Opinión

El gatillazo de la izquierda rijosa

Todos lo sabían. Los jefes callaban. La izquierda feminista miraba hacia otro lado. Hasta que estalló el escandalazo. Podemos y Sumar, en situación terminal

  • Errejón, Monedero e Iglesias, la izquierda más feminista

Le llamaban ‘el babas’. A Monedero. Perseguía a ingenuas militantes y a alumnas incautas. Durante años. Todos lo sabían. Irene Montero lo tapó. Pablo Iglesias lo ocultó. Ione Belarra miró para otro lado. Le apartaron secretamente de los cargos orgánicos pero no hicieron nada. Ni una maldita investigación interna, ni un sondeo. La ley del silencio. Uno de los suyos. La gordita Pam, cuando era secretaria de Estado de Igualdad, ignoró una denuncia. La archivó. Hermana yo no te creo, so pánfila.  

Como con Errejón. Un secreto a voces pero nadie osó abrir la boca. La omertà de la izquierda. Pura mafia. Emerge ahora un geiser de denuncias, un manantial de delaciones, una catarata de testimonios de jóvenes humilladas que no habían osado desvelar su secreto mientras su verdugo bailoteaba por los mítines del gorilón del Caribe. Hasta en la Complutense, vaya racha, han desempolvado ahora una denuncia de hace semanas sobre una posible agresión sexual a cargo de este homínido rijoso.

“Ustedes promueven la cultura de la violación”, clamaba Irene Montero desde su escaño azul, apuntando a las sienes de la derecha. Y sabía lo de Monedero. Iglesias también y lo mantuvo en su canal de tele iraní

 

Llegaron al poder enarbolando el estandarte de la guerra a la corrupción, a la carcundia facha, a la ultraderecha machista, a esos monstruos de la casta a la que sacudieron un terrorífico golpe desde la desigual acampada del 15-M. Bueno, luego se supo, venían a lo que venían. Al restregón y el latrocinio. Unos a por el chaletazo y otros a por el revolcón, no siempre consentido. Se cumple este año la década de la gran estafa.  Agitaron a las turbas con ensañamiento feroz, organizaron cacerías desalmadas, impulsaron sesiones de linchamientos masivos, contra el discordante, el disidente. En suma, contra ‘los otros’, los del otro lado del muro. Sin juicio previo, sin derecho a la defensa, sin presunción de inocencia. Le declaramos culpable. Será fusilado, civilmente, al amanecer. ¿Cuántos cayeron en esa razzia brutal?  “Ustedes promueven la cultura de la violación”, clamaba Irene Montero desde su escaño azul, apuntando a las sienes de la derecha. Y sabía lo de Monedero, certifican ahora los medios incluso afines. Iglesias también y lo mantuvo en su canal de tele iraní.

La izquierda babosa colmaba los titulares este viernes. Ese Rubiales del piquito incontrolado, amigote, colega y protegido de Sánchez hasta que cayó en desgracia en el Mundial, era condenado a 13.000 euros por ‘agresión sexual’. “Presidente, mucha suerte, estoy contigo, qué contento estoy cojones”, le guasapeaba tras el apurado triunfo electoral del socialista. E insistía: “Fuerte abrazo compañero”. 

El juez Leopoldo Puente le retiraba el pasaporte a José Luis Ábalos y le prohibía salir de España. “Indicios de criminalidad”. Tráfico millonario de mascarillas, adjudicaciones manipuladas (casi 60 millones de euros), viviendas en Cádiz, Paseo de la Castellana… El que fue número dos del PSOE y del Gobierno, el tipo que llevó a Sánchez a la gran poltrona de Ferraz y de ahí a La Moncloa (él pronunció el discurso de censura que mandó a Rajoy a su casa), el todopoderoso valido del gran narciso, se encuentra a dos pasos del procesamiento por apropiarse de los dineros públicos. 

Este hombre que lo fue todo también ha protagonizado sus lances de galanteo -pagando, ¿eh?- por nombre Jessica, a quien prodigó nóminas en organismos oficiales, a quien le sufragaba un discreto pisazo de 2.800 euros mes en la Torre de Madrid, a quien incorporaba en sus viajes oficiales, con un plus por desplazamiento de entre 1.500 y 3.000 euros, a quien ya hemos perdido la pista. ¿Irá a visitar a su protector si le envían entre rejas?

Asunto muy popular en su momento porque incorporaba todos los elementos necesarios para redondear una historia picantona, con imágenes de damas en enaguas, diputados en calzones y farlopa por doquier. La causa permanece aparcada en el limbo de fiscalía europea

 

El prontuario de bragueta es denso en el PSOE. Ahora mismo, al ministro de la Memoria, Ángel Luis Torres, salpicado en los negocios del koldismo, también se le atribuyen pasajes ambiguos con ‘señoritas’ en pisos de Madrid. De su Canarias nos llegó el ‘caso del Tito Berni’, asunto muy popular en su momento porque incorporaba todos los elementos necesarios para redondear una historia picantona, con imágenes de damas en enaguas, diputados en calzones y farlopa por doquier. La causa permanece aparcada en el limbo de fiscalía europea desde hace dos años en una maniobra de ilusionismo. ¿De quién depende?

En el otro archipiélago, un exconsejero de Francina Armengol y líder de Izquierda Unida en Baleares, ha sido apartado del cargo por al menos diez denuncias de abusos sexuales. “Es un depredador”, se quejaba alguna de las atacadas. ¿Y Baldoví? Enfrascado ahora en gritar contra Mazón, se le ha olvidado ya de cuando festejaba en plaza pública junto a Mónica Oltra, procesada por encubrimiento de los abusos de su exmarido con una menor. También miraban para otro lado. Los apandadores de los Eres andaluces frecuentaban la cocaína y el puticlub con el dinero de los parados. El TC de Pumpido los exoneró. Y el Gobierno los homenajeó. Venían a conquistar el cielo y acabaron en los burdeles. O en los tribunales. Basta con repasar el largo rosario aquí recogido en el minucioso trabajo de Paula Marcos, para concluir que esa izquierda, disfrazada con el sayal de la sororidad orgullosa e imbatible en lucha contra el machismo genético y criminal, muestra ahora su verdadero perfil corsario calentón.

“No denunciamos por no perjudicar a las víctimas”, es el argumento que ahora esgrimen las lideresas de la secta morada para justificar su vileza, su silencio cómplice. Errejón, Monedero, Sumar, Podemos, son la evidencia de que toda esa tropa vengativa e hipócrita, erigida tantos años en juez implacable de una revolución de chollos y gritos, ha llegado a una fase terminal. Seguirá lanzando Irene Montero sus proclamas contra el heteropatriarcado opresor. Seguirá recitando Yolanda Díaz prédicas más raídas que su vergüenza. Pero de donde no se vuelve, a nadie se vio regresar.

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