sábado 30 de agosto de 2014

Desconfíen siempre del Gobierno

Vuelve la España imperial

Rubén Manso (25-07-2012)
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A comienzos de agosto de 2011 me preguntaron si el nivel que habían alcanzado los tipos de interés de la deuda pública en el mercado secundario podía considerarse de no retorno. En ese momento, los bonos públicos a diez años se descontaban a un tipo del 6,275%, actualmente lo hacen en el entorno del 7,3%, un 1% más. Mi respuesta fue que el nivel de no retorno no era un nivel de los tipos de interés concreto, el 6% o el 7%, sino si nuestras Administraciones Públicas tenían un superávit primario, diferencia entre ingresos y gastos antes del pago de interés, de importe igual o superior a los intereses que tenían que abonar por su deuda. Ya hacía tiempo que dicha diferencia era negativa por lo que no sólo no podíamos pagar los intereses, sino que no podíamos ni hacerlo respecto de los gastos corrientes de dichas administraciones.

Ni las facilidades del BCE son suficientes

Lo que ha pasado desde entonces ya lo conocen ustedes, pero no deja de ser interesante darle una vuelta para extraer algunas conclusiones. Mientras el tipo de la deuda a largo plazo ha subido un 1%, 100 puntos básicos, el Euribor ha caído desde el 2,18% al 1,01%, 117 puntos básicos. Está claro que las intervenciones del Banco Central Europeo (el tipo de intervención en igual periodo ha bajado desde el 1,5% al 0,75%) han facilitado las bajadas del coste de la financiación a corto plazo, probablemente con la intención de favorecer la compra de deuda pública de los países en dificultades por parte de las entidades. Al fin y al cabo, podían tomar financiación cada vez más barata en el corto plazo para adquirir bonos soberanos, que ante el aumento de su demanda deberían haber subido de precio o, lo que es lo mismo, haber bajado sus rendimientos. Sin embargo, esto no se ha producido: los títulos públicos no han parado de caer de precio y sus rentabilidades de aumentar, encareciéndose así las nuevas emisiones de nuestro Estado. Dicho de otro modo, las autoridades monetarias europeas han creado las condiciones para que a los estados con problemas de acceso a la financiación no les costase cada vez más, sino al revés, cada vez menos, dicha financiación pero, sin embargo, no ha sido así.

Nuestra mejor tradición: el gasto público

Probablemente no ha sido así, porque en el caso español el déficit primario no ha parado de subir. A esta altura del año los datos disponibles del déficit de la Administración Central son al cierre de mayo y desde el año pasado, a las mismas fechas, dicho déficit, que no tiene en cuenta los intereses ni su importante incremento (+32%), ha crecido en un 55%. Vistas así las cosas, es posible que los inversores hayan pensado que está muy bien eso de financiarse más barato a corto para poder comprar la deuda española, pero que no parece que las actuaciones de los dos últimos gobiernos ayuden a confiar en que se podrá llegar a cobrar dicha deuda. El caso es que los ingresos han ayudado un poco (han subido un 3%), pero las transferencias corrientes, es decir: lo que el Estado entrega a otros agentes, públicos o privados, sin contraprestación alguna como modo de financiarles han crecido en un 28%. Con estas cuentas es difícil creer que alguien está haciendo algo para subvertir la necesidad de que nos intervengan como modo de evitar la suspensión de pagos, como en tiempos Felipe II no se logró sostener la Hacienda Pública que dejó su padre Carlos I, emperador de Alemania.

Da la sensación, por tanto, que nuestras autoridades, éstas y las anteriores, todo lo han confiado a que el BCE les saque las castañas del fuego. Primero con liquidez abundante para financiar que otros nos compren la deuda, ahora mediante compras directas por parte de dicho banco central. Todo menos enfrentarse al problema.

Autor

Rubén Manso

Para la mayoría de los españoles mi itinerario profesional sólo demuestra que he perdido la cordura. Comencé mi actividad en la Administración  Pública (Banco de España), continué como empleado por cuenta ajena (dedicado a la banca y la gestión de activos) y he terminado dirigiendo mi propio despacho profesional (básicamente sobre regulación financiera) y siempre al fondo, como una dedicación menor en horas y mayor en pasión: la Universidad. No sé si es que no me gustan los jefes o es que creo que yo soy el mejor jefe del mundo. En cualquier caso, me he elegido para dirigir mi vida profesional mientras la otra la dirige mi mujer. Pero es que ella, sin lugar a dudas, es la mejor jefa del mundo.

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  • #1 DesDeBCN

    Felipe II no quiso cortar el derroche insostenible para pagar unas guerras para...

  • #13 Abrasante

    @lucernario #12 Pues hombre, la verdad, me parece que Vd. está meando fuera...

  • #10 Fernandel

    @DesDeBCN #1 Sí, sí, sí... Pero, y no es poco, se le olvida la disfunción...