Opinión

¿Elecciones antes del verano?

"El PSOE está oxidado y eso propicia que, cuanto antes se convoquen elecciones, mejor"

Antes que nada debo advertirles que soy parte interesada: me jugué una paella en directo en el programa “Horizonte” a que antes del verano se nos convocaría a las urnas. Hecha esta salvedad, me huele a que eso se convierte cada día más en certeza sólida, según me cuentan algunos enanitos infiltrados en el Complejo de Las Semillas. Analicemos: el presidente actual es el más débil que ha tenido España desde la llegada de nuestra democracia. Nadie fue tan esclavo de los ukases que le imponen los socios que le ayudan a mantener una frágil mayoría parlamentaria. Si mañana a Junts se le pone cargarse la legislatura porque considera que le conviene hacerlo de cara a sus electores – y sí, le conviene -, se acabó. Lo mismo es aplicable con magma comunista, porque a Sánchez le va de un solo escaño y si alguien gira el pulgar hacia abajo está sentenciándolo. El monclovita podrá decir que puede gobernar por decreto ley, sin presupuestos generales, saltándose procedimientos, leyes y reglamentos, pero con lo único que no puede mantenerse es sin mayoría parlamentaria.

Esto va parejo con esa remodelación gubernamental de la que tanto se habla. Sánchez se quitaría de en medio a ministros que pudieran hacerle sombra, verbigracia, a María Jesús Montero porque está empezando a hacer rancho aparte. El PSOE está oxidado y eso propicia que, cuanto antes se convoquen elecciones, mejor. Por otro lado, el apoyo europeo, léase de Von der Layen, ha desaparecido porque la bruja alemana será lo que quieran menos tonta. Asimismo, nada puede esperar de Trump y sabido es que lo que opine la Casa Blanca de un candidato a la presidencia tiene su importancia. Las grandes finanzas tampoco están por invertir en un país gobernado por alguien que tiene una mentalidad recaudatoria medieval y, encima, unos socios que odian a los empresarios. Por último, está la trama de presunta corrupción que llega hasta los pies de la cama del presidente, afectando además a ministros, altos cargos y al propio partido. No es descartable que, al final, el actual presidente acabe procesado. Convendrán ustedes que no es lo mismo que pase eso ahora a que suceda con un Sánchez revalidado en las urnas – eso dicen los expertos demoscópicos monclovitas -, porque a Sánchez lo que le interesa es mantener no tan solo el cargo sino el aforamiento.

Las grandes finanzas tampoco están por invertir en un país gobernado por alguien que tiene una mentalidad recaudatoria medieval

Hay una porción de detalles pequeños, si ustedes quieren, que vienen a sumarse a lo dicho. A Sánchez se le ha insubordinado Prisa, por poner un ejemplo. El bloque comunicacional, imprescindible para mantener “el relato” sanchista empieza a agrietarse. Muchos periodistas antes defensores a ultranza del pensamiento, si es que puede denominárselo así, emanado de Moncloa ahora ramonean con un vago “Bueno, en el fondo lo que yo decía era que…”. Son muchas las tertulias en las que, sin menoscabo de su parcialidad en favor del gobierno, los kamikazes sanchistas están empezando a recoger cable. Y si existe algo mejor que una veleta para saber la dirección en la que sopla el viento es un periodista apesebrado. Por su parte, la calle está cada vez más descabalada y con razón. Incluso cuando el presidente ordena boicotear a Ayuso en un acto, el de la jura de bandera el otro día, van sólo treinta militantes muy cafeteros a los que no se oía porque la multitud se rompía las manos aplaudiendo a la líder popular. Y hablando del PP, me cuentan que Sánchez se aferra a que, caso de perder los apoyos separatistas y comunistas, pueda lograr un pacto de legislatura con Feijoó. Que el político gallego aceptase sería firmar el acta de defunción del PP, por lo que no creemos que esa hipótesis sea más que otra de las ensoñaciones sanchistas. Eso, sin contar que al primero que beneficiaría unas elecciones generales sería al PP y al mismo Alberto Núñez Feijoó. Pero… ¿y sí si?

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