Historia

El gran error del ejército del duque de Alba que costó la disolución de un Tercio

La falta de disciplina del Tercio viejo de Cerdeña provocó la primera derrota católica en la guerra de los Ochenta Años

  • El duque de Alba con la batalla de Rocroi al fondo. -

La furia iconoclasta de 1566 en los Países Bajos provocó un ataque directo al catolicismo defendido por la Monarquía Hispánica. Felipe II, al enterarse de estos acontecimientos, decidió enviar una expedición de castigo al mando del duque de Alba con el objetivo de apresar a los instigadores de estos tumultos. Guillermo de Orange, el único noble con el título de “príncipe” en las 17 provincias, huyó tras enterarse de la venida del general, por miedo a sus decisiones sobre el terreno. Un año después, la cabeza de la dinastía de los Nassau decidirá retornar con el objetivo de ser “el libertador de la patria” obteniendo una respuesta militar eficaz de la gobernación española.

Aunque, entre tanta victoria, ha pasado desapercibido un momento en el que la falta de disciplina del Tercio viejo de Cerdeña provocó la primera derrota católica en la guerra de los Ochenta Años. A pesar de no tener un valor fundamental en el curso de la contienda, los orangistas descubrieron que las tropas de Alba eran mortales. El Capitán General decidirá disolver estas compañías creando por primera vez el Tercio viejo de Flandes.

La situación estaba calmada en marzo de 1568 en los Países Bajos. El duque de Alba tenía las cárceles llenas de presos y su Tribunal de los Tumultos estaba cerca de dictar sentencia sobre los reos a los que el gobernador calificó de “inquietadores de la paz pública”. Aunque, esta aparente situación de sosiego se torció con la noticia de que la dinastía Orange estaba preparando un ataque por tres frentes contra la gobernación hispánica. Esta amenaza real precipitó los acontecimientos obligando a distribuir a los Tercios por las fronteras. 

La Batalla de Heiligerlee, por Frans Hogenberg.

La Batalla de Heiligerlee, por Frans Hogenberg

Batalla de Heilergelee

Tras la primera victoria en Dalen con un ataque exitoso de las tropas de Sancho de Londoño. El principal foco se situó en la provincia de Frisia, de donde llegaba información de que Luis de Nassau -hermano de Guillermo de Orange- estaba reclutando a hombres de guerra. El duque de Alba decidió actuar rápidamente enviando a las tropas del leal conde de Aremberg con cuatro banderas alemanas, que se juntaron con las del Tercio viejo de Cerdeña, que contaba con 10 banderas de españoles, dirigidas por Gonzalo de Bracamonte. Estas compañías debían esperar los refuerzos del conde de Mega, que venía desde Groningen, para realizar un ataque conjunto.

El ejército católico localizó al enemigo antes de lo previsto en la ciudad de Dam. Acto seguido, los arcabuceros abrieron fuego provocando la huida del oponente. Aremberg tuvo que enfrentar un complicado dilema: ¿Esperar a los soldados del conde de Mega o salir a por el contingente rival? El Tercio viejo de Cerdeña, deseoso de entrar al choque, metió presión al líder. Estos militares, desobedeciendo las consignas, decidieron ir a por los rebeldes, provocando que a Aremberg no le quedara más remedio que mandar al resto de escuadrones junto a ellos.

 

“Se perdió y fue tan gran pérdida que, respecto a ella, aunque no se hubiera perdido soldado alguno, era muy grande”

El duque de Alba sobre el conde de Aremberg

 

Esta decisión fue muy criticada en la época. El cronista Famiano Strada arguye que es posible que el noble flamenco tomara esta iniciativa por miedo a que se dudara de su fidelidad. Aunque, también plantea otra opción, y es la de que quisiera henchirse de gloria marcándose un tanto sin la colaboración de las tropas del conde de Mega. El duque de Alba, a la hora de hacer balance de lo ocurrido, pensó que Aremberg posiblemente entró en combate, ya que los españoles le instaron a no ser una “gallina”.

Sea como fuere, esta precipitación saldrá muy cara al ejército hispánico. Luis de Nassau estaba dirigiendo sus tropas hacia la abadía de Heilergelee, que, en palabras del militar Bernandino de Mendoza, significa “lugar alto y santo”. El Tercio viejo cayó en una trampa, ya que los rebeldes atacaron desde lo alto de la colina hacia los lodazales propios de la época donde se encontraban los realistas. Esto provocó un desconcierto tal, que los cuatro estandartes germanos decidieron huir. En una clara inferioridad numérica, los soldados católicos hallaron la derrota. 

En esta refriega murieron dos hombres muy importantes para ambos bandos. Por un lado, el hermano de Guillermo de Orange: Adolfo de Nassau. Por el otro, el leal conde de Aremberg, que luchó aun sabiendo perdida la batalla hasta la muerte con su caballo. El animal recibió un arcabuzazo provocando la caída del caballero. Una vez en el suelo, caminó defendiéndose con la espada en mano, hasta que recibió la herida mortal. El duque de Alba, desde Bruselas, no daba crédito: Aremberg “se perdió y fue tan gran pérdida que, respecto a ella, aunque no se hubiera perdido soldado alguno, era muy grande”.

El resultado de esta contienda fue un impulso en la moral del ejército que quería invadir los Países Bajos españoles. Mientras, que, por parte de los católicos, el duque de Alba aceleró las ejecuciones de prisioneros, entre los que estaban los conocidos condes de Egmont y Hoorne. El enfado con los mercenarios alemanes fue tal que no se les quiso pagar en un principio. Un total de siete alféreces y tres capitanes se perdieron, aunque ninguna bandera española. El Capitán General español decidirá disolver el Tercio viejo de Cerdeña por su indisciplina creando por primera vez el Tercio viejo de Flandes.  

Dos meses después, la gobernación hispánica demostrará en la batalla de Jemmimgem que, lo ocurrido en Heilergele no se iba a repetir. El príncipe de Orange pensó que en este primer retorno los pueblos flamencos y neerlandeses le recibirían como “salvador de la patria”. Nada más lejos de la realidad, si su empresa no dio sus frutos, fue por no contar con el apoyo de una población que siguió a las órdenes del rey español Felipe II en el territorio. El duque de Alba celebrará en un futuro que Guillermo de Nassau no tuviera éxito: “Se ha tornado a casa y no tan bravo como antes”.

 

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