Historia

⁠La cruel vida de María Estuardo, la reina católica de Escocia que desafió a Inglaterra

El papa pidió al rey Felipe II la conquista de Inglaterra para liberar de su prisión a “aquella pobre princesa”

  • María Estuardo siendo acompañada hacia su ejecución en 1587.

La figura de la reina María de Escocia es un reflejo de las luchas religiosas acaecidas en la Inglaterra del siglo XVI. La última superviviente de la estirpe de los Estuardo sufrió la persecución de la dinastía Tudor, encabezada por Isabel I, quien apresó durante 19 años a su contendiente por el trono, hasta que la ejecutó, para pasmo de la Cristiandad en Europa. El rey español Felipe II trató por todos los medios de frenar el trágico final de, según sus palabras, “aquella pobre princesa”. Finalmente, ni siquiera el hombre más poderoso del catolicismo fue capaz de ayudar a esta monarca a reinstaurar su religión en unos dominios que, hacía tiempo, habían abrazado el anglicanismo con el rey Enrique VIII.

Esta vida de película, que cautivó a escritores como Stefan Zweig, comenzó el 8 de diciembre de 1542 en el castillo escocés de Linlithgow, donde nació la esperanza de la dinastía de los Estuardo. Apenas seis días después, la recién nacida quedó huérfana tras la muerte de su padre Jacobo V. Esta nueva situación provocó que comenzara una regencia en Escocia bajo la batuta de su madre francesa, proveniente de la familia católica de los Guisa. Este giro de acontecimientos virará la política escocesa hacia Francia, que, en una estrategia a largo plazo, decidirá casar al joven príncipe Francisco II con esta princesa. 

Este proyecto matrimonial trató de unir a largo plazo las coronas de Francia y Escocia, con la intención de en un futuro, quizás, reclamar el trono inglés. Así fue como desde los cinco años esta niña conocida como “La Delfina” vivió en territorio francés hasta que, en 1558, se celebró su matrimonio con “El Delfín”. En paralelo, ese mismo año subió al trono de Inglaterra la conocida como Isabel I, enfrentándose al desafío de hacerse respetar, puesto que su padre, Enrique VIII, la declaró durante un tiempo como hija ilegítima. Sandra Ferrer, autora de Mujeres silenciadas del Renacimiento (2024), examina la trama política entre las dos reinas por el poder, destacando que “María Estuardo era prima de Isabel. Y lo más importante, era la siguiente en la línea de sucesión al trono dado que Isabel no tuvo descendencia”.

“María creció como católica, mientras que Isabel lo hizo como protestante”

Sandra Ferrer, autora de “Mujeres silenciadas del Renacimiento”

Las relaciones más tensas entre las dos monarcas ocurrieron tras la vuelta de María Estuardo a Escocia. Previamente, en Francia, el rey Enrique II había muerto mientras participaba en una justa en el marco de la paz de Cateau-Cambresis (1559). Tan solo un año después, su sucesor Francisco II también fallecía, sumiendo al país en unas guerras civiles religiosas, y en lo que atañe al artículo, dejando a la protagonista viuda a la edad de 17 años. De este modo, volvía a su tierra natal donde el panorama había cambiado radicalmente con la emergencia del protestantismo. El predicador calvinista John Knox criticó en sus sermones el regreso de la soberana. Aun así, la joven reina no se amilanó y se mostró firme defensora del catolicismo. 

Sandra Ferrer es una de las divulgadoras más conocidas sobre el papel de las mujeres en la historia. Para ella, la raíz de la confrontación entre reinas reside en que “María creció como católica, mientras que Isabel lo hizo como protestante. María se erigió como abanderada del catolicismo en una Inglaterra que, tras el breve reinado católico de María Tudor, regresó a la fe protestante obligando a muchos católicos a dejar su país”. María de Escocia se convirtió en la esperanza de los católicos en aquellas tierras. Este hecho, sumado a que Isabel I no tenía herederos, motivó a la reina a buscar un nuevo marido. En España, se barajó la posibilidad de casar al hijo de Felipe II, el príncipe don Carlos, con la monarca escocesa, pero finalmente se descartó. El elegido fue Lord Darnley, quien poseía sangre de la dinastía de los Tudor como de los Estuardo. De esta unión nació Jacobo, destinado a heredar el trono inglés. En otro cambio de guion, este esposo morirá cuatro meses después del nacimiento de su hijo. 

Entre la correspondencia de los informadores de la Monarquía Hispánica llegó la noticia de que “el rey de Escocia fue estrangulado en una de sus propias casas, no sabemos por quién ni cómo”. Aunque, en las islas británicas, ya se estaba gestando una campaña para hacer a María responsable del asesinato. La nobleza local presionó para que la supuesta asesina abandonara Escocia. En este momento será cuando pisó suelo inglés, como recoge Ignacio Medina Corral en su tesis sobre Rivalidad y conspiraciones entre Isabel I de Inglaterra y María I de Escocia (2019), tras abdicar en su hijo de apenas un año. Por lo que, arribó con menos poder que antes, buscando la clemencia de su prima Isabel. 

Ejecución de María Estuardo. Abel de Pujol.

Ejecución de María Estuardo. Abel de Pujol. Musée des Beaux-Arts de Valenciennes

¿La Monarquía Hispánica en socorro de María Estuardo?

Una vez en Inglaterra, María Estuardo fue apresada por orden de Isabel I. Este cautiverio duró 19 años, viviendo una odisea de castillo en castillo con la privación de sus libertades. Se la acusó de asesinato. Desde el Vaticano, el papa pidió a la Monarquía Hispánica invadir las islas para otorgar a María la corona inglesa. Este llamamiento pilló al duque de Alba en los Países Bajos españoles, quien, ejerciendo de hábil diplomático, convenció a la Santa Sede de rehusar esta idea. Desde Bruselas, el gobernador Alba actualizaba a su rey Felipe II de la situación geopolítica de la Cristiandad. Este llegó a confesar que “miedo tengo a aquella pobre señora” cuando se enteró de su encarcelamiento, mientras que el monarca español instó a “consolar aquella pobre princesa”. 

¿Por qué se descartó una invasión de Inglaterra? A pesar de lo comúnmente aceptado, Inglaterra no era una gran potencia en torno al año 1569, puesto que el general español sabía que la defensa británica dependía más de corsarios, que de la corona. Sin embargo, la empresa se descartó porque habría sido necesario preparar tres armadas: “La misma hora que S.M. -Su Majestad- pensase emprender lo de Inglaterra le era forzado hacer tres armadas, la una para invadir aquel reino, las otras dos para defenderse del rey de Francia”, quien trataría de debilitar a la Monarquía, y para evitar un ataque de los príncipes protestantes alemanes a las 17 provincias católicas. 

Finalmente, el apoyo español se limitó a ayuda económica de forma secreta a los partidarios escoceses de la reina, a los irlandeses católicos y a los ingleses del mismo corte en la zona septentrional de la isla. Por aquel entonces, Felipe II e Isabel I mantenían una buena relación, por lo que no interesó comprometerse más allá. 

Esta falta de apoyo externo forjó el destino trágico de María, quien, a pesar de conspirar para escapar de su prisión, será decapitada en febrero de 1587. Según la divulgadora Sandra Ferrer, esta ejecución tardó tanto en llevarse a cabo porque “podía desembocar en una guerra con Escocia. No fue hasta que Isabel tuvo claras las fidelidades y apoyos necesarios y se convenció de que su prima solamente vivía para destronarla que decidió ejecutarla”. La vida daría una segunda oportunidad a la dinastía de los Estuardo con la subida al trono del hijo, Jacobo VI, quién gobernaría como rey de Inglaterra, de Irlanda y de Escocia. 

 

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