Karina Sainz Borgo

Cultura - 17.08.2012

Alepo: un legado universal amenazado por el fuego del conflicto sirio

Por ella han pasado griegos, romanos, omeyas, ayyubíes, monegas, mamelucos y otomanos. Más de 5.000 años de historia están contenidos entre sus muros. Sin embargo, tal como ocurrió en Afganistán con los budas dinamitados por los talibanes, la riqueza cultural de Alepo (declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1986) está seriamente amenazada.

Alepo, la capital comercial de Siria es hoy la superviviente  del enfrentamiento entre el régimen de Bachar el Asad y las fuerzas rebeldes; una lucha que ya lleva más de 17 meses y 23.000 muertos y que destruye, día tras día una de las ciudades culturalmente más importantes para las civilizaciones occidental y oriental.

Situada en en la encrucijada de varias rutas que antes unían Oriente y Occidente, por Alepo han pasado griegos, romanos, omeyas, ayyubíes, monegas, mamelucos y otomanos. En 1986 fue declarada patrimonio cultural por la Unesco, que en la actualidad es incapaz de determinar cuál es el alcance real de los daños –se sabe que son irreparables-  en una ciudad cuyo legado arquitectónico y cultural alberga  5.000 años de restos de  civilizaciones que han pasado por ello.

La organización World Monuments Fund ha informado que las puertas de hierro de la ciudadela medieval  han sido destruidas tras un bombardeo con misiles  ejecutado por el gobierno de Bashar al-Assad han estado bombardeando la ciudad. Según informes de prensa, en los últimos días su ejército ha tomado posiciones en la ciudadela, convirtiéndola en un punto militar estratégico estratégico.

Ebla, el lugar donde se creó el primer archivo de tablillas de arcilla, fue saquedo; la mezquita de Azas, fue objeto de una explosión. En los suburbios de Damasco, numerosas bibliotecas fueron desmanteladas.

Ebla, el lugar donde se creó el primer archivo de tablillas de arcilla, fue saquedo; la mezquita de Azas, fue objeto de una explosión. En los suburbios de Damasco, numerosas bibliotecas fueron desmanteladas y asoladas por el fuego. En Apamea, algunas columnas  fueron arrojadas al camino para impedir el paso de los tanques.

En la ciudad vieja de Alepo los puntos más amenazados son el Templo del Dios de la Tormenta, que cuya antigüedad data del tercer milenio AC. Es una de las estructuras más antiguas del mundo. Nunca se abrió al público. Según informa World Monuments Fund, sus relieves tallados ólo están protegidos en la actualidad por sacos de arena.

Las laberínticas calles de Alepo revelan un microcosmos de la historia humana. Por debajo de la Ciudadela se conservan restos de frisos de la Edad del Bronce y fortalezas romanas. Toda la antigua ciudad amurallada atesora elementos de gran valor: su Mezquita del siglo XII; miles de casas unidas entre sí por el patio medieval; zocos árabes del siglo 17; madrazas de piedra y un palacio otomano.

En 1996 un equipo de arqueólogos alemanes y sirio comenzó descubrió una  capa más profunda  de la historia de la región, al hallar un templo de aproximadamente unos 5.000 años de antigüedad. Se trata del Templo del Dios de la Tormenta, situado junto  debajo de la Ciudadela. Éste contiene un friso monumental de esculturas en relieve de basalto creadas por los antiguos hititas, cuyo imperio se extendía desde Anatolia hasta el norte de Siria.

Según la revista Archaeology, esta construcción  marca "uno de los grandes centros religiosos" del mundo antiguo", ya que ofrece" una visión única de la arquitectura religiosa, las creencias y las prácticas del antiguo Próximo Oriente. En ese entonces, el equipo de investigación encontró otros tesoros debajo de la tierra, incluyendo una representación del Dios de la tormenta del siglo XIV de siete metros de altura, así como las esculturas de un león y una esfinge.

El Convenio de La Haya para la Protección de los Bienes Culturales de 1954 exige a los países garantizar la seguridad de importantes lugares de interés cultural, monumentos, museos y bibliotecas.

El Convenio de La Haya para la Protección de los Bienes Culturales en los conflictos armados, elaborado en 1954 a raíz de las devastadoras pérdidas causadas durante la Segunda Guerra Mundial, exige a los países para garantizar la seguridad de importantes lugares de interés cultural, monumentos, museos y bibliotecas. Más de 120 países, incluyendo Estados Unidos y Siria, han firmado el acuerdo. Sin embargo, los conservadores y activistas  se quejan de que poco se ha hecho con antelación para proteger los sitios más preciados. Señalan que en Alepo, tanto el gobierno como los rebeldes tienen la responsabilidad de proteger su legado cultural.

Concebir un acuerdo para protección del patrimonio resulta impensable, cuando siquiera existe un acuerdo para la protección de los civiles en un conflicto en el que han muerto más de 1.200 niños. La destrucción de la ciudadela poco significa para el régimen de  de Bachar el Asad.

Otros monumentos amenazados por conflictos militares y ebfrentamientos religiosos

Siria no es el único país cuyo patrimonio histórico y cultural está amenazado por un enfrentamiento entre facciones de la población. Otros, como es el caso de Afganistán o Irak, atraviesan por choques de tipo militar o religioso que ponen en riesgo la conservación de monumentos artísticos, históricos y culturales, tal y como ya ocurrió, por ejemplo, en Afganistán en 2001.

Iraq. La violencia entre suníes y chiíes causó la gran destrucción de gran parte del patrimonio religioso. Los ataques contra el mausoleo chií en Samara o distintas mezquitas en Bagdad o La Eskandariya fueron una muestra palpable de los daños perpetrados al patrimonio cultural. La Biblioteca Nacional y el Museo Nacional, junto con otras muchas instituciones culturales importantes, resultaron gravemente dañadas y fueron saqueadas durante los primeros días de la ocupación, en 2003. Desde entonces, la Coalición ha levantado campamentos militares  en lugares arqueológicos vulnerables y ha destruido ciudades históricas durante sus operaciones militares.

 

 

Bamiyán. En esta ciudad de Afganistán, situada a 230 km al noroeste de Kabul, a una altura de 2.500 metros sobre el nivel del mar, se construyeron,  probablemente en los siglos V o VI monumentos gigantes en forma de budas, cuya antigüedad se calculaba en unos 1.500 años de antigüedad. Estas eran consideraban figuras emblemáticas de la cultura afgana. Durante el año 2001, colectivos talibanes emprendieron su destrucción mediante el uso de dinamita y disparos con cañones. La decisión de los talibán desató una oleada internacional de condenas y varios países y museos expresaron su interés en adquirir las figuras para salvar el bagaje cultural afgano. La Organización de la Conferencia Islámica, que agrupa a más de medio centenar de países musulmanes, envió una delegación a Afganistán para persuadir sin éxito a los Talibán de que no llevaran a cabo la destrucción.

 

 

Tombuctú. Desde el pasado 30 de junio, grupos de islamistas radicales se dedican a destruir el patrimonio histórico de la ciudad. Dieciséis mausoleos y miles de manuscritos preislámicos y medievales que están guardados en su interior están en peligro. Tombuctú, bautizada como “la ciudad de los 333 santos”, alberga numerosas tumbas y mausoleos dedicados a eruditos, lo que siempre ha suscitado el rechazo de los elementos más rigoristas del islam suní, cuya visión de la religión les lleva a considerar idolatría y herejía cualquier otra forma de culto o adoración que se separe del más estricto monoteísmo.