¿De qué debemos preocuparnos?

01-02-2013

Si alguien, sin referencia ninguna, entra en Edge inadvertidamente puede pensar que ha llegado a una revista digital más o menos al uso. Estará en un error. Edge no es una revista sino una conversación, probablemente el espacio más útil del momento para quien quiera asomarse a lo más florido y avanzado del pensamiento humano. En Edge no hay colaboradores estables que escriben artículos resultones sobre asuntos diversos de eso que ha venido en denominarse cultura; lo que hay es un territorio acogedor y sorprendente en el que uno se irá encontrando, en riguroso desorden, con la vanguardia del conocimiento científico, técnico y humanístico del momento.

Ya saben, eso que se ha venido en llamar la tercera cultura.

Hay algún que otro sitio con voluntad parecida. En Ted, por ejemplo, tienen ustedes concentrada la sabiduría humana en vídeos de veinte minutos y la cosa lleva tal camino que, de aquí a poco, quien no haya colgado su video en Ted no será nadie en el campo del pensamiento. Los españoles, claro, vamos más a nuestro ritmo, pero iniciativas como Cultura 3.0, el Círculo Escéptico o los modestos Diálogos para el Conocimiento son ya pasos que empiezan a darse en la misma dirección...

¿Qué dirección? Por decirlo de manera simple, la del diálogo interdisciplinar. El editor de Edge, John Brockman, lo cuenta de manera muy gráfica: “Edge se puso en marcha en 1996 como la versión online del Reality Club, una reunión informal de intelectuales que se reunieron desde 1981 hasta 1996 en restaurantes chinos, estudios de artistas, salas de juntas de la Rockefeller University, la New York Academy of Sciences o firmas de banca de inversión, salones de baile, museos, salas de estar, y en otros sitios. Aunque el lugar está ahora en el ciberespacio, el espíritu del Club vive en los animados debates entrecruzados sobre las ideas candentes que impulsan el debate de hoy”.

Si me permiten decirlo de un modo algo brusco, Edge es lo contrario de Twitter: solo hay sitio para quien tiene algo que decir, las cosas que se dicen están sólidamente argumentadas y, claro, no hay manera de sintetizar nada en 140 caracteres.

Pásense por allí. Como dice Brockman, Edge es un salón on line en el que se conservan millones de palabras que trazan la conversación cultural más fascinante de los últimos quince años.  Cultural, claro, en el mejor sentido de la palabra.

Pero en realidad me he liado y a lo que yo quiero ir hoy es a otra cosa.

La pregunta del año

Entre las muchas iniciativas que Edge impulsa y promociona, hay una francamente curiosa: la pregunta anual. Cada año, desde 1998, Edge formula una pregunta a los más destacados pensadores del momento: biólogos, físicos, psicólogos, matemáticos, periodistas, economistas, filósofos… todo lo que puedan imaginar, salvando, claro está, cualquier asomo de superchería o blablablá. Los elegidos oscilan entre cien y doscientos, según el año, con una lógica sobrecarga de anglosajones y una ausencia total, hasta donde he podido husmear, de compatriotas nuestros. 

La pregunta del primer año era muy adecuada para el arranque: ¿Qué preguntas se está usted haciendo? Después vinieron otras que empezaron a trazar el camino de esta peculiar aventura epistemológica: cuáles han sido los inventos más importantes de los últimos dos mil años, qué cree usted que es cierto aunque no pueda probarlo, sobre qué es usted optimista, acerca de qué ha cambiado de manera de pensar, o, la del año pasado, especialmente llamativa: ¿cuál es su explicación favorita por su profundidad, elegancia o hermosura? Los diecisiete interrogantes formulados hasta hoy –más de dos mil respuestas en su conjunto– proporcionan uno de los más completos arsenales de conocimiento pret-à-porter, ideal para incorporarlo al fondo de armario de nuestra particular sabiduría.

Contra el pensamiento Túiter

La pregunta de este año tiene tela: ¿qué debería preocuparnos? El pensamiento túiter lo resolvería en dos patadas: los políticos, las privatizaciones, los nacionalistas catalanes, los urdangarines, las Amy Martin de este mundo... Los encuestados por Edge se pierden en otros vericuetos: “Nos preocupamos porque estamos hechos para anticipar el futuro -dice la introducción de la pregunta-. Nada puede impedir las preocupaciones, pero la ciencia nos puede enseñar cómo preocuparnos mejor y cuándo dejar de preocuparnos”. Y sobre esta base, lanza a sus entrevistados: “Cuéntenos qué le preocupa a usted, aunque aún no esté en el sentimiento público, y por qué. O díganos algo que haya dejado de preocuparle, aunque siga preocupando a otros.”

El centenar de profesionales que se entrega al juego propuesto no tiene desperdicio. Algunos son más conocidos que otros. A Pinker, por ejemplo, le preocupan los verdaderos factores que acrecientan el riesgo de guerra; a Taleb, la incomprensión del riesgo; el músico Brian Eno está preocupado por la despolitización; la empresaria Huffington, por el estrés de la sociedad; el cineasta Terry Gilliam juega a cínico y dice que le preocupa que nos hagamos tantas preguntas. Pero otros menos conocidos dicen cosas tanto o más interesantes: la filósofa Helen Cronin alerta sobre la asimetría entre las emociones y la ciencia; el informático David Gelernter está preocupado por la devaluación de la palabra escrita; el físico Gregory Benford se preocupa por el provincianismo que observa respecto a nuestro sistema solar; el climatólogo Gavin Schmidt alerta sobre la explicación deportiva del mundo… Les estoy dando solo títulos, escogidos un poco al azar entre el centenar disponible, para que vean que la cosa es abigarrada y confusa y, por eso mismo, atractiva…

Ni cabe ni tiene sentido hacer un resumen. Hay que entrar y, a lectura diaria, tenemos alimento intelectual para unos cuantos meses porque cada una de estas reflexiones es un miniensayo sobre un tema específico que abre puertas a la reflexión y al estudio en todos los campos del saber humano.

Pero en paralelo, y con mucha más modestia, me gustaría proponerles un juego. El juego de que contesten a la pregunta y luego comparemos. Lo dicho: ¿de qué debemos preocuparnos? Tienen ustedes la palabra.

URL:  http://vozpopuli.com/blogs/2135-juan-torres-de-que-debemos-preocuparnos