar una estrategia continuada de reducción drástica de las hipertrofiadas estructuras políticas y administrativas, de garantía de ingresos suficientes para la prestación de los servicios y de fijación de un nivel de prestaciones sociales sostenible en el largo plazo.  

Una imagen de España que genera desconfianza

Nuestra política genera desconfianza en el exterior por los inadecuados procesos de selección de los dirigentes, la ineficacia de los mecanismos de control del poder y los perversos incentivos que afectan a los gobernantes. La inconsistencia de las políticas, la arbitrariedad en muchas decisiones y el elevado grado de corrupción, contribuyen a ofrecer una dudosa imagen de España a unos potenciales inversores, que asignarían un valor considerable a una futura actuación gubernamental estable y coherente.

Y no recuperaremos credibilidad sin acometer, de manera urgente, la imprescindible depuración de responsabilidades en la nefasta e irregular gestión de algunas extremadamente politizadas cajas de ahorro, que se encuentran en el epicentro de este rescate.

Retirar los obstáculos que entorpecen la libre competencia y mejorar el crecimiento esperado son las metas de las necesarias reformas estructurales. Sin embargo, dado que conllevan muchas resistencias de aquellos que ostentan una posición privilegiada, requieren arrojo, decisión, valentía y… un fuerte empuje exterior. 

Llámese rescate, ayuda, préstamo o cualquier otro apelativo, lo fundamental es que se incremente la presión de esa fuerte tenaza que va aprisionando paulatinamente a nuestros gobernantes. Ésos que, dejados a su libre albedrío, mostrarían una enorme proclividad a aplazar y eludir unos cambios capaces de transformar nuestro actual sistema de caciquismo, privilegios y amiguismo en otro de libre entrada, competencia, mérito y esfuerzo. Cierto, nunca actuarían contra sus intereses… a no ser que se vean arrastrados por esa descomunal fuerza exterior que ya comienza a manifestarse.

Twitter: @BlancoJuanM

Autor

Juan M. Blanco

Estudié en la London School of Economics, donde obtuve un título de Master en Economía, que todavía conservo. Llevo muchos años en la Universidad intentando aprender y enseñar los principios de la economía a las pocas personas interesadas en conocerlos. Gracias a muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, he llegado al convencimiento de que no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos “en el límite”: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas.

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Top 3 Comentarios más votados

  • #2 BlancoJuanM

    @Caspu #1 Gracias por su comentario. Entiendo su pesimismo y el de muchas...