Defensa

Los 'operaciones especiales' españoles narran la reconquista de Irak: "Expulsamos al Daesh de sus últimos bastiones"

Segunda entrega del serial que publica 'Vozpópuli' sobre unidades de Operaciones Especiales españolas en Irak, tras una década de despliegue

  • Ejercicio de operaciones especiales españolas en Irak

La maquinaria operaba a pleno rendimiento, engrasada como un reloj. Las unidades formadas por los miembros de Operaciones Especiales de España habían demostrado con creces sus capacidades en enfrentamientos señalados durante la guerra contra el Estado Islámico en Irak. A base de sacrificio, a base de inyecciones de moral -por momentos, la organización terrorista parecía imbatible hasta haberse hecho con el control de casi todo el país-, los iraquíes se desprendían del yugo totalitario de los yihadistas. Hasta que, por fin, en 2017, se contempló su expulsión definitiva del país. Una misión que, en cierta medida, recaía sobre los hombros de las Fuerzas Armadas españolas.

“Participamos en la limpieza del Califato y en la expulsión del Daesh hasta su frontera con Siria”. Bajo el pseudónimo de Hiena encontramos a un soldado español, miembro de Operaciones Especiales actualmente desplegado en Irak. También participó en el barrido de las localidades ubicadas junto al río Éufrates, últimos bastiones del Estado Islámico en Irak en 2017. Atiende a Vozpópuli junto a otros tres compañeros para narrar, en primera persona, sus experiencias en un momento crucial para la Historia: aquel en que una organización terrorista se convirtió en Estado, impuso su ley, acuñó su moneda, desarrolló entes administrativos con rango ministerial y extendió su manto totalitario sobre Oriente Medio.

Se cumplen diez años de despliegue de Operaciones Especiales españoles en Irak. Este diario reconstruye en un breve serial de reportajes los hitos más destacados de la misión. Tras la llegada inicial y enfrentarse a “un folio en blanco”, estos militares españoles se habían erigido en un pilar clave de la Coalición Internacional contra el Daesh, instruyendo selectas unidades iraquíes para ejecutar algunas de las misiones más sensibles en la reconquista del país.

Los esfuerzos habían dado sus frutos y el ejército iraquí, asesorado y acompañado por la Coalición, había reconquistado los principales bastiones del Daesh; su centro neurálgico de operaciones, con tentáculos que se extendían por cualquier rincón del mundo. Era una guerra total. Y cada uno ejecutaba una misión claramente definida.

Sin fisuras

Hiena era Joint Terminal Attack Controller, encargado de integrar las capacidades aéreas en las actividades terrestres; Bribón, analista de inteligencia, obtenía toda la información que llegaba por diversos canales para la confección de informes clave; Stewie era el segundo jefe del equipo en Bagdad; el comandante de la Llave es el actual jefe de operaciones de las unidades de Operaciones Especiales desplegadas en Irak, con varias rotaciones a sus espaldas en esta misión.

Un equipo que funcionaba sin fisuras y que basaba su éxito en la compenetración con las tropas iraquíes que instruían; efectivos seleccionados por aptitudes físicas, capacidades y tras haber superado los más estrictos controles de inteligencia. Trabajaban juntos, entrenaban juntos, padecían juntos. “El sufrimiento une”, apuntaba el comandante de La Llave en el primer reportaje del serial.

“El español no puede hacer las cosas a medio gas -defiende Bribón-. Lo que hacemos tanto en formación como en operaciones con los iraquíes, lo hacemos como con un hermano más o como un propio compañero. No sabemos distinguir. ¿Vamos a darle menos información o menos formación porque es ir aquí? No. Al final el compromiso es igual y lo hacemos igual”.

Nos ubicamos en las últimas semanas de 2017. La derrota del Daesh, antes impensable, era ya una posibilidad real. Bastaba un último empujón, complejo pero definitivo, para expulsarlo de las fronteras iraquíes. Todas las miradas estaban puestas en el río Éufrates; junto al Tigris, arteria principal de Irak, oasis de prosperidad que permitía el crecimiento de ciudades y poblados, agricultura y riqueza, dominados entonces por los terroristas.

España iba a tener un papel destacado en este avance definitivo. Así, las unidades de Operaciones Especiales españolas -que se caracterizaban por su alta capacidad de adaptación y despliegue en cualquier lugar que se les demandaba- se encontraban entonces en Al Asad, punto clave en el comienzo de esta última ofensiva. “Se alinearon los astros -explica el comandante De la Llave-. Se veía que el siguiente movimiento iba a ser sobre el Éufrates y nos adelantamos, preposicionando un equipo operativo en Al Asad. De forma que cuando llegó ese impulso para expulsar al Daesh, esa fase definitiva, nosotros ya estábamos colocados allí y teníamos una unidad partner que iba a participar”.

Comienza la ofensiva

Y así arrancó el empuje definitivo. “Operaciones de guerra simétrica o convencional”, detallan los militares españoles, pero en las que el Daesh empleaba todos los medios a su alcance para, en su resistencia final, causar el mayor daño posible. El avance en zonas desérticas era rápido a bordo de los vehículos Lince; encontraban algo más de resistencia en las vaguadas, vías de comunicación naturales; la llegada a las ciudades era la parte crítica. Porque es ahí donde los terroristas afianzaban sus posiciones “en defensiva”. O lo que es lo mismo, sembraban todo en su entorno de trampas letales, explosivos, y defendían cada calle, cada casa, hasta las últimas consecuencias.

Las Unidades Especiales españolas, junto a las otras naciones de la Coalición Internacional contra el Daesh que participaban en esta última ofensiva, se asentaba en bases operativas avanzadas. Eran campamentos a unos 10 kilómetros de la primera línea del frente. “Normalmente se colocaban tiendas de campaña, se montaba hasta un pequeño comedor, se colocaban aquí los carros de combate, piezas de artillería… Se unificaban las fuerzas, se hacían briefings previos antes del asalto definitivo”, detalla Hiena.

Acciones que se ejecutaban mientras la artillería aliada peinaba las posiciones del Estado Islámico, con el objetivo de facilitar la entrada terrestre en la medida de lo posible. El ejército oficial iraquí apenas disponía de medios de visión nocturna, por lo que las ofensivas militares se efectuaban a plena luz del día. Una o dos jornadas de estruendo, preparación y mantenimiento, en las que “se dormía o se comía cuando se podía”, protegidos por anillos de seguridad y una vigilancia constante.

Porque los terroristas aún tenían capacidad de ataque con morteros o con artefactos IED -explosivos-, dispuestos en las principales rutas de comunicación para entorpecer el avance de la Coalición. Hiena recuerda que “los aviones Hércules artillados iban lanzando fuego de artillería para levantar los posibles IEDs” y despejar, así las rutas de acceso a las localidades.

La imaginación terrorista también había diseñado otras armas letales. El Daesh había reconvertido los talleres en auténticas fábricas de armas, blindando furgonetas o vehículos para arrojarlos cargados de explosivos contras las tropas internacionales. Se requería mucha munición -en ocasiones, pesada- para frenar sus embestidas. Los terroristas, además, habían excavado túneles bajo las ciudades para moverse sin ser detectados por la Coalición. Y habían improvisado un sistema de ataque aéreo, con drones comerciales a los que les enganchaban una granada para arrojarla contra las posiciones de las fuerzas internacionales.

El horror tras la ocupación

Ese es el escenario que se encontraban en cada una de las ciudades que iban liberando. Hit, Al Hadithah, Anah, Rawah… un avance definitivo sobre el Éufrates hasta llegar a Al Qa’im, en la frontera con Siria, que finalmente fue liberada a finales de 2017. Cabría imaginar el júbilo entre los iraquíes, pero la desolación terrorista había alcanzado tal magnitud que apenas había margen para el alborozo.

“En Al Qa’im, por ejemplo, no se veían muchos cuerpos [de terroristas] completos -explica Hiena-. En realidad… Te encontrabas dos piernas, una cabeza por ahí... Porque la mayoría llevaban chalecos bomba que explotaban cuando ya se veían acorralados. Cuando se les iba a sacar el ADN para ir tachándolos de la lista de bajas terroristas, no se les podía sacar de la boca, como se hacer normalmente; se hacía de la sangre que quedaba en el muslo, porque lo que es el tronco desaparecía con el explosivo”.

“La verdad es que era una sensación... Curiosa -describe Hiena-. Porque cuando llegábamos, la poca gente que había por las casas, los niños, las familias, salían a recibirte como si nada. Salían, sonreían, nosotros les dábamos agua, les dábamos comida y ellos lo cogían felices. Y la sensación es que esa gente había pasado por muchos años de conflicto, por situaciones muy duras, y que al final vivían para sobrevivir”.

Apenas había lugar para celebraciones porque, a pesar de la expulsión del Estado Islámico de territorio iraquí, los terroristas reconvirtieron sus capacidades para entrar en una nueva fase de presión. Ya no eran un ejército convencional, sino células dispersas por el país que aún hoy, en 2025, siguen actuando. Y que tiempo después de la derrota del Daesh, representan una amenaza para la seguridad, tal y como recuerda Stewie:

“En 2019, poco después de que nuestra rotación llegase a Irak, operábamos en Tarmiyah. Nuestra unidad partner sufrió una emboscada con un fusil, un visor térmico y ataque con IED. Era noche cerrada y mataron a nueve. Esa fue nuestra bienvenida. El Daesh estaba derrotado como tal, pero había bastantes células activas. Era gente con un nivel de instrucción muy alto, una capacidad de supervivencia muy, muy alta, y con una elevada capacidad de movilidad. Tienen todas las condiciones de un buen combatiente”.

*Este reportaje forma parte del serial sobre las unidades de Operaciones Especiales españolas en Irak, que arrancó el pasado domingo con El relato inédito de los 'operaciones especiales' españoles al aterrizar en Irak: "Daesh controlaba casi todo", y que continuará la semana próxima con los principales desafíos y amenazas a los que se enfrenta ahora la Coalición Internacional.

Apoya TU periodismo independiente y crítico

Ayúdanos a contribuir a la Defensa del Estado de Derecho Haz tu aportación Vozpópuli
Chafarinas y Vélez de la Gomera: los territorios españoles protegidos por el Ejército que EEUU ofreció a Marruecos
España ya ha reprogramado una docena de proyectos armamentísticos clave para las Fuerzas Armadas