miércoles 23 de julio de 2014

Punto de equilibrio

Muchos inversores en sicavs también han sido ‘estafados’

Manuel L. Torrents (21-09-2012)
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No pretendo hacer ni mucho menos una comparativa entre los pequeños ahorradores afectados por preferentes y convertibles, colocados de manera masiva en las redes de oficinas, y los de las selectivas sociedades de inversión, pero en los pasados días de excesos también hubo burbuja de sicavs y un elevado número de ricos lo está pagando. Son las de aquellos que se hicieron con una a crédito. Muchos más de los que podemos pensar.

La locura de este país hace que hoy en día todavía haya ‘vivas’ unas 3.000 sicavs, que son instrumentos de inversión para clientes de alto patrimonio. A partir de 2,4 millones de euros, constituyen el vehículo, que invierte exactamente a medida de los titulares, que en realidad son accionistas de esa sociedad.

En definitiva, es un fondo de inversión para un selecto coto de acaudalados. Tiene la misma fiscalidad, además. Es falso que sus titulares sólo paguen el 1% en materia de impuestos, eso lo paga tanto el fondo como la sicav en concepto de impuesto de sociedades y cada inversor afronta la fiscalidad con régimen de incremento de patrimonio en el momento del rembolso.

La sicav tiene la virtud de ser glamurosa y tener la gestión a medida de los dueños y el inconveniente de que se puede ver en los registros a sus inversores, lo que le ha valido para ser objeto de crítica social e inspecciones masivas por parte de Hacienda.

De esas 3.000 sociedades, alrededor de la mitad se registraron entre 2002 y finales de 2007. El 50% de estos instrumentos de alto standing financiero vieron la luz durante la burbuja de deuda y alrededor de un tercio se capitalizaron a crédito. Puede que más. Fuentes bien informadas de la industria de la inversión colectiva no dudan incluso en elevar esa cifra al 50%, lo que significaría que unas 750 sicav se han constituido sin dinero real.

Doble ganancia, doble pérdida

Esos datos no son públicos pero en los años de la locura crediticia, las bancas privadas con matriz bancaria se afanaban en ofrecer sicavs parcial o incluso totalmente apalancadas. El cliente firmaba un préstamo que iba a la sociedad y al invertirla en los mercados, la rentabilidad obtenida servía para hacer frente a la deuda. La entidad, encantada: había ganado un cliente y colocado un crédito que, por supuesto, adjudicaba su propio banco. Negocio por partida doble. 

Fue una práctica demasiado extendida, que se tradujo en que todavía hoy hay más sicavs que fondos de inversión (algo demencial) y en que mucha gente que no debía se hizo con uno de estos instrumentos, en algunos casos sólo por figurar.

La banca privada se democratizó y personas que seguramente no deberían haber sido clientes de estas entidades patrimoniales firmaron de todo, deslumbrados por oficinas con columnas, secretarias despampanantes, ejecutivos de cuentas particulares; sin ventanillas ni colas... Además, enviaban regalitos en Navidad e incluso alguna entrada para algún acontecimiento.

En 2008 sufrieron enormes pérdidas casi todos. Tenían en cartera bonos de Lehmann y demás bancos de negocio, inmobiliarias austríacas que se hundían, OPVS desastrosas… y se vieron obligados no sólo a asumir las pérdidas, sino que encima tenían que pagar el crédito por una parte de cartera que también se había minusvalorado. Doble pérdida. 

Con seguridad, no es comparable un titular de una sicav con un ahorrador de clase media que ha comprado preferentes. Este último adquirió un producto que nunca debería haberse puesto al alcance de inversores no cualificados, por no hablar de las irregularidades en las firmas de los contratos.

Pero no sólo hay rechinar de dientes en la casa del pobre. Pagar créditos por sufrir pérdidas tiene que ser una sensación impactante. Que se lo digan también a mucho accionista que estos años ha tomado participaciones en empresas, irrumpiendo en los registros de la CNMV y se han encontrado con margin calls saltando por los aires y ejecuciones vergonzantes. 

La sicav acabó convirtiéndose en un instrumento de nuevo rico y ya se sabe cómo han terminado casi todos los que emergieron en España estos años. 

Autor

Manuel L. Torrents

Periodista especializado en mercados y economía, algo que me parecía impensable en la Universidad. He trabajado en El Economista, FondosWeb, Mi Cartera, El Confidencial; he sido fundador y acabé dirigiendo Negocio & Estilo de Vida, y colaboré en distintos medios durante mi vida profesional. Estoy desde la gestación de Vozpópuli, donde desarrollo funciones de subdirector. Creo que la prensa es un supervisor democrático insustituible, por lo que me gustaría ver editores limpios, que se preocupen por la profesión y la defiendan.

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  • #6 lucernario

    Estoy muy esperanzado por tener estos análisis tan llenos de altura de miras...