Recuerdo aquella portada de la revista Hermano Lobo en la que un hombre se ensaña dándole puñaladas y más puñaladas a un cadáver; un señor le dice qué por qué no lo deja ya, a lo que el apuñalador responde iracundo “¡Pues que deje de llamarme asesino!”. Esto es, en resumen, lo que sucede en España con los proetarras y los que desearían ver de nuevo en acción las checas. En este despropósito que llaman Memoria Histórica, que no tiene nada de ambas cosas, algunos creen que realmente hemos vuelto al treinta y seis, y sus modos y maneras se corresponden con los energúmenos criminales de aquellos años. De momento, gracias a Dios, sin que la sangre corra por las calles aunque es de temer que si no se ataja la violencia verbal y física que empieza a tomar cuerpo la cosa acabará mal.
Un concejal del PP en el ayuntamiento local firmó una declaración institucional auspiciada por los bilduetarras apoyada, obvio, por PNV, Podemos y la PSOE en la que se critica a las “formaciones políticas de carácter reaccionario”
Veamos algunos ejemplos recientes, no de hace un año o dos. Por si no han visto las imágenes – los informativos del régimen son poco dados a enseñarnos lo que hay de verdad tras las bambalinas místico zurdas – los pongo en contexto: Rentería, puesto informativo de Vox asaltado por una turbamulta de energúmenos que los insultan, arrojan objetos, destrozan folletos y material de propaganda. La cosa no va a más por la presencia de efectivos policiales que garantizaron la integridad física de los de Abascal, entre los que figuraban su portavoz parlamentaria vasca, Amaia Martínez, y su presidente en Guipúzcoa, Juan de Dios Dávila. Rentería está gobernada por los bilduetarras, esos socios de Sánchez que opinan que no hay razones para hablar de ETA pero si para hacerlo de Franco. Si volvemos a las imágenes, verán entre los acosadores a una mujer con la cara transmutada por un odio feroz, un odio que pide sangre, un odio enfermizo, patológico, sin cura posible, diciéndoles de todo a los de VOX. Se organizó una manifestación con las mismas banderas y los mismos de siempre: colores rojo, morado, ikurriñas. Los medios de allí proclamaban que Rentería se había “alzado contra el fascismo”. Lo más triste: un concejal del PP en el ayuntamiento local firmó una declaración institucional auspiciada por los bilduetarras apoyada, obvio, por PNV, Podemos y la PSOE en la que se critica a las “formaciones políticas de carácter reaccionario”. Según ese criterio deberían condenar por igual al PNV, fundado por un racista misógino y atrabiliario como Sabino Arana o a ese Bildu que es heredero de quienes empleaban el tiro en la nuca y las bombas en grandes centros comerciales como metodología política. De locos.
'Tiro al fachón'
Pero hay un cordón sanitario, dicen, y todo vale contra Vox. Tanto es así que incluso en casos como este, donde no caben dudas ni excusas, el PP se suma, como escrito queda. Los populares, al menos por ahora, han tenido el buen juicio de callarse ante las declaraciones que hizo un diputado de Podemos en Murcia, Víctor Egío, que propuso el otro día sustituir el tiro al pichón por el, cuidado, no es broma, “tiro al fachón”, añadiendo que podía lanzarse a dirigentes de Vox en parapente desde una colina mientras los deportistas practicaban su puntería. Y esto no lo dijo en una taberna a las tantas o en arrebato o en un momento de locura temporal. Lo dijo a sangre fría en la sede de la Asamblea Regional de Murcia. Podría seguir con muchos casos más. En mi tierra este tipo de violencia está a la orden del día. O en Valencia, que casi descalabran al presidente Mazón en lo que la izquierda llama piadosamente un “escrache”. O a la pareja de la presidente Ayuso, al que casi le sacan un ojo el otro día con una cámara de televisión. Son demasiadas cosas como para no percibir el dibujo global. Han decidido pasar del cordón sanitario a la soga del ahorcado. Y esto, en España, ya sabemos cómo suele acabar.
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jumaca2018
26/02/2025 08:34
Que unos partidos políticos legales establezcan para otros también legales un llamado “CORDÓN SANITARIO” es algo que repugna a la razón. Parten del principio y la presunción de que sólo ellos son y están integrados por conciencias y espíritus decentes y honrados. Al resto de los ciudadanos que se inclinan por otras opciones políticas hay que tratarlos como a infectados. Parece insultante que los fabricantes de cordones sanitarios no admitan que entre sus líderes, militantes y votantes hay tantos o más indecentes y malas personas que entre los “acordonados”.
Acontracorriente
26/02/2025 12:12
Así sólo consiguen que les votemos más