Opinión

Vísteme despacio que tengo Prisa

Oughourlian tiene perfectamente claro que Sánchez es material fungible destinado a la recicladora

  • El presidente de PRISA, Joseph Oughourlian


Tan felices como se las prometían esas cofradías dedicadas a la adoración audiovisual de Sánchez, pensando que iban a disponer de canal televisivo propio -uno más, queremos decir- en las que los estomagantes bufones oficiales junto a los pseudo periodistas lame nalgonas iban a tener su privé, y no va ese señor con una mente de primer orden pero nombre de gargarismo, Joseph Oughourlian -pronúnciese Pepe, no nos compliquemos la vida- y dice que de canal de tele para PRISA nada, de rien, de Nothing.

El berrinche de los afectados ha sido apoteósico. Los que se veían con un canal en el que colocar productos, amigos, conocidos y saludados, siempre al servicio de la causa, quedáronse con un palmo de narices. Y, ultrajados como los Infantes de Carrión, han dimitido o los han echado o ambas cosas. Así pues, Carlos Núñez, José Miguel Contreras y quizá algunos más se marchan cabizbajos al destierro de la otrora todopoderosa PRISA que, contradiciendo su nombre, no parece tener ninguna ídem en hacerse el Seppuku y acabar su vida empresarial emprendiendo quiméricos proyectos que no tienen garantizada la solvencia económica. Es lo que Sánchez y sus mosqueteros mediáticos no entienden: al final, siempre llega el camarero con la factura y alguien tiene que pagarla.

Ese es el muro inapelable en el que se estrellan siempre los onanismos ideológicos, el del mercado

En el caso de la Espantosa, la fiesta a Buenafuente, productor de Broncano, y al muchacho en sí la pagamos todos los españoles con ese dinero que, a fuer de público, no es de nadie que diría la Cecilia Böhl de Faber de la política, Carmen Calvo. Pero el sector privado exige resultados, presupuestos ajustados a la realidad, cuentas de gastos, audiencias que redunden en publicidad, en fin, negocio. Ese es el muro inapelable en el que se estrellan siempre los onanismos ideológicos, el del mercado.

Don Pepe -léase Oughourlian- ha tenido claro como empresario que lo primero era sanear PRISA, y meterse en el embolao de un nuevo canal de televisión no le ha parecido la mejor manera de reducir la deuda monstruo que tiene la empresa. Lógico, este hombre es un buen empresario y sabe cuándo hay que arriesgar y cuando no. Pasaron los tiempos en que Soraya regalaba un canal a la izquierda podemítica, otrora cañera y actualmente fané y descangallada, con el apoyo trotskista millonario de Jaume Roures. Ahora sería difícil encontrar a un financiero de relevancia que pusiera pasta en ese nuevo canal por el que tanto ha porfiado Contreras. Resultado: no hay una nueva tele Sánchez.

Existe, acaso, otro factor con el que los partidarios de ese canal de Panamá político, que conectaría la porquería del gobierno sanchista actual con la porquería de otro eventual gobierno sanchista emanado de unas nuevas elecciones, no han contado. Y es que Don Pepe -perdóneme la confianza, que no está reñida con el respeto que le tengo- tiene información, como la mayoría de líderes empresariales de categoría, de que Sánchez está quemado, que cada día que pasa es un día menos que le queda en el poder, que sus actos en los últimos meses son los de alguien desesperado que contempla cómo se le está abriendo la tierra bajo los pies. Y nadie apuesta por caballo perdedor. Cuando don Jesús Polanco apostó por Felipe lo hizo porque sabía que tenía líder para rato, como así fue; Oughourlian tiene perfectamente claro que, amén de los libros de cuentas, Sánchez es material fungible destinado a la recicladora.

Por eso ha preferido ir poquito a poco, sin ceder a las urgencias históricas de los cofrades del sanchismo. Va despacio porque tiene PRISA. Que no es grano de anís.

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