En su editorial del sábado, 1 de marzo, el Wall Street Journal calificó la cumbre Trump-Zelenszy como “El espectáculo de la Oficina Oval”, un estrepitoso fracaso enmarcado en el género literario del esperpento. Si bien sería aventurado predecir cuál será la solución final a la guerra ruso-ucraniana, lo acaecido a lo largo de los últimos meses refleja algo de mayor trascendencia y relevancia en el horizonte del medio y del largo plazo; a saber, el abandono por EE.UU. de la estrategia internacional desplegada por ese país desde el final de la II Guerra Mundial. El propio Trump avaló está tesis en una conferencia de prensa la semana pasada cuando afirmó: “Mi Administración está haciendo una ruptura decisiva con los valores de política exterior de la Administración anterior y, francamente, del pasado”. De ser así, este posicionamiento va a suponer un cambio radical e imprevisible en el escenario geoestratégico mundial.
A simple vista, la visión del mundo de Trump supondría el retorno a la sostenida por el movimiento American First en los años 30 del siglo XX. Sus paladines eran nacionalistas y aislacionistas. El presidente norteamericano comparte algunos elementos de su ideario pero se diferencia de él en otros. Quiere reducir los compromisos de Washington con las instituciones internacionales, reducir el alcance de las alianzas, pero, al mismo tiempo pretende desarrollar una acción internacional unilateral, cuyo objetivo es mantener la preponderancia de América en solitario. Su sentido del excepcionalismo estadounidense separa a los Estados Unidos de un mundo exterior, incluidos sus aliados, intrínsecamente antiamericano. Este análisis es erróneo.
En un reciente artículo, publicado en Foreign Policy, Robert D. Kaplan califica a Trump de “ahistórico”; esto es, un líder dispuesto a abandonar las tradiciones de la política internacional norteamericana, forjadas desde el final de la II Guerra Mundial. Con sus virtudes y con sus defectos, con mayor o menor intensidad, América ha sido un país cuyos dirigentes estaban dispuestos a hacer sacrificios en aras de un mundo mejor. La defensa de la libertad, de la democracia y del capitalismo de libre empresa, la creación de un sistema de seguridad colectiva planetaria frente a la amenaza comunista y sus socios convirtió a los EE.UU. en el mayor poder mundial. América se hizo grande cuando ejerció como líder de Occidente.
Por eso, la concepción trumpiana según la cual la alianza euroatlántica ha sido siempre un coste para los EE.UU., lo que se traduce en un saldo negativo para ellos, es una falacia. El aislacionismo norteamericano en la segunda postguerra mundial se hubiese traducido en una amenaza letal para su seguridad y para su prosperidad. El orden internacional creado por América ha sido la expresión y el fundamento de su hegemonía mundial. De lo contrario sería en la actualidad una enorme isla autárquica rodeada de enemigos cuyo único objetivo sería desestabilizarla. Por tanto, la “generosidad” norteamericana ha tenido también un importante y lógico componente de interés propio porque ha proporcionado también una alta tasa de retorno a los EE.UU.
El Orden Mundial encarnado por Trump es un retroceso hacia otro mundo favorable para los nacionalistas fuertes y autocráticos como Putin y Xi Jinping
Un “ahistórico” Trump no es capaz de comprender y apreciar la saga heroica de la postguerra protagonizada por un Occidente liderado por América. En consecuencia, no puede entender la batalla existencial de Zelensky por la libertad, plenamente consistente con lo que EE.UU. ha defendido durante los últimos ochenta años. Por eso, para Trumpo, la OTAN es un mero acrónimo, no la alianza militar más grande y eficaz de la historia, surgida de la lucha contra los afanes de dominación mundial del totalitarismo. Y, también por eso, América ha votado (increíble) en contra de una resolución de la ONU que condenaba la agresión rusa a Ucrania junto a Rusia, Corea del Norte, Bielorrusia y un puñado de juntas militares de Äfrica Occidental.
En este entorno geopolítico, la ya tenue idea de Occidente tiene visos de retroceder cada vez más y, en consecuencia, también lo hará el ya mermado status de Europa, que en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría ha sido el socio de Washington en el mundo occidental. El Orden Mundial encarnado por Trump es un retroceso hacia otro mundo favorable para los nacionalistas fuertes y autocráticos como Putin y Xi Jinping, aferrados a la gloria pasada y futura de los países que gobiernan, que reivindican un mandato casi mítico para gobernar, y cuyo objetivo es acabar con el orden internacional creado por los EE.UU. y con la hegemonía de América. Si este modelo se consolida por la ceguera estadounidense, sólo cabe esperar y, con suerte, un mundo de esferas de influencia elásticas donde las potencias autocráticas y revisionistas se expandan porque los EE.UU. se han encerrado en un estrecho y suicida American First.
La incertidumbre y la inseguridad en un escenario global como el actual tiene enormes riesgos. Si América deja de ser un aliado fiable, es básico reaccionar y, en el caso de Europa, eso es imprescindible. El Viejo Continente carece de proyecto, de liderazgo y de unidad. Se ha acostumbrado a descansar su seguridad-defensa en EE.UU. y eso se ha acabado. Su declive es evidente en todos los ámbitos. Su semejanza con el Bajo Imperio es alarmante: rica, vieja, rodeada de bárbaros y con una potente quinta columna al servicio de sus rivales. En estas condiciones es muy difícil hacer frente a los desafíos del presente y del futuro, pero si Europa no lo hace se convertirá en una zona de inestabilidad crónica, y asistirá a un creciente deterioro político, social y económico como en el periodo de entreguerras. ¿Será capaz de despertar? No es posible aventurar nada.
El orden internacional creado por América ha sido la expresión y el fundamento de su hegemonía mundial. De lo contrario sería en la actualidad una enorme isla autárquica rodeada de enemigos
La miopía de esta hora, la falta de perspectiva hace olvidar algo básico que es necesario recordar. Desde el final de la II Guerra Mundial hasta nuestros días, Occidente ha vivido una edad dorada. Alcanzó las mayores cotas de libertad y de prosperidad de su historia; los conflictos militares entre las grandes potencias no existieron y eso no se debió a ninguna casualidad ni a la suerte, sino a una política que hizo eso posible gracias al liderazgo de los EE.UU. Ese mundo corre el riesgo de desaparecer y retrotraernos a otro cuajado de peligros.
Una Ucrania libre supera los límites geográficos de Ucrania del mismo modo que un Berlín libre rebasaba los de Alemania durante los años de la Guerra Fría. Si Putin gana, todo por lo que América ha luchado durante casi un siglo para crear un mundo más libre, más seguro, más próspero estará en peligro. Y, si eso ocurre, Occidente habrá perdido una batalla decisiva frente a las potencias autocráticas, expansivas y revisionistas que se sentirán libres de actuar en pos de sus sueños de poder y gloria.
libra
04/03/2025 09:29
La edad dorada se ha basado en un modelo de endeudamiento constante y en la idea de que al final todo saldría bien porque nosotros somos los más guapos. Pero los números son los que son, el sistema se cae a pedazos y la única solución que se plantea es llenar Occidente de extranjeros con tal de poder hinchar todos los números y poder maquillar las cuentas unos meses más. Ya hay una o dos generaciones enteras de gente que tiene claro que las cosas no van a ser cómo les contaron de pequeños, era todo un escenario de cartón-piedra que ya está podrido, mentiras y más mentiras. Es verdad que hay una generación que ha vivido muy bien, pero a otros más jóvenes no les va tan bien, tienen mucho por delante aún y están ya hasta arriba de deudas. Es perfectamente legítimo que busquen otras alternativas, incluso liquidar el planeta e irse a Marte, porque estamos hablando de cosas muy simples: tener un empleo que permita pagar un sitio donde vivir, crear una familia, tener unos pocos ahorros ... y sin estar entrampado de por vida. Esto es lo primero para muchos, cada vez más. La democracia puede esperar. El problema es que la Historia nos enseña que los que han vivido muy bien tienden a hacer guerras antes que permitir que su chiringuito playero se desmorone y eso es lo que estamos viendo ahora, pero que no cuenten con la gente joven para esas guerras.
logowa4117
04/03/2025 09:31
Llamar ·edad dorada" a una época cargada de conflictos que, en su conjunto, han causado más víctimas que la II Guerra Mundial es. como mínimo, exagerado. No se ha vivido ninguna época dorada: guerra fría, proliferación nuclear, invasiones soviéticas en el este europeo, mutro de Berlín, proliferación de movimientos insurgentes en todo el mundo occidental, lo que incluye a la ETA en España, guerra de Vietnam, Afganistán, golpes de estado en Iberoamérica, guerras en Oriente Medio, y un largo etcétera. Para ser dorada no deja de estar cuajada de puntos negros. Y por supuesto, nos enfrentamos a un periodo de incertidumbre. Como siempre en geopolítica. El futuro siempre ha sido incierto. Vaya descubrimiento.
miguel_navascu_s_
04/03/2025 11:37
Muy buen artículo, además muy bien escrito. Es verdad que estamos en tiempos convulsos y un futuro preocupante. Pero hay que distinguir entre lo deseable y lo real. Sí, sería mejor que EEUU no tuviera la maligna idea de dejarnos caer. Además, me temo que Zelensky no es trigo limpio, y Europa le hemos seguido por un camino absurdo para meter a Ucrania en la OTAN. Eso no va a pasar y me temo que Trump tiene razón en esto. Si pasara, sería casus belli i III WW sí o sí. Occidente, desde la caída del Muro, ha jugado a aprendiz de brujo cercando, metiendo país a país al cinturón de seguridad de Putin en la OTAN. Me sorprende que haya reaccionado tan tarde con Ucrania, cuando le estaban dejando sin espacio para respirar. Occidente ha incumplido un pacto con Gorvachov de no avanzar ni un centímetro la zona OTAN sí Rusia aceptaba la reunificación alemana. Rusia cumplió, occidente se emborrachó de territorios, hasta una Rusia asfixiada invadió Ucrania. Es geoestrategia, estupido! Como decía aquél. Así las cosas, la única salida - muy estrecha - de no ir a la III WW está en manos de Trump, en quien Putin confía. No es estético Trump, pero son las únicas cartas que hay. Y Europa no pinta nada, por haber sido culpable de la invasión silenciosa de el antes llamado Pacto de Varsovia. Y lo demás , simplemente no existe.
cnasciturus
04/03/2025 11:51
¡UF! Cuánto cuesta escribir un artículo que no añade nada. Porque a la edad dorada le sigue la edad naranja, pero hay que esperar y poseer nuevos datos par escribir sobre ella: nada, un par de meses.
miguel_navascu_s_
04/03/2025 12:00
Aquí dejo una fuente, Jeffrey Sachs https://youtu.be/QO4m4MuFzLQ?si=TKRsIVDQWPt574s5
fausto
04/03/2025 13:50
"Una potente quinta columna al servicio de sus rivales". Tócate lo pies con el demócrata. Llamando enemigos de Europa a los que apuestan por otras ideas. Medios de comunicación y partidos políticos, al servicio de los dueños de los grandes fondos y las multinacionales, en contra de la ciudadanía.
javimerinero
04/03/2025 13:58
EEUU está claramente acojonado con el ascenso de China. Tanto como para encamarse con Rusia con tal de hacer un amiguito más para evitar lo inevitable: que China supere a EEUU en un par de décadas.
Azahar
El PPsoe, con Feijoo a la cabeza, es un tragasables de las políticas sanchistas.
En1958
04/03/2025 16:17
Patético artículo propio de aquellos a los que la ideología no les deja ver el bosque. ¿En primer lugar a que edad de oro se refiere?. Europa solo tuvo una edad de oro reciente y esa fue durante el siglo XIX. El siglo XX fue el de los totalitarismos ideológicos que nos trajeron guerras, millones de muertos y la invasión de Europa occidental por los anglosajones y de la Europa oriental por la Unión Soviética. El siglo XXI ha sido el de la decadencia de la cultura hegemonica (la anglosajona) y con ella la decadencia del hegemon (EEUU). La caída del pensamiento único (woke) y su intento de mantenerse como forma de pensar impuesta en un mundo unipolar se ha visto imposible ante el avance del mundo multipolar que es cada día más evidente. En este mundo multipolar sólo las naciones fuertes, unidas y soberanas tendrán un papel relevante en el orden mundial. Nosotros sabemos dónde estamos. Nos falta saber dónde queremos estar.
pablomariapabolaza
04/03/2025 20:02
Lo de la quinta columna debe ser esos barrios donde la policía no puede actuar que yo creo son anteriores a Trump.
JaimeRuiz
04/03/2025 21:54
Prácticamente todos los artículos que se publican dicen lo mismo, si le encargaran variaciones a un programa gratuito de inteligencia artificial produciría más variedad, y ciertamente no escribiría América por el gobierno de los Estados Unidos, pues en español América es el nombre de un continente cuatro veces más grande que ese país. Y los disparates no cesan: por ejemplo, en España el antiamericanismo es unánime, enfermizo, grotesco, puede que aún más hegemónico que el antisemitismo, y el resto de Europa es por un estilo. ¿Qué tiene que perder Estados Unidos en Europa? Los gobiernos de la UE son amigos de Irán y sus satrapías americanas (América es un sujeto muy extraño para hablar de eso) y el dinero que no lo gastan en defenderse de Rusia lo gastan en promover gobiernos comunistas en las Américas. La edad dorada se acaba para Europa y comienza para Estados Unidos, que experimentará un notable crecimiento económico en estos años.
Juambo
Ja, ja, ja! Honorable Feijoo? Pero si es tan arrastrado como Rajoy, sangre de horchata!