domingo 20 de abril de 2014

Mi pequeño Salottino

Mi enemigo el Estado

Juan. J. Gutiérrez Alonso (02-04-2012)
  • aumentar tamaño del texto
  • reducir tamaño del texto

Últimos posts

Quienes se emancipan de la ideología de la Res Publica normalmente lo hacen por acumular cierta experiencia profesional y comprobar en sus carnes que la seductora literatura académica producida al respecto, así como las opiniones de tertulianos y la pléyade gardingos a sueldo, es pura cosmética. Sin necesidad de haber leído o ser grandes entusiastas de M. Friedman, F. Hayek o L. Von Mises, cada vez más gente parece comprender el riesgo que corremos como sociedad al convertirse el Estado en el absoluto enemigo y mayúsculo problema de los individuos.

La principal habilidad del engendro omnímodo que se ha gestado durante décadas, ha sido sin duda su capacidad para atraer hacia su seno a lo peor de la sociedad y prolongarse seguidamente por todos los estratos. Una vez que la efervescencia crediticia nos abandona, el panorama se torna entonces catastrófico y presenciamos en toda su extensión una nítida división entre quienes del Estado aun viven directa o indirectamente y quienes contra el Estado se golpean a diario para sacar sus proyectos de vida adelante, y de paso mantener a los primeros.

La situación se ha hecho especialmente grave en nuestro país por la irrupción constitucional de aquella floritura que diseñaron nuestros constituyentes como solución, según ellos, a los tradicionales problemas territoriales, y también como alternativa al centralismo para mejorar así el funcionamiento de la cosa pública. Me refiero obviamente, a las Comunidades Autónomas, cuyo estrepitoso fracaso ya sólo niegan quienes de ella han vivido o siguen viviendo.

Sobre el dislate y el disparate de nuestra arquitectura institucional se podría escribir mucho, aunque nunca llegaríamos a la ingente literatura con la que nos han obsequiado todos aquellos que han hecho de su vida una oda intelectual (con perdón del intelecto) al invento. Además, no tenemos ni espacio ni ganas de hacer un aquelarre de la criatura, por lo que me limitaré en esta ocasión a un aspecto muy puntual que irrita a muchos ciudadanos. Esto es en definitiva lo importante.

El monstruo recaudador de las CCAA: su esencia

Cualquier persona que no viva en una realidad paralela, seguramente es ya consciente de la ruinosa situación de los gobiernos autonómicos. El estruendo es sólo cuestión de tiempo, pero como el suicidio o la auto-lesión administrativa no es el algo que vaya con ellos, porque resulta fatigoso y porque hace peligrar el statu quo, sus abusos y esfuerzos de supervivencia caen sobre el anhelado ciudadano. Para el que curiosamente dicen trabajar y servir.

Como saben, todavía hay ingenuos por ahí que se atreven a comprar viviendas. Su ingenuidad nos sirve para comprobar de qué va esto de la Administración. Porque como saben, al embarazoso trámite civil y financiero de la compra de vivienda y el doble pago Notario-Registrador, le acompaña el tributario y administrativo. La esencia misma del bicho.

Así, una vez que se materializa la compra-venta de una propiedad y uno autoliquida religiosamente su Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, las Comunidades Autónomas vienen sistemáticamente acompañando una valoración complementaria a la liquidación efectuada. Ellas entienden que el precio incorporado en la Escritura de compra-venta no es real, sino superior a lo acordado por las partes. De este modo incrementan la base imponible y remiten un aumento del impuesto, exigiendo incluso intereses de demora y hasta, llegado el caso, recargo.

La cobertura legal

En teoría, esta actuación infame, insolente y canallesca, que viene repitiéndose desde hace algunos años, se hace en base a las tablas de precios mínimos que manejan las CCAA y que les permite valorar el inmueble que compra usted a precios actuales, a precios de los años de la histeria. A precios que nunca volverán a este país.

Las diferencias suelen ser enormes y quienes tienen la valentía y la capacidad económica de enfrentarse al enemigo para intentar hacer valer la realidad de la operación inmobiliaria, se ven abocados a recurrir la complementaria y seguidamente solicitar tasación que acredite que, efectivamente, el valor del inmueble es un 30-35% inferior al que los cretinos de las CCAA han establecido.

El responsable de la infamia fue el anterior ejecutivo y el actual por no hacer nada al respecto. La Ley 4/2008, de 23 de diciembre,  incluía en el apartado 3 del artículo 46 del Real Decreto Legislativo 1/1993, de 24 de septiembre, una regla de cuantificación del valor de los inmuebles, indicando que: «cuando el valor declarado por los interesados fuese superior al resultante de la comprobación, aquél tendrá la consideración de base imponible. Si el valor resultante de la comprobación o el valor declarado resultase inferior al precio o contraprestación pactada, se tomará esta última magnitud como base imponible»

Por tanto, aquellos ciudadanos que cometan la torpeza de comprar una vivienda de esas baratitas que ofrecen los bancos y declaren el precio real, es decir, el pactado en Escritura Notarial, recibirán sistemáticamente una complementaria en la que se le aplican unas tablas para decirle: «Mire usted, su propiedad, a efectos fiscales, vale lo que yo digo y por eso le aplico este coeficiente. Y como necesito pasta: solve et repete»

Obviamente, cuando a nuestro comprador le llegue la liquidación complementaria, podrá preparar sus recursos administrativos, que obviamente no serán atendidos porque los recursos administrativos es algo que nos podríamos ahorrar perfectamente en este país. A continuación, previo pago o suscripción de garantías correspondientes con la reclamación económico-administrativa, terminará recurriendo a los juzgados y sólo le quedará cruzar los dedos para que anulen esa liquidación por carecer manifiestamente de motivación (Sentencias del Tribunal Supremo 1-10-88 y 26-5-89) y poner dudosamente en duda, algo tan elemental como el precio libremente pactado en un contexto de caída libre de precios.

Pero no acabaremos ahí, la CCAA puede realizar una nueva valoración y se limitarán, rayando la conducta prevaricadora, a repetir la que dio lugar al proceso descrito con la esperanza de aburrirle. Y usted, imprudente comprador, tendrá que meterse nuevamente la mano en el bolsillo, recurrir nuevamente y esperar a que sea anulada judicialmente y ya no proceda una nueva liquidación.

Nota: Al terminar este artículo conocemos que se ha aprobado definitivamente la «Amnistía Fiscal» para capitales no declarados. Muchas infracciones penales emergerán ahora, pero Hacienda perdonará las penas de cárcel a quienes admitan su fraude a cambio de un 10%. Tampoco se impondrá ningún tipo de sanción ni se exigirán intereses ni recargos. Juzguen ustedes mismos, teniendo en cuenta lo anterior, el desorden que vivimos y dónde quedan esos principios constitucionales que fundamentan la convivencia pacífica y que legitiman al Estado mismo.

Twitter: @JJGAlonso

Autor

Juan. J. Gutiérrez Alonso

Nací en Salobreña y estudié Derecho en Granada. Antes de terminar la carrera pude hacer un internship en el Chase Manhattan de Luxemburgo. Al año siguiente cursé un MBA y empecé a trabajar como abogado en Garrigues&Andersen. Luego decidí regresar a la Universidad de Granada para hacer un Doctorado que terminaría en el Real Colegio de España de Bolonia, uno de los lugares que considero más interesantes del mundo. En 2006 trabajé en la Embajada de España-AECID en Bolivia. Volví a la Universidad y desde 2009 hasta 2011 fui asesor en la Secretaría de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios. Ahora intento que mis estudiantes encuentren alguna lógica y entusiasmo en las categorías jurídicas, aunque últimamente la hallamos más en Groucho Marx o Charles Chaplin que en el BOE.

Suscripción RSS

Top 3 Comentarios más votados

  • #1 cuader

    Completamente de acuerdo. Ahora, esperar el derrumbamiento, cuyos cascotes nos...

  • #2 EnriqueZamorano

    Enhorabuena, usted pone por escrito mis pensamientos e ideas; no se pueden...

  • #4 Misericordia

    @@John_Locke #3 Sí, regocijémonos por la aplicación de un coeficiente...