Internacional

Alemania ante la alternativa

Europeísmo, apertura, solidaridad y globalidad hoy no ganarán elecciones

  • Debate electoral en Alemania. -

Hay un mundo extranjero y desconocido ahí fuera, percibido o imaginado entre los visillos del invierno alemán, y sondeos e instituciones locales constatan ansiedad y pesimismo en la cocina de cada casa, en este fin de semana electoral en toda Alemania

El doble de hombres que de mujeres engrosan el hartazgo alemán y el pensamiento alternativo: varones solitarios que no se sienten representados por nadie engrosarán el voto antisistema

Paralelo a la ansiedad, hay ansias de radicalidad: de golpe en la mesa, de verdades espetadas y no edulcoradas o solapadas en la era Merkel, en la apacible mesa de domingo de democristianos y socialdemócratas. 

Es notorio especialmente entre los jóvenes; y esto no sólo entre los alemanes: el 60% de europeos, con menos de 30 años, votaría hoy nacionalista y rupturista, según el Instituto de Investigación Generacional en Augsburg. 

Si los sondeos en órbita concuerdan con los resultados de este domingo, los crecientes crujidos bajo los pies del sistema federal alemán auguran un desplazamiento tectónico y un nuevo suelo europeo de ahora en adelante: el nacionalismo, xenófobo y euroescéptico -comparable, si no tan pintoresco, al que ha ganado en Washington- pasará a ser la segunda fuerza política, con Alternativa por Alemania (AfD).

Y esto, no en cualquier país, sino en aquel cuyo sarampión nacionalista ya desestabilizó el continente por dos veces en el siglo XX (con resultado mundial de decenas de millones de muertos y décadas de totalitarismo y guerra fría).

Temas complejos, soluciones populistas

"Mis padres vivían en paz y tranquilidad, todo funcionaba", es la frase recurrente de distintos jóvenes alemanes, hoy en la incertidumbre de la calle insegura, el posible desempleo, la voluble pensión o la guerra a sus puertas; pero también hay que decirlo: Con la amnesia o incultura de saber que sus padres vivieron bajo el péndulo de la Guerra Fría y con 300 divisiones soviéticas enfrente. 

¿Temas de solución compleja y postergada? Terreno abonado para el populismo, que no tiene ambages en denunciar obviedades sin tener que pagar el coste de encontrar soluciones reales para ellas. Esto intentan contraargumentar los democristianos (CDU, 30% de expectativas) y socialdemócratas (SPD, 16%).

¿Por qué, paralelamente, también las jóvenes naciones europeas son más escépticas y hasta rupturistas, que los fundadores de la Unión? Y, aunque hay también un auge comunista, en general son antes bien de una derecha libertaria, dispuesta a poner petardos al mundo establecido

La ola nacional que viene con Alternativa por Alemania y que por supuesto contagia de resquemores y egoísmos a izquierda y derecha, pero especialmente al probable ganador democristiano, Friedrich Merz, no debe banalizarse por incertidumbres, resentimientos y populismos en el censo electoral.

Notable es que hasta la líder francesa del Front National, Marine Le Pen, ha preferido distanciarse de la AfD, juzgando demasiado extremista y xenófobo el nacionalismo de Alice Weidel. 

Distintos institutos sociológicos europeos vienen abordándolo sesudamente, desde hace ya dos décadas: ¿Por qué cada vez más jóvenes son, ya no de derechas, sino de una derecha alternativa y antisistema? ¿Por qué ya no cautiva el europeísmo y la solidaridad? El pacto del capitalismo renano, del liberalismo amable y consensuado con el trabajador, que garantizaba el bienestar de todos durante décadas, ha caducado y en su lugar hay cansancio cuando no ira y desesperanza en el sistema.

Como saben las empresas fundadas por el abuelo, el orgullo fundador no se hereda; lo único que se heredan son los dividendos. El agua corriente se disfruta, no se pelea ni se defiende. Así la libertad, así la democracia, así la Unión Europea, probablemente el mejor tinglado disfrutado en vida por las últimas tres generaciones occidentales. Y, sin embargo, parecen poco o nada para la siguiente.   

La brecha generacional

Hay una ruptura generacional innegable: los llamados "boomers" que un día, hace 60 heredaron la contracultura, hoy son el establishment que acapara cómodamente los fondos de jubilación

Parece que la entonces sugerente "nouvelle éducation" ha deseducado y desubicado a dos generaciones, que no saben ya lo que fue la Gran Guerra, la II Guerra Mundial y, los últimos jóvenes, apenas tampoco nada del fascismo y del comunismo. Esos son los juncos con que hay que hacer el nuevo cesto europeo.   

La parte de responsabilidad que toca al fracaso de la izquierda, es la cruda factura por el olvido ciudadano en favor de entelequias de moda, como una agenda verde más imaginativa que probada o un troceamiento de intereses sociales forzado por el nuevo moralismo de la era woke. 

Ambas líneas pseudo-científicas, por no decir religiosas, completamente ajenas al ideario social de la izquierda pero comprado como bálsamo de fierabrás para recuperar a una ciudadanía que se les había ido de las manos por razón de aburguesamiento natural.

De forma importante, los alemanes han sentido como una patada en el estómago, cuando no en el honor, el fin de su preeminencia industrial y de la admiración global en los mercados. 

"Al progreso por la técnica" era el eslogan de Audi hace unos felices 40 años

En dos décadas de afortunadas exportaciones a China, competitivas por el precio del gas ruso, y bajo el amparo estadounidense de la OTAN, poco se hizo en I+D y en IA. Una situación cómoda (“gemütlich” es el adjetivo alemán adorado) pero que dejó a Alemania muy expuesta ante un cambio de tornas.

Hoy la automovilística rumana Dacia (del grupo Renault) es superior a la legendaria Volkswagen y algunos coches chinos son mejores y más seguros que Mercedes. La red ferroviaria es todo menos fiable y puntual y es notorio que más de 4.000 puentes en Alemania peligran: Hay un grave problema de inversión en infraestructuras que debilitan al tejido nacional.  

Esta denigración de la autoestima de un país, tan dependiente de su preemiencia industrial y académica en el mundo, no podía no pasar factura anímica y política.

Sin embargo, Alemania, por su economía, su influencia y su pasado, no es cualquier país; igual que EEUU no es cualquier país. Lo que digan y hagan, en la Casa Blanca, y con su apoyo ahora a la segunda fuerza politica en Alemania (AfD), nos definirá a todos en adelante: El nuevo campo de juego, las nuevas normas, los nuevos tiempos. La respuesta electoral alemana este fin de semana, por tanto, también. 

Cuando los alemanes se refieren a "lo fundamental" subrayan con énfasis que "hablamos de nuestras salchichas", expresión que no puede no chirriar ya en tiempos de religiones veganas. 

Pues eso mismo se juega ahora el antes llamado, durante décadas, "estilo de vida europeo": lo nuestro, lo fundamental, lo torpemente ninguneado en pro de esoterismos políticos de instagramers que no comen salchichas. 

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