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El rincón austriaco - 06.09.2012

Más crédito para un gobierno manirroto e incorregible

Se insiste mucho en que España tiene un problema de liquidez que sólo el Banco Central Europeo podía resolver. Afirmación tramposa donde las haya, pues en un mundo plagado de entidades financieras con un alto margen para extender crédito, es evidente que habría millones de candidatos dispuestos a solventar un apuro de falta de liquidez… si es que se tratara, de verdad, de un apuro de falta de liquidez.

Insolvencia, no iliquidez

Mas acaece que la acumulación de deuda de España con respecto a su capacidad productiva resulta tan dramática que es harto dudoso que sus problemas se correspondan con una interrupción súbita e inexplicable de sus flujos de crédito. Al contrario, si el capital huye en desbandada de nuestras fronteras no es porque los especuladores se hayan coaligado para pegarse un tiro en el pie (¿o acaso no sería pegarse un tiro en el pie el que rechazaran comprar unos títulos de deuda altamente seguros que han llegado a abonar rentabilidades cerradas a diez años por encima del 7%?), sino porque no queda claro cómo vamos a poder devolver no sólo las billonarias cantidades que ya adeudamos, sino las cienmilmillonarias cantidades por las que nos seguimos endeudando. Véase: desde 2009, el sector privado ha logrado desapalancarse en 150.000 millones de euros; meritorio esfuerzo que se ha visto del todo empañado por los más 370.000 millones de nueva deuda asumida por el Estado. No es iliquidez: es insolvencia.

Y así llegamos a la conclusión de que sólo el BCE puede financiarnos porque, de hecho, sólo al BCE se le puede empujar a la tamaña imprudencia de proporcionar crédito a un gobierno tóxico como el de España. Desatamos la madre de todas las especulaciones y persistimos en el vicio de las subprime, ése del que todos creen haber salido inmunizados pero al que se siguen aferrando apenas cinco años después de asistir a su colapso:  continuar dando crédito a los deudores de altísimo riesgo con la esperanza de que alargando su agonía e incrementando su capacidad de gasto, jamás impagarán.

Pero los motivos de fondo que pueden llevar al repudio de nuestra deuda son los mismos antes que después del rescate del BCE. El BCE nos dará crédito, esto es, nos concederá tiempo en unos momentos en los que nadie más cree que somos merecedor de él. ¿Y por qué nadie lo cree? Porque no se ha tomado reforma seria alguna que acredite que vamos a ser capaces de volver a la senda de la sostenibilidad financiera a medio y largo plazo. Apenas unos cosméticos recortes de gasto cuya expectativa de ahorro está claramente inflada y unas sangrantes subidas de impuestos que, debido a los rigores de la recesión, apenas proporcionan ingresos adicionales al fisco pese a terminar de hundir a la economía productiva.

Más cuerda al irresponsable manirroto

El resultado es que nuestro déficit estructural sigue anclado en el 8% del PIB, y no se avistan ni voluntad, esfuerzos, ni sacrificios para que esto cambie realmente. ¿Cómo darle más cuerda a un irresponsable que no para de repetir que “no se puede gastar más de lo que ingresa” mientras reincide en perversa costumbre al tiempo que amenaza al resto de países europeos con romper la baraje del euro si no le financian sus gigantescos déficits? De ninguna manera: Rajoy en estos momentos inspira tan poca credibilidad como lo hacía Zapatero; acaso menos, porque a Zapatero los mercados le colgaron el sambenito de malpagador demasiado tarde –cuando su legislatura estaba terminándose–, a Rajoy lo han calado desde el primer momento.

Por eso, además, la monetización de deuda por el BCE no se ha planteado como una provisión incondicional de crédito a los gobiernos manirrotos. Si finalmente Draghi honra sus palabras, el Gobierno de España deberá someterse a una “estricta condicionalidad” para que sus bonos sean comprados en el mercado secundario por el instituto emisor. Quienes consideran que bastaba con un maguerazo decidido de Frankfurt para que todos nuestros problemas concluyesen, se habrán mostrado indignados; quienes, en cambio, son conscientes de que la solución no pasa por endeudarnos más, sino por ahorrar muchísimo más y por remover obstáculos a la iniciativa empresarial, entenderán que, sin condiciones, el movimiento de Draghi sería una manera de agrandar, todavía más, el agujero que les dejaremos al norte de Europa. 

Mas, ni siquiera con condicionalidad, puede descartarse que, al final, lo único que haga Draghi sea sostenernos unos meses más hasta que protagonicemos un colapso todavía mayor al que hubiésemos realizado por estas fechas. La cuestión sigue siendo: ¿tomará Rajoy, bajo el palio del memorándum de entendimiento preconizado por el BCE, las decisiones que se ha negado con uñas y dientes a tomar hasta la fecha? A saber: el pinchazo de la triple burbuja financiera, productiva y estatal mediante una rebaja anual del gasto de más de 100.000 millones de euros, la aplicación de quitas –en lugar de rescates– a empresas públicas, bancos y autonomías, y la liberalización total del mercado laboral, eléctrico, inmobiliario y educativo.

¿Lo hará Rajoy? ¿Tratará con audacia de devolver el crédito que, sobrepasando imprudentemente su mandato, el BCE nos acaba de ofrecer? Lo dudo sobremanera: no olvidemos que, si el BCE se ha visto forzado a “rescatarnos” para que no quebráramos, ha sido precisamente porque Rajoy y su Gobierno, como ya hicieran ZP y sus cuates, han bloqueado y descafeinado deliberadamente todas esas imprescindible reformas. ¿Se reformará el incorregible sosias de Rubalcaba? ¿Y para qué iba a hacerlo? Tan sólo hay que tomar buena nota de Grecia: dos años y medio viviendo del rescate continuo y sin reformar a conciencia su insostenible modelo de Estado. Puede que no seamos Grecia, pero Rajoy desde luego sí aspira a convertirnos en ella: esto es, a que su Gobierno del crédito ajeno tantos años como se pueda hasta que el chiringuito se desmorone y salgamos del euro. Draghi le ha abierto el camino.

Autor

Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y licenciado en Derecho. Actualmente ejerce de director del Instituto Juan de Mariana y de profesor en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y en los centros de estudios OMMA e Isead. Asimismo, es analista económico de esRadio y autor de diversos libros.

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  • #2 Vorosilov

    Este tipo, estuvo soberbio en el programa del gato al Agua del lunes. Su...

  • #19 luisainzdeolive

    @seven #8 de "motu proprio", ejhpertoh. Lo que le falta al Sr. Rallo en sus...

  • #12 wilcox

    Lo que le ha ocurrido a Rajoy el registrador, es que se ha encontrado en un...